La Marsellesa, 220 años / Opinión

La Marsellesa, 220 años / Opinión

Alrededor del himno de Francia Augusto Sorzano Puyana hace un recuento de hechos históricos.

21 de junio 2012 , 05:35 p.m.

Si una de  las  máximas expresiones de grandeza y centralismo de la monarquía francesa se alcanzó  con Luis XIV, El Rey Sol, con Luis XVI, varios años después, aquella entró en una profunda crisis, motivada, en parte,  "...por la debilidad que el rey mostró en el manejo de los conflictos resultantes de las diferencias abismales entre los privilegios de la nobleza y del alto clero, frente al Estado Llano, y que habrían de contribuir al agitado panorama político del Siglo XVIII".   

Así, a comienzos de julio de 1789, disuelta por la fuerza la Asamblea Nacional, el desasosiego del pueblo parisino polarizó los ánimos y condujo a uno de los hechos más emblemáticos de la Revolución Francesa: la toma, el 14 de julio, de La Bastilla, una fortaleza que representaba para los parisinos el baluarte del absolutismo, porque simbolizaba la autoridad arbitraria del rey, en su forma más despótica.

El 4 de agosto, la Asamblea promulgó la Declaración de los Derechos del  Hombre y del Ciudadano. Con diversas actuaciones posteriores, casi todas ellas trágicas e impactantes, se marcó el fin del antiguo orden, y en 1791, con la proclamación de la Constitución, Francia quedó convertida en una monarquía constitucional, con un rey cuyo poder era limitado por los cuerpos administrativos elegidos entre los ciudadanos con derecho a votar.

Así las cosas, el 20 de abril de 1792  se proclamó en París la declaración de guerra contra Austria y Prusia, una medida tan controvertida como impopular.  Cuando el alcalde de Estrasburgo se enteró de la noticia el 24 del mismo mes, invitó a su casa a un grupo de oficiales, entre los cuales se encontraba Claude-Joseph Rouget de Lisle, Capitán de Ingenieros de la Guarnición de Estrasburgo.   Allí, el alcalde le pidió que compusiera un himno patriótico, al cual Rouget de Lisle le dio el título de "Chant  de guerre pour l'armee du Rhin".

Un mes después, el 22 de junio, François Mireur, un futuro General del Ejército en Montpellier, se encontraba en Marsella con el encargo de preparar la marcha de voluntarios de Montpellier y de Marsella. 

"El himno compuesto, ya para entonces había sido  himno en Montpellier durante algunos funerales oficiales y Mireur, al presentarlo a su gente con el nombre de "Chant de guerre aux armees des frontiers", la tropa lo aprendió y fue usado como canción de marcha para entrar en París el 30 de julio de 1792, en su asalto a Las Tullerías".

Los parisinos lo acogieron con gran entusiasmo y bautizaron el cántico como La Marcha de Marsella, nombre que más adelante se simplificó como La Marsellesa. Paradójicamente, Rouget de Lisle fue, por nacimiento y por tradición familiar, realista, aunque logró salvarse milagrosamente de la guillotina.

La Marsellesa fue adoptada oficialmente como Himno Nacional de Francia desde el 14 de julio de 1795.  Siempre se  ha considerado como producto de la Revolución Francesa.  De la exaltación del ánimo patriótico y del fervor revolucionario que despierta su música,  el comentario que alguna vez hiciera el mismísimo Napoleón Bonaparte, es acaso el más elocuente:  "Ésta música nos ahorrará muchos cañones".

No obstante que, años después,  durante los reinados posteriores a Napoleón el entusiasmo inicial respecto al himno disminuyó, en 1830 resurgió a raíz de la incruenta  Revolución de Julio.  Para entonces, el gran compositor francés Héctor Berlioz  había hecho un arreglo de La Marsellesa para orquesta completa y doble coro, dedicándolo a Rouget de Lisle, ya anciano y en pobreza extrema.

Durante la Primera República, La Marsellesa fue un himno muy popular entre soldados y civiles. "En el tiempo entre los dos imperios, La Restauración y la Segunda República, fue ligeramente olvidado.  En la Tercera República, recuperó el protagonismo y fue interpretado por las bandas militares en todos los actos oficiales".

En el Siglo XX, el Gobierno de Francia Liberada le otorgó una especial importancia, junto con el himno oficioso llamado "Le chant des Partisans".
 
Finalmente, en la Constitución del 4 de octubre de 1958 fue instituida La Marsellesa como Himno Nacional de Francia.

Así como La Marsellesa siempre ha despertado el ánimo patriótico y el talante revolucionario de las gentes, en igual forma su música ha generado célebres alusiones en obras de grandes compositores y en connotados exponentes de otras artes.

Piotr Ilich Tchaikovsky,  por ejemplo, en su archi-famosa Obertura 1812, hace figurar fragmentos de La Marsellesa para representar a las tropas de la Grande Armée francesa en la Batalla de Borodinó (Batalla del Río Moscova), la más sangrienta de las batallas de las Guerras Napoleónicas, el 7 de septiembre de 1812.  Aquí, en la ingeniosa "batalla musical", Tchaikovsky enfrenta "..el tema musical de La Marsellesa, con el tema del Himno Imperial de Mikhail Glinka y efectos sonoros especiales, todo ello con el fondo y desarrollo orquestal de la obra".

En 1876, Manuel Fernández Caballero compuso la zarzuela "La Marsellesa", con libreto de Manuel Ramos Carrión, versando sobre muchos aspectos del himno y sobre las tribulaciones de la vida de Rouget de Lisle.

En nuestros días, en la famosísima película Casablanca, uno de los íconos del séptimo arte, "...se canta La Marsellesa  en el Bar de Rick, como respuesta a canciones alemanas tocadas al piano por soldados nazis".

Los Beatles usaron sus primeros compases para el comienzo de "All you need is love".
Tan impresionante es, hoy en día, escuchar los acordes iniciales y la solemne entrada de los coros con su "...Alons enfants de la patrie,..le jour de glorie est arrivé.....aux armes citoyens", como atronador debió ser, hace 220 años, el recio y enardecido canto, a capella,  de las demás estrofas del himno por las multitudes en plena rebeldía. 

Es comprensible entonces, porqué aquella música marcial y aquellas letras, fiel trasunto del genuino verbo revolucionario de esos días, lograron encender y mantener el fervor patriótico que condujo a los cambios que en el Siglo XVIII  la Revolución Francesa realizó en todos los órdenes en Francia, y la consecuente proyección de muchos de ellos al mundo entero.

AUGUSTO SORZANO PUYANA

Bibliografía:
STEVENSON, Victor. The Music Makers. Paddinton Press Ltd., London ,1979
SCHOLES, Percy A., The Oxford Companion to Music. Tenth Edition, Oxford University Press, 1978
 BUCARAMANGA

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