Que la tecnología no se convierta en un obstáculo para estudiar

Que la tecnología no se convierta en un obstáculo para estudiar

Es bueno interactuar con dispositivos electrónicos, pero con responsabilidad.

30 de abril 2012 , 02:08 p.m.

Carlos Sierra* tiene 35 años. Se viste de camisa, jeans y tenis. Tiene trabajo, ama a su familia y es feliz. Sin embargo, no siempre fue así. Hace seis años era un adicto a los videojuegos y a la tecnología y su vida era dominada por el deseo de usar dispositivos electrónicos.

Todo empezó desde los siete años, como él mismo cuenta. Su primera goma fue el Atari 2600 que le regalaron sus padres y que despertó en él una pasión inusual.

Luego, fue otro dispositivo, en el que poco a poco su interés se fue centrando, hasta el punto de dejar a un lado sus obligaciones, los momentos con su familia y sus amigos.

Aún así, la situación no estaba detectada y pasó desapercibida por años. Llegó la universidad y la carrera de mercadeo y publicidad fue su elección. Varios semestres pasaron y poco a poco el juego fue ocupando un lugar cada vez más importante en su vida.
"Perdía semestres, mentía en mi casa y seguía asistiendo a la universidad como si fuera a estudiar, cuando en realidad era a gastarme lo de mi sostenimiento en juegos. Mis papás seguían pagando y cuando pensaron que estaba por graduarme se dieron cuenta".

Ante eso, sus padres lo enviaron a Estados Unidos. Pero allá el problema se agravó, pues, según él, mentía para faltar a su trabajo cuando había lanzamientos de videojuegos, por ser el primero en probarlos.

UNA CONDUCTA OBSESIVA

Esta forma de actuar, explica Martha Suescún, directora general de la Fundación Libérate, institución que orienta prevención y tratamiento de adicciones tóxicas y no tóxicas, es propia de personas que se dejan dominar por la afición desmedida a ciertos  elementos, en este caso los videojuegos.

"Una persona adicta a un elemento no tóxico, como las tecnologías, tiene las mismas características que las de un adicto a una sustancia. No reconoce que tiene un problema, pierde el control cuando es privado del elemento de juego, se obsesiona, presenta consecuencias negativas como abandonar sus obligaciones, se deprime, se aísla y se vuelve compulsivo", dice Suescún.

Jorge Pérez, presidente de la Red Nacional de Servicios de Salud de Instituciones de Educación Superior (Renssies), dice que según la investigación 'El juego de azar y el videojuego en la Universidad de San Buenaventura', de Medellín, el 20,3 por ciento de los consultados tienen un componente psicológico obsesivo con los videojuegos y las redes sociales.

"No se trata de que no jueguen o no se diviertan con la tecnología o con las redes sociales, sino de que lo hagan con responsabilidad y con control de sus emociones, sin que esto afecte otras esferas de la vida", dice Suescún.

Estas recomendaciones, agrega Carlos, son  importantes para que "no les pase lo que a mi me pasó, que tuve que tocar fondo, es decir, abandonar mi vida, mi estudio, pasar 32 horas seguidas sin comer, ni dormir pegado a un computador jugando, y tuve que soportar la tristeza de mi mamá al decirme que yo prefería abrazar a un computador y nunca a ella, que fue quien me dio la vida, para darme cuenta de que tenía un problema".

PROBLEMAS EN LA SALUD

El uso de audífonos a volúmenes excesivos también es un factor que está trayendo consecuencias negativas en la vida de los universitarios. Se estima que cinco millones de colombianos padecen problemas de audición, de ellos, curiosamente, el 14 por ciento están entre los 25 y 50 años.

Una investigación de la Facultad de Fonoaudiología de la Universidad Manuela Beltrán, sobre las consecuencias de usar aparatos como walkman y iPods por estudiantes de primer semestre de todas las facultades, encontró que más del 70 por ciento presentaron caída de grado leve en la frecuencia 6000 Hz, una característica de la pérdida auditiva por exposición al ruido.

"Es importante realizar talleres de sensibilización en la población infantil y adolescente, como también  incentivar el uso de protección auditiva y  verificar que los audífonos  traigan compresores que no eleven  la intensidad a más de 85 decibeles", dicen voceros de esta Universidad.

HILDA ROCÍO HURTADO A.
Redactora de EL TIEMPO

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