El Titanic, de lo divino a lo profano

El Titanic, de lo divino a lo profano

13 de abril 2012 , 09:26 p.m.

Hace cien años, el 10 de abril del 1912, zarpó desde Southampton hacia Nueva York en su viaje inaugural -con la orden de cubrir el trayecto en menos de seis días-, el buque Titanic, con la mejor tecnología, el mejor grupo de apoyo del mejor astillero, la mejor tripulación, adornado con la frase del arquitecto naval Thomas Andrew "En el peor accidente es imposible que se hunda". La Sociedad de Ingeniero dijo "este buque ni Dios lo puede hundir". Y la reafirmó el propietario.

Desde el punto de vista técnico, esta premisa tuvo que ver con la cadena de errores. El primer eslabón, el arquitecto solicita dotarlo de 64 botes salvavidas con capacidad de 60 personas cada uno.

Los dueños consideran antiestético un buque que ni el Supremo Hacedor lo puede hundir provisto de esa cantidad. Solo autorizan 20 botes salvavidas. Con ellos se salvaron 700 personas, y 1.527 pasajeros más perecieron ahogados.
 
La tripulación les repetía a los pasajeros el desafío a Dios cuando abordaban el crucero, lo que causó un enfrentamiento con el vigía marinero David Blair, al que le dieron media hora para abandonar la embarcación. En la premura del tiempo, no entregó la llave de la cómoda donde se guardaban los anteojos larga vista, binoculares o catalejos del vigía de guardia. Y, lo peor, no rompen la cerradura para sacarlos; eran innecesarios para un buque insumergible.

Se presenta una conjunción del Sol y la Luna, presentando "sicigia" (marea alta y fuerte), que no es problema para un buque grande, pero sí causa el desprendimiento de témpanos o bloques de hielo (icebergs) en el cascote polar.

Al Titanic le llegaron ocho advertencias de icebergs, e inclusive el telegrafista de la M/N California, que se encontraba a 6 millas de distancia, le comunicó el paso de varios témpanos de hielo y que el capitán había dado la orden de suspender la navegación y esperar el día para continuar el trayecto.
 
El radio operador de Titanic, Jack Phillips, le respondió "cállese". Y eso fue lo que hizo, desconectó el equipo y se fue a dormir.

En ese momento, el capitán del California debió parar el Titanic, hacer una reunión de oficiales y tomar verdaderamente el mando de la embarcación, porque no le autorizaban bajar velocidad, navegar de día con vigías dotados de binoculares, que permiten observar obstáculos a 30 kilómetros.

Pero tenía marcado en hierro candente las frases de las escuelas náuticas y militares, "Como ordene" y "Cumplida su orden", que lo llevaron al desastre.

Respetuosamente, califico que como capitán, Smith no cumplió su deber. A las 23:40 horas del 14 de abril el vigía Fred Fleet, sin binoculares, avista un témpano de hielo a una distancia de 100 a 500 metros. Da la alarma; el oficial de guardia da las órdenes correctas: todo a babor, parar máquina, reversa, pero a esa distancia y a 40 km por hora, es imposible evadirlo.

El buque de 50.000 toneladas se estrella contra un témpano de hielo de 150.000 a 300.000 toneladas, produciendo un hueco debajo de la línea de flotación de 1 metro de diámetro, reventando casi un millón de los tres millones de remaches, inundando seis de los dieciséis compartimientos estancos, y con el agravante de que estos se comunicaban por encima y los mamparos llegaban hasta la primera cubierta.

El arquitecto del buque, quien estaba a bordo, revisa los daños y le comunica al capitán que el buque se hunde en cuestión de horas. Este le contesta: "¡Cómo, si este buque es insumergible!" El dueño, Bruce Ismay, abandona el buque.

El capitán pasa a la sala de comunicaciones para ordenar a los radioperadores Phillip y su ayudante Harold Bride radiar C.Q.D. (Come Quickly Danger -Vengan Rápido, Peligro-) y estrenar la sigla SOS, Save Our Sole (Salven nuestras Almas), para después dar la orden de lanzar bengalas, y ¡oh sorpresa mayúscula!: las bengalas de auxilio son rojas, y solo tenían las de color blanco y de colores, que son para las celebraciones de las fiestas.
 
Inexplicablemente, a pesar de tener un doble fondo reforzado, el insumergible Titanic se parte y los remaches se zafan, desprendiendo hasta la escotilla de proa, quedando en el fondo del mar regado en un área de 800 m.
jcaicedoster@gmail.com

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