Así viven los hombres que persiguen volquetas en Medellín para laborar

Así viven los hombres que persiguen volquetas en Medellín para laborar

Los 'paleros' recogen escombros o arena. Ganan por día entre 30 y 40 mil pesos.

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11 de junio 2012 , 10:07 a.m.

Desde hace más de 10 años la estación Suramericana del metro de Medellín es el sitio de reunión de decenas de personas llamadas popularmente 'paleros': desempleados que optaron por esperar en una calle que alguna volqueta, un camión o cualquiera que necesite sus servicios se acerque a contratarlos por un día. 

El trabajo más común de los 'paleros' es el de recoger escombros. Por llenar una volqueta pueden cobrar de 30 a 40 mil pesos. 

Su labor no está definida: cargar bultos en bodegas, ayudar con obras y todo trabajo manual hacen parte de la gama de servicios que ofrecen. 

Desde las cuatro de la mañana y hasta las cinco de la tarde se les ve sentados en el parque que queda debajo de la estación del metro esperando con sus palas. 

"El trabajo que aparece en el día depende de la suerte que uno tenga. Unos días se puede hacer más de 50 mil pesos matándose y otros se va 'virao' (sin dinero) para la casa", cuenta José Bejarano, sin dejar de mirar la calle a la espera de una volqueta. 

Diego Bejarano, primo de José, cuenta que desde 1995 se hacen en la estación Suramericana, o la 'oficina', como le llaman. "Antes nos hacíamos en la Iguaná, pero allá no pueden parar los carros, por eso nos hicimos acá", recuerda.

El día de un palero se desarrolla en medio de una espera constante. Para soportarla se dedican a juegos de cartas, o a conversaciones socarronas, pero la calma y los chistes se interrumpen de golpe cuando un camión aparece por alguna esquina.

En ese momento todos agarran sus palas y salen corriendo hacia el vehículo para ofrecer sus servicios. 

"Hay camioneros que ya tienen sus preferidos. Cuando uno trabaja bien y descarga o carga rápido una volqueta lo vuelven a recoger, pero sino, no", cuenta Albeiro Carmona.

Para este hombre las palas son como los fusiles de los soldados "un soldado sin fusil no es nada", dice. 

Todos guardan sus herramientas de trabajo en una casa cercana a la estación, en la que les cobran 2 mil pesos a la semana.

Una pala cuesta unos 20 mil pesos y duran seis meses, si por casualidad se les daña cuando no tienen dinero para reponerla, se quedan largo tiempo sin laborar. 

"Necesitamos apoyo del gobierno. Hay veces que uno no tiene nada para llevar a la casa y tampoco tiene cómo ahorrar. Hay días que uno se viene con una aguadulce y se devuelve para la casa con la misma aguadulce", comenta Rubén Darío Cano, quien lleva 12 años paleando. 

Él es experto en recoger escombros, es su manera -dice- de ayudar para que la ciudad se vea bien. 

La paciencia es algo que los 'paleros' cultivan con los años, por eso estos hombres continuarán esperando a que de la nada salga algún trabajo para ganarse, con la fuerza de sus manos, el dinero para la comida de sus familias.  

Juan Pablo Valderrama
Para EL TIEMPO
Medellín

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