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'TLC no es bajarse los pantalones': Ministro Sergio Díaz-Granados

'TLC no es bajarse los pantalones': Ministro Sergio Díaz-Granados

El Ministro de Comercio habla de lo que falta para un acuerdo con China.

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Los equipos técnicos de Colombia y China ya comenzaron a preparar sus herramientas para trabajar en el estudio del Tratado de Libre Comercio (TLC) entre los dos países. (Lea también: Santos desarrolló una gira que abrió caminos en Asia).

Los dos gobiernos prácticamente tienen la decisión de suscribir el acuerdo, y lo que queda es 'carpintería'.

El ministro de Comercio, Sergio Díaz-Granados, principal doliente de este tema en Colombia, explicó que el examen previo tomará un año, pero que el proceso para el convenio es irreversible.
 
¿Por qué hacer un TLC con China?

Primero, porque nos damos cuenta que China ha sido un país que ha cambiado mucho en los últimos cuarenta años. De no ser un actor mundial en el comercio y en los flujos de inversión pasó a ser la segunda economía más importante del mundo y todo indica que el los próximos 25 años se va a transformar en la primera, lo cual va a cambiar los flujos de comercio a nivel global. A China hay que verla como lo que va a ser en 10 o 15 años y tenemos que preparar el terreno para ser partícipes del crecimiento de Asia Pacífico, y por supuesto de China.
 
¿Sobre qué ejes va a rodar el TLC con China?

Si bien el proceso todavía está en su fase embrionaria, porque hemos acordado con el Ministro de Comercio chino tomarnos un año para preparar el caparazón de la negociación, es indiscutible que Colombia tiene una gran oferta en materia agrícola, pecuaria y de alimentos de interés para  China. Este país no tiene  una buena relación de suelos fértiles y suelos cultivables respecto al tamaño de la población.  China es un importador neto de alimentos y eso se traduce en grandes oportunidades exportables para Colombia.
 
¿Si habrá existencias para atender un mercado tan gran de?

Colombia debe mejorar la oferta exportable. Podemos tener disponibilidad de tierras, de recursos humanos, pero la oferta exportable todavía es muy escasa en materia agrícola.  Lo que creemos es que podemos empezar a diseñar una relación en la que Colombia pueda convertirse en una fuente de alimentos larga y segura;  larga en el tiempo, y sostenible,  y el tratado nos va ayudar para que eso justamente ocurra.
 
¿Qué se va a hacer en este período de un año previo?

Vamos a comenzar un proceso de análisis con equipos mixtos de China y Colombia, donde participen universidades, sector privado, gobiernos de ambos países, a fin de estructurar las propuestas. Ahí deben quedar claros los intereses, las oportunidades,  las sensibilidades y las dificultades.
 
¿Hay una fecha prevista para comenzar ese proceso?

Me encontré  con el ministro de comercio chino y hablamos  de cómo iniciar eso. Acordamos vernos en junio durante la cumbre del G20 y  ahí  sentar las bases del proceso en el sentido de ponerle facha y lugar de inicio.
 
¿Las partes no se están preguntando si harán el TLC, sino cómo lo harán?

Creo que sí. Por supuesto se necesitan concertar muchas voluntades, pero creo que de la vista queda claro que hay un interés recíproco por encontrar un mecanismo que permita equilibrar la balanza comercial,  fortalecer los lazos comerciales,  y parte de ese proceso se pede estructurar a través de un acuerdo de libre comercio. Está claro que vamos camino a eso, pero es un camino que requiere una fase preparatoria y es muy difícil anticipar el resultado.
 
El gobierno parece estar muy seguro de esta decisión. ¿Se está perdiendo el miedo a negociar TLC?

Sí,  y  el acuerdo puede ayudarnos a salir de ese cajón mental en el que hemos caído de que los aranceles son la membrana que protege a Colombia.  Falso. Hay quienes viven en el pasado con el discurso del siglo 20 de que son  los aranceles los que mantienen  a salvo las empresas. Aquí a producción industrial se ha incrementado porque justamente la mitad de la estructura arancelaria está en cero, hay un camino natural de rebaja de los aranceles.
 
Los TLC han ido eliminando la discusión arancelaria...

Los  aranceles no deben ser la discusión. Ahora tenemos que pensar en reglas de juego trasparentes y cómo los acuerdos no solo versan sobre aranceles,  sino también sobre reglas de comercio y como éste debe ser   más justo, más equitativo, más transparente.
 
¿Las negociaciones de anteriores acuerdos le han dejado enseñanzas a Colombia para enfrentarse a un gigante como China?

Hay experiencia en la región que está permanentemente compartida. Nuestros equipos de negociación han estado como alguien que va al gimnasio de forma permanente desde hace más de 9 años, creo que se armó un equipo bien estructurado, no solo en el del Ministerio de Comercio, sino en otras áreas.
 
La diferencia en la balanza comercial entre China  y Colombia es casi de dos a ocho. Alguien podría pensar que esa tendencia es amenazante en un TLC...

Eso existe en función de los tamaños de la competitividad de algunos sectores en la economía china. Existe ese déficit porque hay productos que importa Colombia, que no produce y los demanda (ciertos bienes de capita, maquinara, calderas, tractores, cosas), renglones que Colombia esta adquiriendo para su transformación productiva que no los  produce y hace que se vea mucho más abultado ese desbalance. Somos concientes de que cualquier discusión y cualquier preparativo camino a un TLC con China genera angustia, ansiedad y preguntas,  pero  para eso es este primer año de estudio.
 
