Colombia le dio oxígeno a la Cumbre Río + 20 en Brasil

Colombia le dio oxígeno a la Cumbre Río + 20 en Brasil

Propuesta para que el mundo cumpla ocho Objetivos de Desarrollo Sostenible fue aprobada.

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22 de junio 2012 , 09:17 p.m.

La Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo Sostenible (Río + 20) culminó el viernes con una larga lista de promesas para avanzar hacia un mundo más verde, que frene la degradación del medio ambiente y combata la pobreza. Pero, al mismo tiempo, se cerró bajo el fuego de las críticas por la falta de metas vinculantes y de financiamiento para que ese anhelo ecológico sea posible. La cumbre, la mayor en la historia de la ONU, reunió oficialmente desde el miércoles pasado a líderes y representantes de 191 países, 20 años después de la histórica Cumbre de la Tierra de 1992, también realizada en Río, y que en ese momento tomó decisiones para combatir el cambio climático, la pérdida de biodiversidad y la desertificación.

El texto final de Río + 20 fue saludado por el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, como un "muy buen documento, una visión sobre la cual podemos construir nuestros sueños". Pero la sociedad civil, indignada, calificó este encuentro como "fracaso".

En medio de este ambiente melancólico, hoy los únicos felices son los integrantes de la delegación colombiana. El optimismo entre ellos es evidente porque, al menos, en Río + 20 hubo consenso global en echar a andar una idea trabajada desde hace más de un año desde Bogotá: los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), la propuesta bandera del Gobierno, surgida de la Cancillería y que fue plasmada en el documento final.

¿En qué consisten? Así como el planeta se ha movido en torno a unos Objetivos del Milenio definidos por los Estados miembros de las Naciones Unidas para cumplir antes del 2015 (como reducir la pobreza extrema, lograr la enseñanza primaria universal, reducir la mortalidad infantil y promover la igualdad entre los géneros), los ODS establecen también, para todo el planeta, metas u objetivos medioambientales para equilibrar el crecimiento socioeconómico con el uso sostenible de los recursos naturales.

Al igual que los Objetivos del Milenio, los Objetivos de Desarrollo Sostenible son ocho y tienen una justificación: darle al mundo seguridad alimentaria (para el 2030 necesitaremos 50 por ciento más alimentos), incrementar el acceso de la gente al agua potable (11 por ciento de la población mundial no la tiene), asegurar servicios de energía renovable, impulsar el desarrollo de ciudades sostenibles, diseñar estrategias para proteger los océanos (el 85 por ciento de sus recursos están amenazados por sobreexplotación), disminuir la tasa de destrucción de ecosistemas (hay 19.817 especies de flora y fauna en vías de extinción), mejorar la eficiencia en el uso de los recursos (consumo) y aumentar el empleo para bajar la proporción de personas con ingresos inferiores a un dólar diario (reducción de pobreza).

"Tuvimos éxito real porque se aprobó el concepto, se lanzó el proceso y nos aseguramos de que es sensato y va a lograr resultados concretos, que van a ser una base para el desarrollo internacional, sobre todo en servicio de los países pobres", dijo Paula Caballero, directora de Asuntos Económicos y Ambientales de la Cancillería.

Pese a que la propuesta incluía algunos temas que marcarían la pauta de los objetivos, estos no fueron fijados en el documento final. "Fue lo único que no se logró, pero sabíamos que el último nivel de ambición era acordar temas, así fuera de manera preliminar. Siempre supimos que iba a ser difícil porque no hubo tiempo suficiente -y es que nunca lo hay- para decidir en qué nos íbamos enfocando. Además, había muy poco apetito de países importantes, como los del bloque G-77 + China (que incluye a América Latina), porque decían que aún no había criterios para hacerlo", agregó Caballero.

Los ODS tampoco tuvieron la fortuna de que fueran definidos como vinculantes y por eso cada país analizará con el tiempo si los ejecuta. Esto les resta fuerza, pero voceros de la delegación nacional explicaron que los Objetivos del Milenio tampoco son obligatorios; sin embargo, hoy son un referente a la hora de medir el desarrollo global.

Ahora vendrá, como lo anunció el presidente Juan Manuel Santos, la creación de un grupo de trabajo a nombre de la ONU que se dedicará a darle forma al tema durante un año. Es un proceso intergubernamental de 30 países, entre ellos Colombia, que se encargará de afinar cifras, ponerles números y metas y, de paso, posibles compromisos reales a los ODS. De acuerdo con los cronogramas, se estima que para la Asamblea General de la ONU en el 2014 esté conformado un conjunto de objetivos, que serían válidos más allá del 2015.

Los ODS serían, en conclusión, una herramienta para lograr lo que Río + 20 declaró como el punto de partida para la estabilidad de Tierra desde este momento: la transición hacia una economía verde, un concepto promovido por los europeos, pero criticado por países en desarrollo y activistas, que temen que represente la mercantilización de la naturaleza y promueva el proteccionismo en detrimento de naciones pobres. Frente a estos cuestionamientos, todas las delegaciones aprobaron que la economía verde respetara las soberanías nacionales.

Para algunos miembros de la sociedad civil, el acuerdo conseguido es abstracto y no se corresponde con la realidad, como le explicaron a EL TIEMPO voceros de Greenpeace, quienes agregaron que "lo que se ha visto en Río no es una lucha por el mundo que queremos, sino por uno en el que las corporaciones contaminadoras y aquellos que destruyen el medio ambiente dominan". El texto final, por el contrario, desmiente esa posición y explica que se han "renovado nuestros compromisos con el desarrollo sostenible, para un futuro socialmente y ambientalmente sostenible".

Polémica que deja una pregunta por responder: ¿Habrá planeta para Río + 40?

Sin fondo para financiar energías 'verdes'

Una de las grandes frustraciones que dejó Río + 20 para los países en desarrollo fue la falta de consenso frente a la posible creación de un fondo que estaría dotado anualmente de 30.000 millones de dólares, y con el que se buscaba financiar la instalación e impulso de las energías renovables en naciones pobres. Sin embargo, la idea no tuvo fuerza por la crisis económica que viven algunos de los países que aportarían recursos. Otro tema que quedó en la incertidumbre fue la protección de los océanos. Por el momento, se definió la implementación de un un instrumento legal que trabajará más allá de las jurisdicciones nacionales y que podría quedar definido, bajo la Convención del Mar, desde el 2014.

Nicolás Congote y Javier Silva H.
Redacción de EL TIEMPO
Río de Janeiro y Bogotá

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