Asesino de Noruega, un 'monstruo' cortés, elocuente y frío ante jueces

Asesino de Noruega, un 'monstruo' cortés, elocuente y frío ante jueces

Conozca detalles sobre Anders Behring Breivik, el hombre que asesinó a 77 personas en una tarde.

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20 de abril 2012 , 04:05 p.m.

En la primera semana del juicio por la muerte de 77 personas en Oslo, el acusado Anders Behring Breivik se mostró cortés, elocuente y tranquilo, como un frío asesino que se cree un héroe, dispuesto a cometer nuevamente los mismos crímenes.

Resulta difícil evaluar a este hombre enorme, de anchas espaldas, con cabello rubio bien cortado, con una fina barba que destaca su fuerte mandíbula, y que ingresa todos los días a la sala de audiencias con una sonrisa en los labios. (Siga este enlace para leer: Breivik asegura que videojuegos le sirvieron para planear su masacre)

Más allá del saludo extremista que usó en los primeros tres días, la marca más llamativa de este asesino confeso de 33 años -que reconoció sus crímenes pero no su culpabilidad- es sin duda la calma e indiferencia en su tono, aún cuando narra actos atroces. (Siga este enlace para leer: Breivik defendió su masacre en Noruega y dijo que 'lo haría otra vez')

Con relación al asesinato a sangre fría de 69 personas en la isla de Utoeya, en su mayoría adolescentes y jóvenes socialdemócratas, Breivik no dejó dudas: "Lo haría otra vez", dijo. (Siga este enlace para leer: Asesino de 77 personas en Noruega dice que 'actuó en defensa propia')

Breivik agregó, sin la menor emoción aparente, que esperaba poder matar a las 569 personas que estaban en la isla ese 22 de julio del año pasado, y liquidar a todas las personas presentes en el edificio gubernamental frente al cual hizo estallar un vehículo lleno de explosivos. (Siga este enlace para leer: Autor de matanza de Noruega es acusado de 'actos de terrorismo)

Ahí murieron ocho personas. ¿Todo esto porqué? En su larga respuesta a esta cuestión, Breivik buscó justificar algo que a los ojos de mortales comunes es difícilmente comprensible. Breivik se presenta como un "caballero", un militante nacionalista que lucha heroicamente para defender a los "noruegos auténticos" de la "invasión musulmana", resultado de una política socialdemócrata de inmigración que considera demasiado generosa.

Pero tanto como la barbarie de sus actos, lo que da escalofríos es la forma impávida con que los justifica, con un tono de voz monocorde pero cordial. Breivik no mostró ninguna emoción hacia sus víctimas, pero perdió la compostura solamente una vez, en el primer día del proceso, cuando se esforzó por contener las lágrimas cuando el tribunal exhibió un pequeño film que él mismo produjo para justificar su combate contra el Islam.

Posteriormente, dijo que había llorado en esa oportunidad "porque mi país está en vías de morir". Según afirmó, se emocionó con la música de ese video, música que usaba en sus momentos de meditación destinados a calmarse y frenar su "miedo a la muerte". Su testimonio permitió descubrir una personalidad extremadamente disciplinada y determinada en todos los preparativos, y que mostró un buen conocimiento de armas y explosivos.

Los expertos psiquiatras lo describieron como un narcisista, al punto de querer controlar todo e incluso dar consejos a los jueces. Al hablar de la supuesta organización de los "Caballeros Templarios", Breivik aseguró que realmente existe, aunque admitió que usó un tono "pomposo" en el manifiesto de 1.500 páginas que redactó en apoyo de sus tesis, publicado poco antes de realizar los atentados.

El extremista no mostró ninguna compasión por sus 77 víctimas, pero insistió en presentarse como una persona capaz de mostrar empatía por los otros. "En tiempos normales soy un hombre muy simpático", dijo este viernes. Según comentó, tuvo que esconder sus emociones a partir de 2006, cuando comenzó a preparar sus ataques.

Expresó un odio incontrolable por los musulmanes, y aunque definió a los medios de comunicación como sus mayores enemigos, mostró estar visiblemente encantado de estar frente a las cámaras de televisión.

Breivik se ve a sí mismo como héroe y víctima, censurado y "excluido de la democracia" por los políticos y por los periodistas que apoyan la sociedad multicultural que él rechaza. En su visión, los atentados fueron la única forma de pasar su mensaje, y responsabilizó por ello al Gobierno y a la prensa.

"Si en Noruega el régimen, y sobre todo los medios de comunicación, hubiesen cambiado de actitud", dijo, "no se habrían producido" los atentados del 22 de julio.

NINA LARSON
AFP

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