En este tipo de negociaciones siempre hay ganadores y perdedores.  Algunos de esos perdedores podrían ser las manufacturas. ¿Cómo hacer menos duro eso?

Yo no me atrevería a responder esa pregunta tan temprano porque supondría que estaríamos haciendo el estudio con una premeditación. Eso debe ser parte de la discusión.
 
Pero en estos procesos siempre hay riesgos...

Los tratados de libre comercio no son como algunos han querido hacerlos ver, unos acuerdos donde Colombia se baja los pantalones.  No, lo que estamos es preparando el país para que tenga unas reglas que le permitan a los empresarios moverse a sabiendas de qué les espera y qué pueden encontrar.  Cuando no hay reglas de juego claras la incertidumbre lo que hace es replegar por instinto a los empresarios. Los tratados, por el contrario, lo que hacen es poner un piso de estabilidad que  permita visualizar los negocios y decir qué ruta se debe seguir.
 
¿Qué hay que hacer para comenzar a reducir el déficit en la cuenta comercial, antes de que llegue el TLC con China?

Hay algo que hacer muy pronto y es acelerar los procedimientos de reconocimiento sanitario. Queremos ir ganado tiempo mientras  vamos discutiendo las sensibilidades y las oportunidades,  de manera que por esta vía vayamos sentado las bases de un incremento de las exportaciones.
 
¿Qué otros renglones podrían llegar rápidamente a mejorar la balanza comercial?

En China hay un gran consumo de frutas y es difícil conseguirlas.  Vemos una gran oportunidad en frutas tropicales como mago, piña, banano. Inclusive el café viene creciendo rápidamente. Ya por ejemplo el año pasado el consumo de  café en Japón superó el de de té,  que ha sido de la vida tradicional de los orientales.
 
¿Qué tuercas habrá que ajustar para que eso salga bien?

En el sector ganadero hay niveles de productividad muy bajos  que se ven reflejados en las modalidades de producción, que es la ganadería extensiva.  Se requiere corregir esto, que haya una ganadería mucho más intensiva. Hemos dispuesto un programa tanto en lácteos como carnes, con el propósito de ir identificando dónde están todos los cuellos de botella que impiden el buen desarrollo de este sector.
 
Los industriales ya expresaron su inconformidad con la idea de un TLC con China, por la poca transparencia en la política cambiaría de ese país...

Ese tipo de distorsiones  se puedan analizar en una eventual negociación y encontrar mecanismos que generen salvaguardias, pero todo eso tiene que ser llevado  a la discusión.
 
¿Siempre hay sectores inconformes?

El rol del gobierno es proteger  el interés general,  el buen funcionamiento de la economía, de la sociedad,  no el de una empresa en particular o el de un sector.  Este es un principio que tiene que orientar la negociación.
 
El tratado con Estados Unidos exige más reformas
 
¿Esta semana que viene entra en firme el TLC con Estados Unidos.¿Estará a todo vapor este tren?

Lo que había que hacer para poner en funcionamiento el tratado ya se hizo.  El tratado va a comenzar y va exigirnos a los colombianos que hagamos más reformas no porque nos obligue el tratado
 
¿De qué orden?

El país tiene que mejorar y adecuar su regulación,  su infraestructura,  su entorno,  o si no el tratado pierde capacidad.  El TLC es un instrumento que nos obliga a hacer cambios.
 
¿Hay algunos sectores rezagados?

Hoy el país va a utilizar el tratado, lo van a hacer  los confeccionistas,  los textileros, los productores de plásticos.  Hay unos sectores que establecidos en la economía colombiana y que llevan 20, 30, 40 años  y van aprovechar el tratado. Lo que hay que pensar es como incorporar los sectores que no están, cómo hacemos pare que estos sectores florezcan.
 
¿Y que se hace para  incorporarlos?

Parte del esfuerzo lo tenemos que hacer nosotros como gobierno facilitando los canales de financiación para generar más acceso a los fondos,  mejorar el recurso humano y entrenarlo; y también de los empresarios,  de tomar apuestas, de adoptar decisiones para hacer inversiones de  emprendimiento, de abrir nuevas líneas.
 
¿Todavía hay retos por resolver en su aplicación?

El mayor reto va estar en el sector agro, pensado en su cabal transformación y su adaptación.  Cuando uno mira  las manufacturas, lo que Estados Unidos compra y  lo que Colombia produce,  saltan a la vista las diferencias. Todavía hay una  escasa participación de Colombia en esos frentes, aún comparados con nuestros semejantes de América Latina en tamaño y diversificación. Eso  es parte de la creación de oferta exportable, que es un trabajo de lo público y lo privado.
 
¿Se puede inferir que la entrada en vigencia del TLC con Estados Unidos entusiasme a China?

Tiene todo el sentido porque  hay mucho producto ya de empresas chinas a Estados Unidos que no les favorece la distancia ni las condiciones de trabajo, los precios de la mano de obra ya no son tan competitivos como eran antes, de manera que comienzan a parecer esos factores comparados con otros países donde parecieran ser mucho mejor.
 
¿Colombia podría ser plataforma de Asia para exportar a Estados Unidos?

En el caso de Colombia el costo de un contenedor es tres veces menor. Y no solo es  dinero, sino tiempo. Es más fácil llegar con un buque desde la costa del Pacífico colombiano a los ángeles que desde China. Y ni qué decir de la Costa Atlántica a la costa este de los Estados Unidos. De manera que cuando hacen nivelación o convergencia con el promedio de las economías emergentes esos comienzan a volverse tan relevantes que otras variables que antes no tenían importancia, la asumen.

EDULFO PEÑA 
Enviado especial de EL TIEMPO
Shanghái.

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