Natalia Ramírez y su vida después de los 40

Natalia Ramírez y su vida después de los 40

En las playas de San Andrés Islas la actriz nos contó que en la intimidad no es ninguna mojigata.

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23 de mayo 2012 , 05:02 p.m.

(Natalia Ramírez, la dicha de vivir los 40)

Está de regreso para actuar de mala, muy mala, en 'La prepago'. En las playas de San Luis, en San Andrés Islas, la hermosa actriz con cara de no romper un plato sacó su lado más sensual, con el mismo glamour, y nos contó que en la intimidad no es ninguna mojigata.

Dicen que Betty la fea fue la culpable de la 'maldición' que les habría caído a los actores del elenco de la telenovela colombiana más exitosa, para quienes se volvió imposible superar a los personajes que interpretaron. Desde hace 13 años, cuando se grabó esta producción, Natalia Ramírez se convirtió en la eterna Marcela, nombre con el que la reconocen en la calle y papel que dividió en dos su carrera.

"Betty significó muchísimo para mí y marcó un antes y un después. Nunca había podido internacionalizarme y ella hizo que me conocieran en otros países. Fue algo extraordinario y es imposible compararme como actriz con los papeles que hice previo a esto y los que hice posteriormente. Mi primer protagónico fue en Quieta, Margarita. La gente se acuerda mucho de Sarita Montiel, pero Betty puso la vara muy alta. ¡Es insuperable! Betty es una bendición. En el caso de Anita (Ana María Orozco), fue muy duro porque ella es muy introvertida y la prensa la malinterpretó. No entendieron lo que le pasó y ella tampoco. Ese fenómeno como que la invadió, la inundó y prefirió alejarse".

La mujer de gafas y frenillo, que la llamaba 'doña Marcela', terminó rebautizándola. "En la calle me llaman así y yo respondo. No quiero que ella se vaya de mí. ¡Es lo máximo!.

"No me ha tocado otro papel tan bien escrito. Las historias ayudan a surgir, y si no funcionan, queman hasta a los mejores actores. He hecho papeles maravillosos en comedia, drama, melodrama y hasta policíacos; sin embargo, Marcela me consagró. La primera gran oferta fue inmediata; pues cuando terminé Betty logré una exclusividad de tres años con Telemundo, luego me fui a Argentina y después trabajé con Univisión".

Cuando fue convocada al elenco, ya estaba radicada en Miami y durante tres años viajó cuantas veces fue necesario para grabar Betty. "Me fui en 1993 porque mi esposo de esa época quería montar una compañía, así que iba y venía".

El tiempo ha pasado, pero viendo el rostro de Natalia, es como si se hubiera detenido. No se le notan los años. "Sí supiera todo lo que sé a esta edad pero teniendo 20, la vida sería otra. A estas alturas uno ya se ha quitado de encima tantas cruces, tantos prejuicios, tanta bobada. Eres más libre, disfrutas más de la vida, sabes qué es lo que te gusta y lo que no. Agradezco a Dios estar sana porque para algunos llegar a los 40 es como si les llegara la roya. Me siento joven, vital, mejor que nunca. Más bonita, tranquila. Antes me preocupaba si me salía una arruga, un gordo, si bajaba o subía de peso, estaba más pendiente de un físico. Después de los 40 ya te relajas. ¡Para mí ha sido una dicha! Uno se libra de esas angustias y sabe que lo aceptan por lo que es, por su trabajo y no por el cuerpo o una cara bonita".

¿Qué piensa de las relaciones con jovencitos?
Algunas creen que son una inyección de colágeno; pero les digo que no sean bobas, que esas relaciones tan de moda no van para ningún lado. Es muy raro encontrar parejas de este tipo y estables; ni siquiera sirven para pagar las cuentas.

¿Este es su segundo matrimonio?
Me casé con Ricky, un puertorriqueño que nada tiene que ver con el medio y es 11 años mayor. Vivo muy feliz, y mi hija y yo somos ciudadanas estadounidenses.

Lo suyo no son los escotes ni las faldas muy cortas; su atractivo es ese que se puede adivinar con solo escuchar su voz: "Siempre he sido muy pudorosa. Me muero de la envidia por actrices desinhibidas y que no tienen problemas con mostrar su cuerpo o hacer desnudos. ¡No puedo con eso! Mis papás siempre fueron muy estrictos, como moralistas, y eso me quedó".

Pero eso no impide que sea sensual en la intimidad: "Uno puede ser muy sexy pero no vulgar; esa es una línea muy delgada, y aunque no me gusta mostrar mucho, no soy mojigata. En la intimidad me arriesgo bastante porque confío en mi marido ciento por ciento. Nos gusta innovar, hacer cosas muy románticas, pero nada pervertido. Nos gusta mucho jugar a seducirnos, ser novios".

Natalia la glamurosa y elegante; esa es la imagen que tenemos de ella. Pero en pantalla, en producciones para otros países, ha encarnado a otros personajes que le han sacado la garra actoral. "En Corazón apasionado caractericé a una mujer alcohólica, depresiva y esquizofrénica, que me iba afectando la cabeza. Tenía escenas con una carga emocional muy fuerte y cuando llegaba a la casa me veían llorar. Me costaba salirme de esa piel. Para distraerme y levantarme el ánimo nos dedicábamos en la casa a los juegos de mesa".

Natalia está de regreso. "En La prepago haré una participación de siete episodios. Seré la asistente de un senador, una mujer muy mala que maneja las influencias del bajo mundo de la política".
Muy lejos están esos tiempos de Telectrónico, en los 80, cuando era una adolescente de colegio y en el programa de las cuatro de la tarde la veíamos cantando música brasileña acompañada por su guitarra, vestida con jeans bota tubo y buzos de colores pastel. "Tenía 12 años. Le propuse a una amiga que participaramos pero no quizo así que lo hice yo sola, estando ahí me llamaron para actuar".

Y la música siempre la ha rondado, por eso cuando se acabó Betty trabajó unos meses con Kike Santander con el fin de buscar un estilo para hacer un disco. Pero nunca llegaron a un acuerdo, pues a ella le gustan el jazz y el bossa nova, géneros que no tienen un amplio mercado. Cada que la nostalgia la ataca en Miami, donde está radicada, llama a su amiga Marisol Correa (la famosa niña Margarita de Dejémonos de vainas). Ella tiene un teatro con una sala alternativa, como para 120 personas. "Voy y canto boleros para el público que está ahí". Natalia, ante todo, es la misma mujer tranquila de siempre, una artista que no se ha comido el cuento y sabe diferenciar muy bien su oficio de la vida personal que tanto cuida.

Paraíso a orillas del mar

El hotel San Luis Village está ubicado en San Andrés Islas y les ofrece a sus huéspedes un concepto de alojamiento informal, tranquilo y alegre, con el maravilloso mar de los siete colores a sus pies. Cuenta con ocho habitaciones tipo suite para dos o tres personas, y ocho tipo junior suite con capacidad para cinco personas. Tiene el restaurante La Pérgola, de estilo caribe mediterráneo y fuerte en comida de mar. Su piscina se convierte en un escenario terapéutico de agua dulce y a pocos pasos se combina con el agua de mar. San Luis Village se encuentra en una zona rural donde el huésped puede interactuar con la cultura isleña e involucrarse con sus costumbres. Está certificado con dos sellos de calidad: Sello Verde Ambiental Colombiano y Sello de Sostenibilidad Turística.

Cristina Estupiñán Ch.

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