Colombia, ¿país sin dolientes?

Colombia, ¿país sin dolientes?

24 de junio 2012 , 07:43 p.m.

¿Tiene dolientes Colombia? ¿Existe el derecho a la vida, honra y bienes de los ciudadanos? ¿Los derechos humanos son una utopía? ¿Funcionan los organismos de control de la justicia, fiscalización? ¿Están intervenidos la mayoría de los hospitales por la desidia, los malos manejos y el favoritismo politiquero? ¿Matan a nuestros abogados?

¿Están actuando sincronizados con el criterio del Primer Mandatario de la nación, la Fuerza Pública? ¿Se combate el delito, la extorsión, el secuestro y la corrupción?

Estamos asediados o cercados por fuerzas irregulares a las que les importan un bledo la vida y la tranquilidad pública. Fallas en criterios educativos y culturales. Pobreza que aterra y es caldo de cultivo de delincuentes. Asesinan a los veedores y a los que protegen los intereses públicos. Se definen las disputas triviales con el delito, las amenazas y hasta con la muerte. Tanta laxitud y vista gorda con las invasiones, ocupaciones de hecho... en fin... ¿Por qué tanto desorden, desgobierno y dejar hacer, dejar pasar?

El desorden es sinónimo de malos gobiernos, de poca sincronía ciudadana, de miedo y de terror. Es cierto, en Colombia, tierra de terror, todos tenemos miedo. Falta una verdadera pedagogía del respeto, una cultura ciudadana que aborte el delito y absorba los criterios de amor al prójimo, justicia, humildad, caridad, respeto al vecino, al empresario, al campesino, al trabajador raso, al Estado, a la justicia, a la familia, a la propiedad ajena, a los niños, ancianos, sindicatos y etnias. También, a los que piensan distinto de cada uno de nosotros.

El respeto al derecho ajeno es la paz. Frase trillada pero sabia. ¿Somos tolerantes los colombianos? Quien tolera gana dos veces, pero quien es débil ante la opresión, el delito, el desorden o la anarquía lo pierde todo.

Nuestra Fuerza Pública hace bien su labor: tenemos eficiencia en la Policía, con comandantes laboriosos y efectivos, y también en el Ejército capturan a los delincuentes de todos los pelambres, atracadores de residencias, secuestradores, extorsionistas, violadores y, según la Fuerza Pública, algunos encargados de aplicar pronta, eficaz y objetiva justicia los sueltan para que sigan delinquiendo.

La delincuencia común se escuda en los grupos al margen de la ley, guerrilleros o autodefensas. A todos se les amenaza con este estigma, y el pobre ciudadano lleva del bulto.

¿Qué será de la región? Es un gran enigma, ante tanto desorden y desgobierno. La cultura del facilismo se apodera de muchas mentes ciudadanas. El prepago cunde en el sicariato, en el pillaje y en el secuestro para endosarlo a grupos al margen de la ley. El narcotráfico y el lavado están arruinando cientos, tal vez miles, de negocios honestos. La tradición, la familia, el honor, la dignidad  y la tranquilidad sucumben ante el temor.

Félix Manzur Jattin

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