Diego Cortés, el exfutbolista que brilla en tenis en silla de ruedas

Diego Cortés, el exfutbolista que brilla en tenis en silla de ruedas

Ganó la liga con Pasto en el 2006, sufrió ese mismo año una caída que lo dejó parapléjico.

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17 de junio 2012 , 11:48 p.m.

Desde su accidente, trató de encontrar otra oportunidad en el deporte manteniendo la garra del futbolista, el ímpetu del basquetbolista y, ahora, la paciencia del tenista, siempre con un mismo objetivo: ganar.

Nunca se ha sentido desgraciado por lo que le sucedió; es más, está feliz, está tranquilo, orgulloso de lo que fue y de lo que es. Vive por y para su hijo -Juan Diego-, anhelando algún día verlo cumplir sus deseos, los mismos que tuvo él de pequeño detrás de un balón.

Diego Fernando Cortés, de 36 años y oriundo de Armenia, es hoy uno de los mejores tenistas en silla de ruedas del país, a pesar de su corta carrera en esta actividad. Empezó a jugar tratando de encontrar respuestas a los dilemas personales, que tajantemente le arrebataron su vida como futbolista. No culpa a nadie, sabe que lo que le pasó el 18 de septiembre de 2006 fue, como él mismo dice, "por algo":

-Me había mandado cinco veces y opté por una sexta. De un momento a otro se me frenó la polea y se reventó la cuerda. Mi caída libre fue de 20 metros de altura. Quedé consciente y mis cuádriceps quedaron en mi frente, parecía un acordeón. Me partí toda la columna. No había nada, ni una camilla, sí que menos una ambulancia. Duré en el suelo como 20 minutos hasta que los compañeros con los que estaba -Carlos Rodas, Róbinson Rojas y Germán Centurión- decidieron llevarme al hospital. No sé de dónde sacaron una tabla para trasladarme. Me amarraron con cuerdas mientras el dolor me carcomía. Entré en pánico y solo atinaba a gritar: "¡Dios mío, ayúdame! ¡Mi hijo! ¡Mis piernas! ¡Se me acabó el fútbol!"' .

Y como cuando era futbolista tenía conocimiento de qué tan grave podía ser un desgarro o una lesión, inmediatamente intuyó que no volvería a caminar. La confirmación de lo que él ya sabía se la dieron 12 horas después los médicos Óscar y Fernando Casabón y Porfirio Muñoz, quienes lo atendieron en la clínica de Saludcoop de Pasto. Diego había quedado parapléjico.

-Le pedí a Dios que me diera esa tranquilidad, esa paciencia que he tenido desde que era niño para asumir esa noticia. Sin un padre y con una gran madre que ha luchado siempre por mí, traté de buscar las razones de mi suerte, pero para mi infortunio no las encontraba.

Superar ese golpe no fue fácil, y menos cuando en el país se desayuna, almuerza y come fútbol. Sus ojos se aguaban cada vez que oía o veía hablar de la presencia del Deportivo Pasto -equipo con el que había salido campeón en el 2006- en la Copa Libertadores del 2007. La depresión, en ocasiones, inundaba sus pensamientos y no lo dejaba vivir tranquilo.

En su convalecencia, repasó varios capítulos de su vida. Y su voz se entrecortó cuando recordó la difícil situación que vivió en Armenia en enero de 1999. Mientras terminaba su entrenamiento matutino con el Deportes Quindío, la tierra se movió tan fuerte que cuando se trasladaba rumbo a la ciudad pensaba lo peor. Y no se equivocó: el panorama fue desolador. Llanto, escombros y muerte fue lo que encontró a su paso.

-Perdí a muchos amigos de infancia, a vecinos y a los compañeros argentinos que habían llegado al club con opción de quedarse. Precisamente ese día, en que iban a firmar sus contratos con el Quindío, murieron. Rubén Bihurriet y Diego Montenegro, así como el representante Rubén Darío Campagna, quedaron destrozados. Nadie sabía quiénes eran y yo los pude identificar por sus caballeras largas y porque Montenegro se había rapado días antes. Quedaron abrazados en lo que era el segundo piso del Hotel La Playa, de Armenia. Fue una situación dolorosa porque sus rostros eran irreconocibles. En verdad, fue una escena que ojalá nadie tenga que vivir en su vida.

Cambio de actitud

Un día se levantó sintiéndose diferente, con la actitud ganadora que lo llevó a convertirse en uno de los mejores laterales izquierdos del país y de los equipos Pereira, Pasto, Millonarios, Pumas de Casanare, el argentino Boca Juniors -hizo unas pruebas gracias a su amigo Jorge Bermúdez- y el uruguayo Liverpool, en donde fue considerado el mejor extranjero de la liga (2001).

