Campesinos del Ruiz, en la cima del miedo

Campesinos del Ruiz, en la cima del miedo

EL TIEMPO recorrió las fincas más cercanas al cráter Arenas del volcán nevado, que está inestable.

23 de abril 2012 , 02:48 p.m.

"Si eso (el volcán nevado) explota me escondo en una cueva que hay allí debajo de esa roca -la señala con su mano derecha-, pero no me voy a ir porque no tengo para donde coger".

Así respondió don Diego, un campesino que vive en la finca La Playa, situada a tan sólo tres kilómetros del volcán nevado del Ruiz, a la pregunta de qué haría en caso de una erupción de éste.

Y es que desde esta finca, situada en la vereda Casabianca,  donde el frío cala los huesos y el ambiente es de una aparente calma, se puede sentir el penetrante el olor a azufre y divisar la gran fumarola que emana del cráter Arenas. La Playa está situada a cuatro horas  desde el inicio de la carretera destapada que conduce a Murillo (Tolima), a partir del desvío situado antes de llegar a la estación de Brisas en el Parque Nevados.

Esa vía está cerrada desde el primero de este mes, como medida de precaución, y solo puede ser transitada por organismos de socorro.

El 31 de marzo, el Observatorio Vulcanológico y Sismológico de Manizales pasó de amarillo a naranja el nivel de actividad del Ruiz, debido a la inestabilidad de éste. Ese nivel significa probabilidad de erupción en días o semanas.

'¿Y quién cuida las vacas?'

Como don Diego, cerca de 30 campesinos de la vereda Casabianca y que por su lejanía aún no habían sido censados, son quienes corren más riesgo por su cercanía al volcán.

En este frío y agreste valle cubierto de vegetación de páramo y frailejones, donde para ir de una finca a otra se gastan cerca de tres horas, EL TIEMPO acompañó a un grupo de voluntarios de la Cruz Roja Colombiana, seccional Caldas.

El objetivo era identificar a todos los lugareños para incluirlos en un programa de educación comunitaria acerca de la situación del volcán que comenzará en los próximos días.

Don Argemiro, quien vive en la finca El Cerrito, en la vereda Casabianca, y que como don Diego deriva su sustento del cultivo de papa y producción de leche vacuna, no le teme a una erupción: "No me da miedo estar acá. Me han contado lo del volcán y veo la fumarola siempre, pero no me voy a ir de acá y dejar las vacas y los cultivos solos. ¿Porque quién va a cuidar?; esto se lo roban", dijo.

Piroclastos, el peligro

El sentido de pertenencia por esta tierra hace que los campesinos no dimensionen el riesgo en que están. Gloria Patricia Cortés, directora del Observatorio Vulcanológico y Sismológico de Manizales, explica que en una erupción, el volcán puede arrojar piroclastos (fragmentos de piedras de fuego), que se convierten en verdaderos proyectiles balísticos, y entre más cerca estén al volcán, son más grandes.

Los voluntarios de la Cruz Roja les dijeron a los campesinos que de todas maneras deben tomar medidas de precaución en caso de erupción, como resguardarse en lugares seguros y usar trapos húmedos para proteger sus vías respiratorias de la ceniza volcánica, mientras llega la ayuda humanitaria.

Pese a la lluvia, el frío y las largas caminatas, todo minuto cuenta. Por esto, los socorristas no ahorran esfuerzos para continuar su labor ya que faltan otras fincas que deben recorrer antes de que ocurra una erupción. Antes de la Cruz Roja, la Defensa Civil estuvo en estas fincas, nadie más ha ido a explicarles lo que está pasando ahora con el volcán nevado del Ruiz.

John Jairo Bonilla
Especial EL TIEMPO
Manizales

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