Editorial: Mercado de la muerte

Editorial: Mercado de la muerte

29 de abril 2012 , 07:37 p.m.

Escalofriante, por decir lo menos, el informe revelado ayer por este diario sobre el número de armas ilegales que estarían circulando en Bogotá, los millonarios recursos que se mueven alrededor del negocio y las mafias que se ocultan detrás de él y que estarían operando desde reconocidos puntos de la capital.

Dice el texto periodístico que las armas legales, esto es, con salvoconducto, serían unas 245.000 y que, según conocedores del tema, las ilegales llegarían a 745.000, a razón de tres armas ilegales por una legal.

La cifra en realidad no sorprende. Lo que sí causa indignación es que desde hace años, una década, digamos, es la misma cifra a la que se alude cada vez que se habla del mercado negro de armas en la ciudad. Es decir, ha sido poco lo que se ha avanzado en el combate y el desmantelamiento de las organizaciones que están detrás de tan nefasto negocio.

Si bien la capital se ha estado blindando efectivamente contra la presencia de organizaciones armadas, llámense guerrilla o paramilitares, y ha reducido el secuestro a su mínima expresión, no parece haber sucedido lo mismo con la entrada de revólveres, pistolas y fusiles de asalto. El reportaje habla de cómo estos artefactos pueden permear los controles policiales y pasar sin problema provenientes del Casanare. Más aterrador -aunque tampoco sorprende- resulta saber que las transacciones criminales ocurren en lugares que han tenido fama de tales prácticas, como los sanandresitos, la temible calle del Bronx (en el centro), Corabastos y el 7 de Agosto.

Tampoco se puede pasar por alto la insinuación de que a la sombra de esta actividad puedan estar comprometidos miembros de la Fuerza Pública o, como lo señaló el alcalde Gustavo Petro, exista un manejo irregular desde el propio armerillo de la ciudad.

La lucha contra este flagelo no puede dar tregua. El resultado que arroja la restricción del porte de armas en Bogotá es positivo y demuestra que en eso no se equivocó Petro y que le asiste la razón cuando pide la ampliación de la medida y, por qué no, hacerla permanente. El número de homicidios en la capital ha descendido entre el 13 y el 30 por ciento en el último trimestre. Cifras que sin duda serían más elocuentes si la guerra contra este mercado de la muerte se fuera ganando.

editorial@eltiempo.com.co

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