Entonces probó con el baloncesto. Era el armador del equipo del Valle. Sin embargo, su aguerrida personalidad dentro del juego le trajo inconvenientes. Las expulsiones, las que poco tuvo en el fútbol profesional, se multiplicaron. No podía quedarse callado y sus recriminaciones a los adversarios eran duramente castigadas por los jueces.

Luego, quiso probarse a sí mismo en una actividad en la que ganar o perder fuera su propia responsabilidad, y el tenis fue la mejor opción. Llegó con los conocimientos básicos y con la inquietud de aprender rápidamente el funcionamiento de esta nueva etapa. Se impregnó de tenis, empezó a vivir cada partido como si se tratara de esa final en la que el Pasto derrotó al Cali en el 2006. No se perdía ningún torneo, o los veía o los grababa; el tenis se convirtió en su nueva pasión.

-Observo mucho lo que hacen Djokovic y Federer. Cuando empecé a jugar tenis, miraba cómo eran los movimientos de la muñeca que hacían y así mismo empecé a emularlos. El profesor me decía que tenía un buen slice y un buen revés y que para el poco tiempo que tenía practicando este deporte, lo hacía muy bien. Y así he aprendido de otros muchachos que están en esta disciplina, como Eliécer Oquendo -clasificado a los Juegos Paraolímpicos de Londres-, al igual que Mauricio Vega, los mejores del país.

Después de su primer torneo, hace un año en Barranquilla, miró sus manos y, entre el desconsuelo por el sacrificio representado en las múltiples ampollas y el orgullo del triunfo, suspiró: "Lo hice".

-Ya cuando le sale callo a uno es porque se está acostumbrando. Es como cuando uno se pone los guayos nuevos en el fútbol y los tiene que amoldar; así fue al principio con mi mano, la raqueta y la silla de ruedas. Me caía, me levantaba, me salía una ampolla sobre la otra, me raspaba, sangraba. La verdad, no creí que fuera tan, pero tan duro.

Cortés Bernal ha logrado con dos años de práctica no solo mejorar su revés y su slice, sino ganar los títulos en dobles y en sencillos -categoría nacional- del torneo internacional que se llevó a cabo este año en Barranquilla; además, fue cuarto en sencillos y semifinalista en dobles del Torneo Interligas, realizado en mayo en Ibagué.

-Tengo que aprender rápido a manejar bien los demás golpes -volea, smash y, sobre todo, el saque-, porque la verdad estoy dando mucha papaya (risas). Hace poco en Ibagué, un punto que perdí nos costó el partido. La ira me invadió y terminé destrozando la raqueta contra el suelo. Lástima, porque era la más fina que tenía; ahora solo me queda una, la baratica, pero con esa me toca defenderme.

Aunque Diego ya obtuvo el cupo para representar a Nariño en los próximos Juegos Paranacionales, que tendrán lugar a finales de este año en Cúcuta, espera que con la ayuda de la gobernación de este departamento, pueda viajar en el segundo semestre a los torneos internacionales de Quito (Ecuador) y de Miami (EE. UU.), para empezar a construir su escalafón ITF (Federación Internacional de Tenis), el cual le permitiría mejorar en la clasificación.

Por el momento, Cortés sigue disfrutando de su vida, de la silla de ruedas que le trajo de regalo desde Estados Unidos su amigo Faryd Mondragón y a la espera de la noticia que ha aguardado desde que supo que su hijo Juan Diego se estaba entrenando con juicio y con disciplina en Maranatha, una academia de fútbol de un amigo suyo en Armenia, ciudad en la que vive su hijo con la mamá.

-Lo más bonito que le tengo guardado son los últimos guayos con los que jugué, unos Nike negros. Y, bueno, esperamos que los pueda cuidar como yo he hecho (pausa y llora), porque para mí eran sagrados: me dieron la comida, y espero que a él también.

También fue diputado en Nariño

Obtuvo 9.000 votos, que le sirvieron para salir elegido como diputado de la Asamblea Departamental de Nariño en el 2007. "Hice el mejor plan desarrollo de Colombia para discapacitados. Ha ayudado a mucha gente y sé que Dios me puso en ese lugar para ayudar. No me arrepiento de que me haya pasado lo que me pasó, sé que vendrán mejores cosas y soy un convencido de eso", señaló.

ANDRÉS BOTERO B.
Redactor de EL TIEMPO

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