El encanto de hacer historia

El encanto de hacer historia

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04 de junio 2012 , 05:41 p.m.

Transmitir por radio un match por el campeonato mundial de ajedrez suena tan estrambótico como transmitir la inauguración de un sofá.

Transmití para Todelar el match Fischer-Spassky jugado en 1972 en Reikiavik (Islandia), que acogió al norteamericano cuando este enrocó largo y se fue a vivir a la diestra de la diosa Caissa.
Por Caracol, transmitió el recordado maestro Boris de Greiff, quien también disfruta de su sabático eterno.

Me dio física pereza solicitar mi ingreso al libro Guinness de los egos mundiales por ser el primero, creo, en transmitir ajedrez por radio. En cambio, para halagar mi vanidad y tener con qué impresionar a mis nietos, decidí caer en la tentación de asegurar que hice algo histórico.

Así "histórico" sea una de las voces más devaluadas del idioma: hace poco nos presentaron como tal el concierto de Paul McCartney, quien nos visitó con una pequeña demora de 40-50 años. "Todo nos llega tarde", hasta los Beatles.

In illo témpore (1972), a medida que los cacofónicos teletipos de las agencias de noticias enviaban sus despachos con las jugadas del dueto Fischer-Spassky, la radio interrumpía la programación para dar el flash.

Los transeúntes suspendían sus tareas y se preguntaban: ¿se habrá vuelto ateo el Papa, o los ateos del gajo de arriba decidieron creer en todos los dioses?

No: simplemente el excéntrico Fischer, un judío rebelde con y sin causa, nacido en Chicago, se había salido del libro en la octava jugada. O el ruso Spassky -visitante habitual de Macondo- había sacrificado un proletario peón en la jugada 13 para apoderarse del centro y ganar después.

Es periódico de antier ese mundo ingenuo que se paralizaba para indagar lo que pasaba en los 32 escaques en una remota capital que apenas podíamos ubicar en el mapa.

Profesionales y aficionados de la era de Internet, mujer fatal de la cibernética, siguieron on line el match por el título que disputaron en Moscú el israelí Boris Gelfand y Viswanathan Anand, de la India, de donde nos llegó a lomo de cobra este insólito juguete que Cervantes menciona en el Quijote.

La confrontación Fischer-Spassky trasladó a los 64 escaques el conflicto entre comunismo y capitalismo que finalmente se liquidó en favor del último. Ojalá todas las guerras se definieran igual. En ese desorden de ideas, no estaría mal un match Santos-'Timochenko'.

También sirve el método de Lisístrata, detallado en la comedia de Aristófanes: cerrando ellas las piernas hasta que el macho alfa haga la paz.

El duelo de Reikiavik desató en la aldea global una fiebre a cuarenta por ese "juego infinito", como lo denominó Borges. De paso, el gringo se encargó de darle estatus al deporte que se practicaba casi por amor al arte. O por llenar el pasaporte de sellos en los aeropuertos.

Los modernos ajedrecistas de élite casi cotizan en bolsa y ganan sumas deliciosamente "obscenas". Tienen la champaña y el caviar asegurados durante varias vidas.

A la hora de comparar robustos saldos bancarios, se codean con divos como Federer, Nadal, Messi, Ronaldo, 'Tiger' Woods, antes de ser pillado con las manos en la masa femenina ajena.
Fischer habría protestado por la orgía de tablas que hubo en este mundial que concluyó con la revalidación del título por parte de Anand. Detestaba los empates que consideraba la muerte del ajedrez.

También lamentaba que la gente no viera belleza en el juego. Los invito a encontrar belleza y otros asombros practicando esta antigua religión del silencio.

oscardominguezg@etb.net.co

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