Editorial: No más caras quemadas

Editorial: No más caras quemadas

12 de abril 2012 , 10:12 p.m.
El pasado miércoles, los lectores de este diario se tuvieron que sentir aterrados, apenados y escandalizados con las dramáticas crónicas sobre cuatro mujeres que tuvieron el valor de dar su testimonio como víctimas del ataque con ácido. Estos son los sentimientos encontrados que produce esta, que es una de las peores manifestaciones del maltrato contra la mujer.

Y, a pesar de su brutalidad, ha sido un delito que se ha mantenido casi escondido en nuestro país y del que más bien se conocían referencias internacionales, como las vividas en Irán o Pakistán, con más de doscientas mujeres víctimas al año. Apenas ahora aquí se está tomando conciencia de que esta agresión, inadmisible y absurda, está presente en Colombia y con una periodicidad aterradora.

En promedio, una mujer es atacada cada semana; 52 fueron quemadas con ácido en el 2010; 42 más el año pasado y ya se han conocido nuevos casos este año. El informe especial de EL TIEMPO describió las historias de mujeres como Gina Potes, María Cuervo, Consuelo Cañate y Angie Guevara, que con coraje dieron la cara con el fin de que los colombianos nos sensibilicemos y el país se mueva para que este delito se detenga.
Son mujeres que, además del daño físico, han tenido que soportar el trámite de un lado para otro en busca de que las empresas de salud les autoricen sus tratamientos. Y, como si fuera poco, han debido soportar la vergonzosa impunidad de la justicia. Solo dos casos han tenido condena y el infame crimen es considerado apenas dentro del concepto de lesión personal. Así que la condena máxima es de cuatro años. Increíble.

En Francia, el mes pasado, un caso fue juzgado como intento de homicidio, lo que en realidad es, y el responsable recibió treinta años de prisión. Como debe ser. Se trata de una agresión que detiene la vida social, personal, familiar de estas mujeres. Por eso resulta de vital importancia que el proyecto de ley que congresistas del Movimiento Mira presentaron en el Congreso sea puesto en debate rápidamente y que se comiencen a dictar condenas severas para los responsables. El objetivo es claro: no puede haber otra mujer con la cara quemada en Colombia y que el agresor diga que fue un "ataque de celos" y no un intento de asesinato. La impunidad es otro ácido detestable.

editorial@eltiempo.com.co

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