Colombia es referente en la conservación de la Amazonia

Colombia es referente en la conservación de la Amazonia

El país será modelo para el mundo en la Cumbre Río+20, que se realizará del 20 al 22 de junio.

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15 de junio 2012 , 08:46 p.m.

Mientras Brasil prácticamente acaba de eliminar la legislación que protege las selvas, cambió la legislación que crea tierras indígenas y retiró las competencias del Instituto Brasileño de Medio Ambiente (Ibama) para fiscalizar la tala ilegal, en Río+20 Colombia le ofrece al mundo un modelo de conservación de selvas tropicales que pone al país en una posición de liderazgo.

La parte de la biorregión amazónica colombiana ocupa 483.119 kilómetros cuadrados y corresponde al 42,42% del territorio continental nacional. La Amazonia colombiana está ubicada en el noroeste de la Amazonia, región que, de acuerdo con los modelos previstos de cambio climático, estaría a salvo de procesos de transformación en sabana. Por estar protegida por una herradura montañosa que conforman los Andes y el Escudo de las Guayanas, en esta zona de la Amazonia se concentra una gran cantidad de humedad.

De acuerdo con los escenarios más extremos que presentan los distintos modelos de cambio climático, Colombia se convertiría en el último gran refugio de la selva amazónica tal como hoy se la conoce. Por eso, la principal amenaza que se cierne sobre la Amazonia colombiana en las próximas décadas se centra en un manejo irresponsable y desordenado del territorio.

Es allí, precisamente, donde los modelos de consolidación de la gobernabilidad de las naciones indígenas se constituyen en un ejemplo para seguir y una gran oportunidad para garantizar un manejo adecuado de los frágiles ecosistemas amazónicos.

Como señala Martín von Hildebrand, director de la Fundación Gaia Amazonas, "la Amazonia colombiana es el laboratorio donde suceden cosas". Basta mirar un mapa de la Amazonia colombiana: el 80% del territorio está protegido bajo alguna figura, sea esta resguardo indígena, parque nacional natural o área de reserva forestal.

Para entender por qué, hay que remontarse a los años 80. En el gobierno de Virgilio Barco, los pueblos indígenas de la Amazonia recibieron títulos de propiedad sobre 20 millones de hectáreas. A esto debe agregarse que la Constitución de 1991 estipula el derecho de los pueblos indígenas a manejar sus tierras como entidades territoriales del Estado Nacional, con la asignación de recursos de la Nación para ello. Esto implicó para los pueblos indígenas la responsabilidad en el manejo y conservación ambiental de territorios extensos y aislados, y la correspondiente capacitación para hacerlo. Y para lograrlo hacía falta acercarse a su cosmovisión.

En este tiempo también se ha ampliado la cobertura de áreas amazónicas protegidas bajo la figura de parque nacional natural. Como resultado de esa gestión de autoridades indígenas, instituciones del Estado y la sociedad civil, el 82% de la Amazonia colombiana se encuentra en buen estado. Ha sido deforestado un 12% y está seriamente intervenido el 6% restante.

En 1990 nació el Programa de Consolidación Amazónica (Coama), resultado del trabajo coordinado de una red de ONG nacionales e internacionales que comparten el fin de conservar la Amazonia.

Esta iniciativa busca consolidar los territorios indígenas, mediante el ejercicio real de los derechos y deberes políticos y legales consagrados en la Constitución. Por eso, se han desarrollado programas cuyo objetivo ha sido apoyar a los pueblos indígenas para hacer parte del Estado y así asumir la responsabilidad de ser los guardianes de la Amazonia y de su biodiversidad.

Han pasado 20 años desde Río 1992. En este lapso se ha consolidado la gobernabilidad indígena. Por ese motivo, el gran reto para la Cumbre Río+20 es garantizar la participación en la conferencia internacional en el 2012 de los indígenas, como actores de primera línea, para que ellos le muestren al mundo entero sus resultados concretos. Que le enseñen al resto de la humanidad que es posible y viable vivir en los ecosistemas amazónicos, convivir con ellos, ser parte integral de los procesos y conservarlos en buen estado. Un mensaje que contrasta con el escenario que proponen quienes ven en la Amazonia únicamente un territorio que debe explotarse a ultranza y sin medir las consecuencias en el mediano y largo plazo de acciones cuya única finalidad es el enriquecimiento en el corto plazo.

Eduardo Arias Villa
Periodista y biólogo.
Especial para EL TIEMPO

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