¡Señalamientos!

¡Señalamientos!

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19 de junio 2012 , 05:40 p.m.

  La Internet y todo lo que se ha agrupado en ella ha generado definitivamente una masificación de los estereotipos para convertirlos en perniciosos prejuicios y, ante la duda de lo que no comprendemos, no establecemos discernimientos, pues estos se convirtieron en una oxidada herramienta prehistórica; además, a causa de las redes sociales podríamos decir también que el totalitarismo crece constantemente como un peligro para cualquier sociedad, porque, aunque se tomen formas de grupos bajo diferentes criterios, la clandestinidad virtual es la mayor virtud operativa. Preferimos buscar los grupos de nuestras ideas preestablecidas y allí nos ubicamos. Desde aquellos 'ficticios lugares' nos escudamos para juzgar personas, elaborar amañados juicios e incluso condenas. Sentenciamos en los foros, las redes y todo lo que nos permita 'opinar' desde esa cómoda clandestinidad virtual. En los foros, los comentarios de cada noticia y en las redes, que se establecieron como el mural más grande de un baño público, las opiniones son casi territoriales: Santos es un pelele; Chávez, un enajenado; Piedad Córdoba, una guerrillera; Uribe, un energúmeno fascista; Shakira jamás ha tenido talento; Juanes es un montañero... entre otros, ¡pero les aseguro que muy pocos se salvan! Sin embargo, lo más espeluznante es ver cómo desde estos escondites virtuales modificamos realidades, arruinamos vidas y pedimos sangre al mejor estilo del circo romano o de los kurganes en las estepas rusas. Allí, el principio de inocencia o presunción de inocencia, según el cual toda persona es inocente hasta que se compruebe lo contrario, jamás se aplica, ¡todos son y somos culpables!
 
Las redes sociales, los foros y los comentarios de cada medio informativo tienen una increíble capacidad de movilización que agrupó la ignorada, pero heterogénea, opinión de la población. Esa misma masificación que en diversos momentos se convierte en un clamor homogéneo y que el año pasado se anotó el fin de dos dictaduras en la 'primavera árabe'. Regímenes que los 'escandalosos' cables de Wikileaks nunca llegaron ni a desestabilizar.
 
En Colombia, los ánimos, por fortuna, son un poco más moderados, la libertad existe, aunque esté llena de falencias, pero las opiniones viscerales son el pan nuestro de los foros y las redes. Sin embargo, hay dos sucesos que a los propios medios y redes sociales -parece ser- se les salieron de las manos y nadie sabe qué rumbo puedan tomar.
 
El caso Colmenares cada día se parece más a la novela Tiempo para matar, de John Grisham. Un joven muerto en extrañas circunstancias; una familia que pide justicia; tres jóvenes que no saben de qué forma terminarán sus vidas después de todo esto; un testigo, también de la costa como la víctima, quien aparece dos años después como conejo de mago; fiscales que actúan como ángeles apocalípticos y dueños de la única verdad; familias -de cualquiera de las partes- que jamás volverán a ser las mismas porque, aunque la justicia falle del lado que debe hacerlo, ¡los estigmas para todos ellos serán imborrables! Sin duda alguna, el mejor rol es de los abogados, pues son protagonistas diarios de los casos más mediáticos sin que los afecte el veredicto final. Y en los grupos, foros y hasta marchas el inocente será culpable, el culpable será satanizado y la condición del muerto seguirá siendo irreversible.
 
¿Pero, los medios qué función deben cumplir en estos casos, hacia dónde deben poner la lupa? Pues bien, la lupa informativa en el caso Colmenares aparentemente perdió cualquier sentido de medida y objetividad, porque de forma irrisoria parece que las fuentes se transformaron y son los mismos grupos que hoy condenan a diestra y siniestra pidiendo justicia y sangre. Masificaciones virtuales que también son capaces de sugestionar a un juez, un fiscal y un abogado por ecuánimes que estos afirmen o quieran ser.
 

* * *

Los señalamientos del segundo caso van más allá de cualquier fábula macondiana, pero están muy cerca de una nariz y su dueño, Sigifredo López. Él -antes de cualquier juicio- ya ha sido sentenciado y condenado sin derecho a apelación en los mismos grupos, foros y cuanto mural virtual existe; allí, él es culpable y, aunque se demuestre lo contrario -que es lo que todos esperamos-, el estigma de "guerrillero" que otros ya le han impuesto será su marca por el resto de sus días.
 
Estos grupos, estos foros... y también los medios son vitales hoy en día, pero en casos como los anteriores deberían dar un paso al costado y esperar que la justicia haga lo suyo; no obstante, sí tienen una deuda pendiente con la sociedad...
 
¡El caso Merlano sí es el verdadero 'escándalo' con pruebas irrefutables! Un grotesco espectáculo de poder que hiere la dignidad social de un país ¡y no se puede negar! Porque tiene un valor funcional: nos recuerda los valores, las normas generales, la 'ética' que debe tener la política bajo la vigilancia de los medios y su resultado debe ser un aporte a la estabilidad del sistema político sin excluir ni favorecer a nadie y, sobre todo, sin intereses protagónicos de ninguna de las partes. No obstante, después de que se hiciera público el video, el 'honorable senador' optó por la estrategia más simple de todas: silencio absoluto mientras ve bajar la marea de su propio escándalo, ¡una burla para cualquier grupo que se denomine sociedad!
 
Pues bien, que lance la primera piedra aquel que esté libre de... ¡Perdón!, que establezca su señalamiento y comentario todo aquel que tenga Internet.
 
@andrescandla

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