Editorial: Otra vez la lista negra

Editorial: Otra vez la lista negra

11 de abril 2012 , 08:39 p.m.
Colombia ha caído una vez más en la llamada 'lista negra' de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. El pasado lunes 9, mientras en las plazas del país se conmemoraba oficialmente a los cientos de miles de víctimas del conflicto interno, y al tiempo que en Cartagena se definían los últimos detalles de la Cumbre de las Américas, el informe anual de la Comisión cayó como un baldado de agua fría. Este, si bien reconoce esfuerzos como la aprobación de la ley de víctimas y restitución de tierras o las iniciativas administrativas para reparar los devastadores efectos de la violencia política, señala "la persistencia de situaciones coyunturales o estructurales" que afectan el ejercicio de los derechos fundamentales en Colombia.

Se habla de las escasas condenas por las ejecuciones extrajudiciales, de los incesantes desplazamientos causados por los grupos armados ilegales y del empeño por valerse del fuero militar a la hora de juzgar violaciones de los derechos humanos.

El Estado colombiano ha venido insistiendo, desde el pasado gobierno, en que la Comisión evalúe cada año a los 34 Estados miembros de la OEA para que no quede en el aire la sensación de que siempre se señala a los mismos países por actos que los demás también cometen. Se trata de quitarles a Colombia, a Venezuela, a Cuba y a Honduras, examinados con lupa año tras año, el estigma que tanto les ha pesado en estos últimos tiempos.
La meta es que los avances o los retrocesos de cada nación en materia de derechos humanos sean medidos en el contexto de la región.

Quizás sea una buena idea. Y sin duda tenían razón quienes aseguraron desde el lunes que Colombia tiene que dar grandes pasos en la materia, pero que esos pasos se están dando. Sin embargo, lo más importante de este nuevo campanazo de alerta es que sirva para que los gobiernos sigan entendiendo -como han venido demostrándolo- que lo importante no es probarle las buenas intenciones a la Comisión ni mucho menos modificar la forma como se evalúa a los países en el cumplimiento de los derechos fundamentales, sino redoblar esfuerzos en su empeño de decirse la verdad sobre la violencia política, de reparar los graves daños que trae aún el conflicto y de poner, por encima de todo, el respeto por los derechos humanos.

editorial@eltiempo.com.co

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