Los 'neomuiscas', una tribu que reclama cabildo y tierras

Los 'neomuiscas', una tribu que reclama cabildo y tierras

Un grupo de boyacenses que se reconocen como indígenas luchan por tener un cabildo.

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10 de junio 2012 , 10:10 p.m.

La mayoría son jóvenes con el pelo largo "porque el cabello es la conexión con el mundo"; caminan descalzos por la montaña "para que la tierra les acaricie los pies"; utilizan técnicas agrícolas japonesas "porque los orientales guardan más del muisca que nosotros mismos", y se dicen "portadores del equilibrio de la Madre Tierra".

Pregonando este discurso ancestral, un grupo de 35 personas del autodenominado Cabildo Muisca Suamox iniciaron hace unos meses el trámite para ser reconocidos como tal ante el Estado y, de este modo, acceder a los beneficios a los que tienen derecho las comunidades indígenas del país.

La historia de los 'neomuiscas' comenzó en marzo del 2008 en la laguna de Tota (Boyacá) cuando, entre bailes y tambores alrededor del fuego, un grupo de personas celebró con chicha la decisión de reconocerse como muiscas. Su 'cosmogonía' se resume en el volante de propaganda que entregan en sus eventos: "Somos nativos de la actualidad, que viven y aman la Madre Tierra como muiscas de espíritu, así no tengamos tierras ni apellidos".

El líder del movimiento es José Crisanto Lizarazo, gobernador del 'cabildo' y conocido en la comunidad como Shirata Lacheba, el nombre muisca con el que él mismo se bautizó. Nacido en el seno de una familia campesina en el pueblo boyacense de Jericó, Lizarazo llegó con 14 años a Sogamoso para estudiar las culturas indígenas. "Desde muy niño, me he sentido aborigen", asegura, aunque aclara que vino a saber de la existencia de los muiscas mucho después, "buscando la memoria que guarda la Madre Tierra, en el agua, en la roca y en la montaña".

Su compañera, Alexandra del Pilar González, también es parte de los 'neomuiscas'. Se hace llamar Hisgua Aytaviza y dice que quieren ser cabildo para poder establecer sus propias reglas. "Estamos cansados de vivir bajo las leyes del sistema; cada día nos ponen más normas y, además, tenemos que pagarles impuestos -se queja-. Queremos irnos a vivir a la montaña y abrir una escuela donde se enseñe la lengua muisca".

Para reclamar su derecho a ser cabildo, se amparan en la Constitución del 91 y en la ratificación por parte de Colombia del Convenio de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) sobre Pueblos indígenas y Tribales. En ambos textos se contempla el derecho a la autodeterminación a quienes tengan "conciencia de la identidad tribal o indígena".

Este reconocimiento les garantizaría tres derechos fundamentales: autonomía para gobernarse y administrar sus recursos; beneficios como poder acceder a subsidios del Estado y recibir atención especial -por medio del enfoque diferencial- en servicios de salud, educación y vivienda, y, finalmente, tierras, ya que los cabildos tienen derecho a un resguardo que se les otorga gratuitamente de por vida. Además, la ley prevé que los resguardos pueden participar de los ingresos corrientes de la Nación, vía transferencias.

Los obstáculos

Pero su cruzada no ha sido fácil. Algunos medios locales, como la emisora Sol Stereo, han acusado a los supuestos aborígenes de adelantar un proceso falso e ilegítimo, mientras que la directora del Museo Arqueológico Muisca, Margarita Silva, los califica de "payasos". "Son unos desadaptados, a los que un día les dio por decir que eran muiscas y por reclamar derechos como el de celebrar fiestas ancestrales en el museo, que reclaman como propio -afirma Silva-. Yo también podría autoproclamarme muisca, y seguramente con más argumentos, porque es cierto que tenemos sangre muisca. ¡Pero somos mestizos!".

La última palabra la tiene la Dirección de Asuntos Indígenas del Ministerio del Interior, encargada de certificar el reconocimiento de las comunidades indígenas. Hasta la fecha, este ente ha acreditado 4.000 comunidades en todo el país y actualmente hay 270 esperando a ser evaluadas.

Quienes piden ser reconocidos como indígenas son sometidos a un estudio etnológico, realizado por un equipo de antropólogos del Ministerio, en el que deben demostrar que tienen "cohesión de grupo, arraigo a un territorio ancestral, cosmovisión propia, relaciones de parentesco y sistema normativo propio que los diferencia del resto de la población colombiana".

Precisamente para poder pasar este examen, el 'cabildo' muisca Suamox trabaja arduamente en la construcción del censo de su comunidad. Con un inconveniente: por estar asentados en el casco urbano de Sogamoso, deben conseguir que personas o familias rurales se adhieran a su movimiento, pues actualmente no existe un protocolo gubernamental para el reconocimiento de cabildos urbanos.

Por ello, vienen organizando almuerzos comunitarios a los que invitan a los campesinos de la zona y les preguntan si se sienten muiscas. "Sí, yo creo que usted sí es muisca; jártese una totumadita de chicha", les dice González a sus comensales. Ella está segura de que así se despertará algo dentro ellos, que los hará interrogarse sobre su identidad. El caso es que al final los campesinos exclaman, con la chicha y la cerveza en la mano: '¡Yo también soy muisca!'.

La otra piedra en el zapato que tienen es su intención de recuperar la lengua muisca. De acuerdo con la investigadora de lingüística indígena del Instituto Caro y Cuervo María Stella González de Pérez, "sería una lengua artificial para la comunicación de un grupo de ciudadanos del siglo XXI, que quizás no lleguen a conocer las ideas, la cosmovisión y los intereses de la antigua sociedad muisca".

Curiosamente, esta académica examinó hace 20 años la tesis de grado de Mariana Escribano, la profesora que les enseña muisca a los suamox. "Llevó su trabajo al Caro y Cuervo buscando que se lo publicáramos, pero fue rechazado ¿asegura González¿. Coincidimos en que no reunía los requisitos mínimos de una investigación seria".

Solicitudes van en alza

Cada vez más personas se 'sienten' indígenas

Desde que la Constitución de 1991 les permitió a los colombianos reivindicar su derecho a ser reconocidos como indígenas, las solicitudes han ido en aumento. Mientras que en 1993 el 1,6 por ciento de la población se identificaba como indígena, en el 2005 la cifra alcanzó el 3,4 por ciento, según los censos del Dane. El incremento de los resguardos también ha sido considerable. En tres años, entre 1993 y 1996, pasaron de 302 a 408, y en el 2005 el Dane registró un total de 700.

'El Gobierno no tiene un indiómetro'

Desde el 2005, la Dirección de Asuntos Indígenas solo ha rechazado 7 de 100 estudios etnológicos realizados para acreditar a comunidades indígenas. A pesar de que los estudios son exhaustivos, un antropólogo del Ministerio reconoce que el Gobierno no tiene un 'indiómetro' para determinar quién es indígena y quién no. Expertos, como la antropóloga Yolanda Bodnar, del Área de Demografía y Estudios de Población del Externado, advierten que "la puerta que abrió la Constitución del 91 es peligrosa, sobre todo cuando el reconocimiento como indígena se asocia a la obtención de tierras, recursos y autonomía de gobierno".

Natalia Arenas *
Para EL TIEMPO

*Estudiante de la maestría de Periodismo de la Universidad de los Andes y colaboradora de la revista digital 'Cerosetenta'.

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