Libreros de viejo de Medellín piden apoyo de institucionalidad

Libreros de viejo de Medellín piden apoyo de institucionalidad

Gremio dice que la Administración los ve como comerciantes. Buscan ser parte de la cultura.

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17 de abril 2012 , 08:38 a.m.

Hace poco más de un mes en una conversación casi informal en El Acontista, en el centro de Medellín, surgió la inquietud: todos estaban de acuerdo en el ‘problema’ pero ninguno parecía tener la respuesta.

Aún hoy Luis Alberto Arango, cofundador y administrador de la librería Palinuro esboza la pregunta: “¿Pueden las librerías de viejo ser objeto de cooperación con la institucionalidad de la ciudad como lo son hoy teatreros y músicos entre otros?”

El tema levanta escozor y reclamos todavía tímidos de los libreros, quienes se sienten discriminados frente a otros actores del mundo de la cultura, como por ejemplo los músicos y los teatreros que desde hace ya años vienen siendo subvencionados por la Administración Municipal.

Sin embargo, la respuesta a la pregunta de Arango aún no existe, “ahí todo el mundo abriría una librería de viejo y se aseguraría el almuerzo”, bromea, admitiendo que desconoce si es una propuesta viable.

Pero de lo que está convencido es que por lo menos merece ser discutida. Además se atreve a sugerir que hay diferencia con las librerías comerciales pues mientras estas últimas trabajan con libros en consignación de las grandes editoriales, los libreros de viejo compran todo lo que está en sus estanterías, haciendo de esa una actividad completamente diferente.

El problema es claro –dice– con una librería de viejo nadie se hace rico, al revés, las afugias son el estado normal del ‘negocio’ y Palinuro que es una de las más reconocidas de Medellín, una ciudad en medio de un área metropolitana con más de 3 millones de personas, estuvo a punto de cerrar a finales del año pasado.

Por el contrario –agrega Arango–, estos establecimientos cumplen con una labor de gestión del patrimonio que difícilmente alguien más puede hacer y asegura que eso es lo que las mantiene exiguamente vivas, pues coleccionistas y amantes de ediciones antiguas o escritores poco comerciales, pero muy afamados, buscan entre las arrumadas estanterías de las librerías de viejo las obras que anhelan.

Luis Galar, dueño de Hay Libros, otra librería de viejo, va más allá. Asegura que las librerías, incluidas las que venden usados, están en crisis por lo que han empezado a migrar hacia la generación de cultura organizando festivales, concursos literarios y de fotografía entre otros. 

“Esas actividades cuestan y si estamos asumiendo un papel de promotores culturales, esto se podría apoyar desde la institucionalidad, eso sí, llenando requisitos”, argumenta.

 

Pero Galar piensa que el tema no es sólo de recursos, sino también de formación y agrega que es necesario que tal y como se ofrece formación en otras áreas, también hay que capacitar   a los libreros para que aprendan a hacer mejor la gestión del patrimonio y con ello hagan crecer su papel en el mundo de la lectura.

Juan Diego Urrea U.
Para El Tiempo
Medellín

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