Las penurias de los estudiantes del campo

Las penurias de los estudiantes del campo

La Escuela Rural Mixta del Kilómetro 6 refleja los problemas que afrontan los colegios veredales.

15 de abril 2012 , 07:07 p.m.

Poco antes que los primeros rayos del sol salgan a calentar el techo de zinc de la casa de Deiner Eduardo Noriega Cantillo, él y sus cuatro hermanos ya están bañados, cambiados, desayunados y listos para ir al colegio.

En el albor del día se mueven como sombras entre los cultivos de cilantro, cebolla y col que rodean la rústica vivienda, perdida entre un bosque de mangles y caños que nutren a la Ciénaga Grande, en la zona de amortiguación del Parque Vías Isla de Salamanca (Magdalena).

Cuando el canto del gallo anuncia el nuevo día ya los hermanos Noriega van por la trocha que ellos han hecho paso a paso en sus caminata de tres kilómetro.

"Ya estamos acostumbrados a caminar en la madrugada, siempre salimos antes que el sol", dice Deiner, de 14 años, el hermano mayor de José Miguel, Harold, Duván y Severín, quienes lo siguen en silencio y él parece que solo les hablara con la mirada.

Los niños llegan a un caño que deben atravesar sobre una balsa armada con pimpinas de plástico, que se mueve impulsada por una vara que empuja con fuerza Deiner.

"Todos los días lo hacemos, pero me da miedo por mis hermanos que son pequeños y no saben nadar", cuenta el muchacho, quien encarna una de las tantas historias de los 1.800 estudiantes de la Escuela Rural Mixta Kilómetro 6, localizada en el área rural del corregimiento de Palermo, del municipio de Sitionuevo (Magdalena).

El centro educativo que lleva casi 20 años funcionando es el lugar donde se educan los hijos de campesinos pobres de las fincas ubicadas entre los kilómetros 5 y 15 de la vía que comunica a Barranquilla con Ciénaga, una pequeña despensa agrícola donde sale la verduras que surte a los mercados cercanos.

Deiner y sus hermanos vienen del kilómetro 9, luego de la travesía, en la que se tardan casi media hora, llegan al colegio donde en medio de incomodidades estudian, juegan y sueñan con convertirse en alguno de los personajes importantes que sus profesores les cuentan en las clases.

Un colegio pobre

La Escuela Rural Mixta Kilómetro 6 tiene 8 salones en donde reciben clases 180 estudiantes, algunos que ya trabajan en las fincas con sus padres, quienes luego de soltar el azadón, y el machete toman los libros y vienen a estudiar porque sus padres quieren que tengan mejores oportunidades que ellos.

Hay salones que comparten dos cursos en medio del calor, mientras que otros salen y se acomodan debajo de un palo de trupillo. Los pupitres no alcanzan, por eso niños como los hermanos Noriega madrugan pues si llegan tarde les toca recibir la clase en el suelo.

Son 8 profesores que no tienen escritorios, sillas, archivadores, ayudas didácticas ni marcadores para los tableros.

"Tenemos los problemas que tienen todas las escuela del sector rural", dice la profesora María Severino, quien lleva 5 años en la escuela y cuenta las dificultades por la falta de pupitres, libros, baños y el mal estado del plantel. "Aquí nos toca acomodarnos" comenta con resignación.

El colegio no solo sufre por el abandono y la desidia oficial, sino por la misma naturaleza, que ha ido deteriorando la edificación con las lluvias, los vendavales, el inclemente sol y la humedad.

"Las puertas no sirven, los pisos están muy mal, a un salón la brisa le arrancó parte del techo", dijo Zarita Pacheco, una niña de primaria que tomó la vocería de su curso.

Yined Paola López, una pequeña que cuyo cuello cuelga un rosario que aprieta en sus manos a medida que habla, pide para su colegio láminas y puertas que permitan restaurar el curso dañado, sillas donde sus compañeritos se puedan recibir bien las clases, libros de consultas, y escritorios para los profesores.

"También marcadores para escribir en los tableros, porque los profesores tienen que comprar a cada rato", manifestó.

La profesora María Rinaldi, que llegó hace 10 años a la escuela, dice con un tono triste que necesitan muchas cosas y pide en especial por los niños.

"Uno trae lo que puede para ayudarlos, como zapatos, ropa, libretas, porque no tienen nada", comenta, mientras ve a Deiner con sus cuatro hermanos que se despiden y toman el regreso a casa en silencio uno de tras del otro.

LEONARDO HERRERA DELGHAMS
Enviado especial para EL TIEMPO
Kilómetro 6 (Magdalena).

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