El grupo Sura se hizo con una valiosa colección de arte mexicano

El grupo Sura se hizo con una valiosa colección de arte mexicano

Con la compra de 5 sucursales de ING en América Latina, este grupo se llevó 400 obras de arte.

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11 de junio 2012 , 08:32 p.m.

Empezaba la negociación. Eran muchos, muchos millones de dólares, 3.614, para mayor detalle. Se trató de una movida empresarial que significaba el ingreso al club de las empresas multilatinas. El mayor negocio que hizo Colombia el año pasado en el exterior. El grupo antioqueño Sura, con 65 años de experiencia en manejo de pensiones, cesantías y salud, adquirió el gigante holandés ING en Colombia, Perú, Uruguay, Chile y México. Una noticia grande.

Sin embargo, había más. En este último país, además de un negocio con siete millones de clientes fieles, la compra tenía un tentador elemento adicional: una colección de arte de 400 obras que, entre sus joyas, poseía varias pinturas patrimonio cultural de su país: tres Diego Rivera, un Frida Kalho, dos David Alfaro Siqueiros y un José Clemente Orozco. Los grandes de la pintura muralista mexicana del siglo XX.

El avalúo de la colección es de 14 millones de euros (unos 35.000 millones de pesos), razón por la cual esta reposa en una bodega fuertemente custodiada, en el barrio Reforma, de Ciudad de México.

Los vigilantes que nos reciben están fuertemente armados y portan chalecos antibala. Hay cámaras de vigilancia que registran cada movimiento y nadie, sino personal especializado y monitoreado, puede desembalar las obras, que están divididas en tres grupos de guacales (por las exposiciones que itineran por el país).

La colección está aislada dentro de una sala, a la que se accede a través de una reja de seguridad mecánica, y el piso tiene un reforzamiento de concreto que impide que se pueda perforar por debajo. Saben que están guardando bienes preciados.

El tesoro

Ya adentro, es emocionante. Verlos uno al lado del otro. Piel de gallina por tenerlos tan cerca, casi tocarlos con los ojos, ver esa pincelada histórica. Ese extraño Frida Kahlo, una de sus primeras pinturas, de 1929, en la que se empieza a ver eso tan peculiar de su trabajo, ese mundo extraño y perturbador. Se trata del retrato de su sobrina Isolda cuando bebé.

A su lado, un Siqueiros emblemático, tan propio de su trabajo, una burda crítica social, dos mujeres de traseros enormes y coloridos vestidos ceñidos, con pieles en sus cuellos, le entregan unos regalos al pueblo, incoloro y sin rostro. Su limosna. "Es una especie de grosería", dice riendo al mirarlo Alberto Sierra, curador antioqueño y miembro del Comité Cultural de la institución que evaluó todos estos cuadros.

Siguen dos pequeños paisajes de José María Velasco, uno de los más importantes exponentes de este género de la pintura mexicana. Son como dos perlas, y así las sostiene Sierra.

A su lado, una serie de dibujos costumbristas de Icaza, otro de esos nombres que empezarán a sonar en Colombia, pues su trabajo es tan parecido al de Ramón Torres Méndez que sin duda habrá diálogos comunes con las dos colecciones de arte. Porque hay dos. Ya el grupo Sura atesoraba una colección propia de más de 300 obras de lo más representativo del arte colombiano.

Al ver los Rivera juntos, nadie diría que son de la misma mano. Sin embargo, la finura de los colores, tan cargados de materia, y esos ojos enormes los hacen hermanos. Allí está Diego Rivera en su máxima expresión, el hombre que aunque pintó gigantescos murales de temas sociales y fue uno de los íconos del muralismo mexicano, no le tembló el pulso para hacerles retratos a las esposas de sus mecenas, como el de la Señora Beteta que posee la colección.

Ella, con un vaporoso vestido blanco y piel blanquísima,contrasta al lado de la pequeña niña indígena de ojos inmensos, piel oscura y trenzas de pelo negro azabache, sentada tímidamente sobre una estera. Y con los dos niños comiendo tortillas. Rivera lo logró. Señalar tamañas diferencias con sofisticada belleza.

Años de adquisiciones

La colección no estaba consolidada tal como hoy desde siempre. Si bien gran parte la adquirió Agustín Legorreta -poderoso empresario que manejaba el Banco Nacional de México- en los años 50 del siglo pasado, por cuenta de la nacionalización de la banca en los 80 cambió de dueños.

Tuvo dos décadas difíciles y manos distintas. Seguros América, Aseguradora La Comercial (que se convierte en Comercial América y luego adquiere Aseguradora Mexicana, Asemex)... en cada una se fueron sumando piezas y criterios.

Hasta que en 2001, ING lo compró todo. El grupo holandés es un reconocido coleccionista de arte y asesor mundial en el campo, así que la colección retomó su empuje inicial y se empezó un profundo estudio y catalogación de sus tesoros.

La curadora española Consuelo Fernández ha estado tras ese juicioso ejercicio. Porque tienen claro que este patrimonio tiene que hacerse público. Y ya no solo será para los mexicanos. Ahora también es de Colombia.

Una tradición en coleccionismo

Desde 1984, el Grupo Sura tiene un comité cultural que dicta línea sobre las adquisiones de la institución y ha investigado el patrimonio que se empezó a construir desde 1959 y que hoy cuenta con 300 obras de arte y numerosas publicaciones especializadas en el campo del arte y la cultura. Para Fernando Ojalvo, vicepresidente de la empresa y miembro del comité, "el mecenazgo es fundamental para el desarrollo sociocultural del país".

Dominique Rodríguez Dalvard
Redacción Domingo

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