En Ginebra se crece en medio de acordes de tiples y bandolas

En Ginebra se crece en medio de acordes de tiples y bandolas

En la sede del Mono Nuñez los estudiantes saben tocar un instrumento de cuerda y fabricarlos.

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11 de junio 2012 , 06:06 p.m.

Todas las tardes, como si se tratara de una competencia, se ven decenas de jovencitos subidos en sus bicicletas que corren acelerados por las calles de Ginebra. No están en una competencia. Su afán es llegar a la Escuela de Música. Van ahí todos los días, incluso los sábados. Una pasión que tiene su raíz en el Festival 'Mono Núñez'.

A diferencia del conservatorio, en esta Escuela no se escuchan instrumentos de viento, apenas se pasa el umbral lo que se oyen son acordes de bandola, tiple y guitarra.

Sus alumnos no empiezan con la flauta dulce, como en el Conservatorio, sino con el guitarrillo, instrumento de creación colectiva que se idearon los profesores de la Escuela.

Es como una guitarra pequeña, pero de cuatro cuerdas, porque cuando los más pequeños empiezan a explorar las primeras notas de la música colombiana, por su misma contextura física, no se les enseña a tocar los bajos, así que el instrumento es ideal para comenzar a charrasquear y acompañar las rondas infantiles.

Estos guitarrillos los fabrican los mismos estudiantes, pequeños aprendices de luthiers que ayudan a pulir el cedro, a sacar los chazos de los trozos de madera y a pegarlos para darle forma al instrumento. "Lo más difícil es tomar bien las medidas para que cada pieza cuadre", dice Claudia Marcela Jiménez, de 14 años, que ha fabricado tres.

Secretos en instrumentos

Para Rodrigo Duque, el profesor que los acerca a la construcción de los instrumentos de cuerda tradicional, el secreto está en el pegado de las piezas y en el secado: entre más se deje secar la madera mucho mejor porque la madera nunca pierde el agua y así esté seca, siempre va a recoger humedad. En una bandola se le puede ir un año mientras espera a que seque bien.

En los guitarillos, a los aprendices se les van tres meses en su construcción.

En esta Escuela un instrumento puede costar un poco más que en un local comercial, pero es que no los fabrican en serie. Dalia Conde, la directora de la Escuela, dice que detrás de cada guitarra, de cada tiple, hay un luthiers además, son hechos en cedro, pino, granadillo y palo santo.

Cuando deja de tocar tiple, Kharla Caicedo, de 14 años, va al taller de instrumentos a ayudar en la construcción de los guitarrillos, también su hermana Nicole, de 12, y como ellas, por el taller pasan todos los estudiantes.

"Nadie nos obliga, estamos aquí porque nos gusta. No hay tiempo de aburrirse porque todos los amigos nos vemos aquí", dice Daniel Tenorio, de 14 años.

En este municipio vallecaucano, a hora y media de Cali, no hay un solo estudiante que no sepa tocar, al menos, un instrumento de cuerda. La música colombiana les llega apenas ingresan al primer grado escolar y los acompañará hasta el último año de bachillerato. Les enseñan a tocar tiple, guitarra y bandola.

En las tardes el énfasis lo da la Escuela de Música, ahí deberán escoger un solo instrumento. Ensayan tres horas y media diaria y todos son becados, a nadie le cobran un solo peso por las clases.

"Claro que vemos televisión. Pero no le dedicamos tanto tiempo como a la música", dice César Orrego, de 15 años, mientras toca su bandola a la que se ha dedicado durante los últimos siete años.
La Escuela responde por 1.110 estudiantes, incluidos los de las clases que se dictan en las instituciones educativas dentro del currículo.

"Aquí me formé, no me veía en la vida en nada más", dice Julián Solano, del 'Trío Ida y Vuelta', ganador del Mono Núñez en el 2011.

Recursos

La Escuela se ha mantenido estos 18 años a punta de convocatorias del Ministerio de Cultura, en tanto que la Alcaldía aporta 15 millones de pesos al año

La Escuela se quedó pequeña, se estima que hacen falta 150 millones de pesos para su ampliación.

En el solar de la vieja casona, donde funciona la Escuela de Música de Ginebra, empezaron a levantar los cimientos para construir siete salones más, un taller para fabricar instrumentos y un bicicletero.

Los siete salones ya son insuficientes y el taller funciona en un pequeño local de la galería que les prestó la Alcaldía.

En el 2010 proyectaron la obra por 400 millones de pesos, hoy hacen faltan 150 millones. "En solo cimientos se nos fueron 100 millones porque quedamos cobijados con la nueva Ley Antisísmica", dice Dalia Conde, la directora de la Escuela.

Gloria Arias

Corresponsal EL TIEMPO

CALI.

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