Montt y Matador: dejan un momento los dibujos y hablan de su oficio

Montt y Matador: dejan un momento los dibujos y hablan de su oficio

Un abrebocas antes de asistir al conversatorio que organiza Carrusel.

18 de abril 2012 , 06:16 p.m.

Un encuentro con el humor gráfico

Este sábado 21 de abril la cita es con nosotros en la Feria Internacional del Libro. Se trata del conversatorio Alberto Montt, Matador y Fernando Quiroz: viñetas, trazas y crítica política, una actividad en la que participarán estos tres invitados de lujo que, edición tras edición, nos acompañan en nuestra revista. Montt, autor de la serie de tres libros En dosis diarias 1.1, 2 y 3; el caricaturista colombiano Matador y el escritor Fernando Quiroz hablarán sobre el humor gráfico. El evento, organizado por la Cámara Colombiana del Libro, Ediciones B y con el apoyo de CARRUSEL, será a las seis de la tarde en el auditorio José Asunción Silva en Corferias. No se lo pueden perder.

Alberto Montt

¿Cómo y cuándo supo que lo suyo era el humor gráfico?

Mis primeras lecturas fueron Mafalda, Olafo, Peanuts y otros del estilo. Siempre he estado conectado con esa parte de la 'literatura' que te hace pensar a través de reflexiones cotidianas. Fue una parte muy formadora de mi personalidad y manera de ver el mundo.

¿Cómo es su proceso creativo? ¿De dónde saca los chistes?

De aquello que me gusta, disgusta, emociona o que simplemente me pasa. Consumo información y dejo que revolotee en mi cabeza. Eventualmente dos ideas inconexas se encuentran y sale una viñeta.

¿Qué tipo de viñetas o caricaturas lo hacen reír y por qué?

Aquellas que apelan a lo absurdo o esas que te hacen pensar y obligan a tener un pensamiento crítico sobre temas que, en general, parecen muy cotidianos.

¿Existe un humor universal?

No sé si universal, pero mundial, sí. Hay cosas que nos hacen reír como seres humanos. Si alguien se cae aquí, en Cali o en Ulán Bator, la gente se reirá. Es un humor básico, pero humor al fin.

 ¿A qué tema le huiría en sus viñetas?

En general no suelo evitar temas. Hablo de aquello que me importa en un momento y me sirve como exorcismo personal. Lo hago para mí. No me preocupa herir susceptibilidades.

¿Cómo ve el humor gráfico en América Latina y específicamente en Colombia?

Tenemos una cantidad de conocimientos y vivencias compartidas que nos hacen un solo pueblo. El humor colombiano es tan chileno como cualquiera. Con la cantidad de información a la que estamos expuestos, es muy fácil que los temas y necesidades sean comunes y recurrentes. Amo el humor latinoamericano y está creciendo.

¿Cómo describiría su trabajo?

Me gustaría que se leyera como honesto. Lo hago para mí. Cada viñeta que termino, está hecha para que me cause algo. A veces funciona y otras no, pero no tiene otras pretensiones.

Matador

¿Cómo y cuándo supo que lo suyo era el humor gráfico?

Cuando tenía 7 años cayó en mis manos una serie de libros que se titulaban Enciclopedia del humor, que reunían a los mejores exponentes de la caricatura latinoamericana. Allí estaban desde Quino, Duayer, Ziraldo, Millôr Fernandes, pasando por invitados extranjeros como el español Gila, Oski, entre otros. Pero las caricaturas que más me gustaban eran las de un dibujante argentino que firmaba Fontanarrosa. En el primer tomo aparecía una pequeña biografía suya y una foto de un joven con barba, donde decía que era de Argentina (de Rosario), que trabajaba en publicidad y que era caricaturista. Desde ese momento sabía que quería ser como ese barbado que estaba en la parte de atrás de aquel libro de marras. Finalmente terminé siendo publicista, luego caricaturista y ahora solo me falta ser rosarino.

¿Cómo es su proceso creativo?, ¿de dónde saca los chistes?

Por lo general, el proceso anterior a dibujar una caricatura es el de leer muchas horas. Empiezo muy temprano con periódicos nacionales, luego paso a los extranjeros, reviso revistas y algunos blogs. A medida que voy leyendo anoto en una libreta lo que me llama la atención, luego aparecen algunas ideas, y antes de las 11 de la mañana empiezo a dibujar lo que se ha ido incubando en mi cerebro. Aunque a veces la gente me envía ideas y, cuando es así, les pongo los créditos en la parte de abajo de la misma.

¿Qué tipo de viñetas o caricaturas lo hacen reír y por qué?

Me gusta mucho el tipo de humor inteligente que no cae en el facilismo, por ejemplo, las caricaturas de Quino y tiras cómicas como Mafalda. Aunque el cómic que más me ha gustado es Boogie el aceitoso, el que coleccionaba todos los domingos cuando salía en la contraportada de las Lecturas Dominicales del periódico EL TIEMPO.

¿Existe un humor universal?

Por supuesto que existe un humor universal y más hoy con internet. Por ejemplo, uno puede ver el trabajo humorístico de alguien de Rumania y entenderlo. Además, como somos una aldea global, compartimos muchos códigos de comunicación que rompen las barreras del idioma, y esto se logra a través del dibujo de humor.

¿A qué tema le huiría en sus viñetas?

Creo que todo tema puede ser tratado con algo de sátira, humor negro o cualquier tipo de humor cáustico. Temas sensibles para el lector como la religión, las masacres, la violencia contra la mujer y los niños, pueden ser abordados con humor sin caer en el amarillismo, la propaganda o el mal gusto.

¿Cómo ve el humor gráfico en América Latina y específicamente en Colombia?

Reflexionando sobre este tema, y con la reciente muerte de dos monstruos como fueron Millôr Fernandes (Brasil) y Mingote (España), creo que el humor, con la calidad que lo conocimos en la segunda mitad del siglo pasado, está muriendo. Por lo general, los caricaturistas eran personas intelectualmente muy inquietas, lectores voraces y pensadores agudos. Aparte, eran unos trabajadores consumados y entregados a su oficio.

En cuanto a las nuevas generaciones, salvando contados casos, veo que la calidad visual a veces es muy buena, pero las ideas muy malas. La falla está en que los jóvenes no leen suficientes libros o tiras cómicas para alimentar la imaginación y todo lo están reciclando de la televisión, el internet y las nuevas tecnologías. Hoy tienen acceso a más información pero no se les ocurren buenas ideas. 

¿Cómo describiría su trabajo?

Soy un afortunado porque nunca he considerado la caricatura como un trabajo. Para mí es como un juego en el que me divierto y en el que procuro, a través de la crítica con humor, darle al lector un esbozo de este tragicómico país que se llama Colombia.

REDACCIÓN CARRUSEL

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