La historia de Camilo, el joven que perdió un ojo en una fiesta

La historia de Camilo, el joven que perdió un ojo en una fiesta

Este martes es día clave para que el caso de este estudiante de Los Andes no quede en la impunidad.

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24 de abril 2012 , 12:04 a.m.

Camilo López no sabe si podrá algún día volver a estar en una reunión social sin pensar que en cualquier momento lo van a apuñalar. (Vea la galería de fotos del joven que perdió un ojo tras ser atacado en una fiesta).

La vida de este estudiante de la Universidad de Los Andes dio un giro de 180 grados hace seis meses, en medio de una fiesta de Halloween. Y además de enfrentar la pérdida de su ojo derecho y parte de la movilidad en sus piernas, esta tarde se verá nuevamente cara a cara con su agresor que tiene muchas probabilidades de quedar en libertad.

En la audiencia de hoy, que se hará en el complejo judicial de Paloquemao, la defensa argumentará que Julián Camilo Romero Rincón, uno de los implicados, no fue quien usó el arma, que es un estudiante y solo acompañaba a Andrés Esteban Salgado, el supuesto real agresor y quien según fuentes de la Policía huyó del país con rumbo a Japón.

El drama de Camilo no ha tenido la trascendencia del caso Colmenares, pero los une la universidad en la que estudiaban, una fiesta de Halloween y la falta de claridad en los hechos. (Vea casos polémicos de la justicia colombiana).

De 23 años, Camilo terminaba su último semestre de ingeniería de sistemas y computación, cuando llegó el 28 de octubre del 2011. Esa noche, asistió a la discoteca Alma (zona rosa), en compañía de su novia y cuatro amigas más. "Como estaba tan lleno todo tocaba compartir las mesas y quedamos pegados a otro grupo de jóvenes", recuerda Camilo quien aún tiene dificultad para caminar.

La trágica historia se resume en un altercado por una botella de aguardiente. "Los del otro grupo aseguraron que nosotros habíamos tomado la botella de ellos, ante la agresividad les dimos nuestra botella y en cuestión de segundos Julián Romero y Esteban Salgado intentaron golpear a mi amiga", relata Camilo.

El último recuerdo que tiene es el de un golpe seco en la cabeza y otros más seguidos. Su novia lo sacó a rastras del lugar, según su testimonio no recibieron apoyo del grupo de seguridad del establecimiento, y un transeúnte los ayudó a llegar a la Clínica del Country.

"Camilo se salvó de milagro", le dijo a EL TIEMPO uno de los profesionales que lo atendió esa noche.

En total tuvo siete heridas con arma blanca en el ojo, cráneo, nuca (que comprometió las vértebras), brazos y hombro. Una esquirla del puñal le quedó incrustada en la cabeza y fue imposible removérsela.

"Mi hijo perdió su ojo y las piernas no le responden adecuadamente por lo que tiene que usar bastón. Esto fue una agresión aleve sin justificación alguna", recalca Armando López, el padre del joven.

La recuperación es lenta y tiene daños irreversibles. Los dos agresores, estudiantes del Politécnico Grancolombiano, aparecieron en la lista de las cien personas más buscadas, en enero de este año, por lo que fue posible la captura de uno de ellos.

Ahora la Policía, con ayuda de Interpol, intenta ubicar al prófugo que quedó con una grave herida en una de sus manos, provocada con la misma arma que casi le quita la vida a Camilo.

"Yo no tengo rencor en mi corazón y mi vida no puede parar y mis metas tampoco. Lo único que quiero es que los dueños de las discotecas y los jóvenes tomen conciencia sobre lo
que puede significar una noche de rumba", concluye Camilo.

REDACCIÓN JUSTICIA

jinbed@eltiempo.com

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