La Heroica volvió a ser una fortaleza en seguridad

La Heroica volvió a ser una fortaleza en seguridad

Agentes secretos, 4 submarinos y 400 francotiradores modifican el paisaje de la ciudad.

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07 de abril 2012 , 08:49 p. m.

Desde hace un mes, más de cien agentes secretos de todos los colores deambulan por las calles coloniales de Cartagena. No hablan con nadie, pero en los restaurantes los reconocen porque lo primero que piden, apenas se sientan, es un revoltillo de licores llamado Tom Collins. "Son los únicos seres humanos capaces de tomarse ese jarabe", comentan los meseros, muertos de risa. (Lea aquí: María Margarita Salas, la mujer que puso a marchar a Cartagena)

Cuatro submarinos custodian la bahía. Hasta los alcatraces despiertan sospechas. Pero, a pesar de tantas medidas de protección, un campesino garantiza que se acercará al Presidente de Estados Unidos para entregarle dos burros cargados de frutas. No creo que lo logre: durante la Cumbre de las Américas 9.600 hombres vigilarán la ciudad. Mil de ellos formarán la guardia de Obama. Nadie podrá circular por el centro histórico, a menos que porte una credencial. Bañarse en el mar será casi un milagro.

Islas y azoteas

Las restricciones son severas para la visita de 33 mandatarios. Residentes y comerciantes del sector amurallado protestan porque se sienten desplazados en su propio territorio. Las primeras víctimas han sido los vendedores ambulantes de pulseras y minutos para celular, encabezados por su líder, un hombre al que llaman 'Sincelejo', que se gana la vida preparando cocteles de camarón. (Lea aquí: Encuentro de 'multilatinas', las grandes compañías en América Latina)

Los tenderos, a su vez, saben que si no hay tráfico no habrá clientela. Pero como todo tiene compensación, comerciantes y familias guardan sus quejas porque sacarán provecho de una bonanza inesperada: están alquilando sus azoteas para instalar a 400 francotiradores.

Se espera que lleguen unas 11.000 personas. La delegación más numerosa, como puede suponerse, es la de EE. UU. La más pequeña, de 6 personas, proviene de San Vicente y las Granadinas, unos islotes que Colón descubrió y que hoy tienen 100.000 habitantes. A algunos gobernantes de minúsculas naciones del Caribe habrá que buscarlos en aviones colombianos, porque no tienen uno propio ni presupuesto para pasajes. (Lea aquí: Cuba: la vieja piedra en el zapato)

La primera dama y las dos comidas

La preparación de un evento como la Cumbre de las Américas es tan compleja que necesitó 4 años de trabajo. Pero cuando ya todo está arreglado, el más mínimo detalle se puede convertir en un problema de Estado. Eso fue, ni más ni menos, lo que sucedió con la esposa de un presidente centroamericano. (Lea aquí: Las drogas: un debate antes impensable está ahora sobre la mesa)

Mientras la organización se rompía la cabeza armando el laberinto de la seguridad, la señora envió una carta en la que exige que no se le otorgue el título familiar de Primera Dama, sino el cargo oficial de Ministra Plenipotenciaria. Para complacerla tocó rehacer la mitad de las disposiciones de protocolo. (Lea aquí: 'En la Cumbre se romperá una contradicción de 40 años': Moisés Naím)

Hay otro episodio que sería cómico si no se tratara de un asunto tan serio: desde el mediodía del domingo 15, y hasta las 6 p.m., el presidente Obama hará una visita formal al Gobierno de Colombia y todo el esfuerzo de la Cancillería se centrará en un almuerzo de gala para agasajarlo. Pero a partir de las 6, cuando Obama termine de limpiarse con la servilleta, comenzará el encuentro oficial entre el presidente Santos y Dilma Rousseff, presidenta de Brasil. Lo que significa que apenas levanten el mantel tendrán que poner otro para la cena de postín. Cómo me gustaría ver a Obama comiendo el postre mientras Rousseff apenas está en el aperitivo. (Lea aquí: Barack Obama será puesto a prueba en la Cumbre de las Américas)

El batallón médico

Otra preocupación fundamental es la salud de mandatarios y visitantes. Pero encontraron que no hay en Cartagena un hospital que cumpla las exigencias internacionales. Fue menester equipar aviones especiales para cualquier contingencia. El personal de salud está compuesto por 600 personas, entre médicos, enfermeras y socorristas. Cuarenta ambulancias cubrirán todos los desplazamientos de los presidentes. Especialistas en emergencias harán turno en los hoteles el día completo.

El comando médico central lo dirigen tres expertos en urgencias: Francisco Holguín, Gabriel Paredes y Juan Carlos Rojas. Su experiencia es tan apreciable que Holguín tuvo a cargo la atención de Juan Pablo II en su visita a Colombia, hace 26 años. "La colaboración de los cartageneros ha sido perfecta -comenta Holguín-. El único lunar es el déficit hospitalario". En una de las clínicas que visitaron no había gasas ni algodón. "Nos tumbaron la licitación de suministros", explicaron los administradores. (Lea aquí: 'La de Cartagena será una cumbre con resultados': María Ángela Holguín)

Empleo, carro y cables

Estarán ocupadas 3.000 habitaciones hoteleras de 5.500 disponibles. Lo curioso es que, para su renombre, a un hotel le conviene más alojar a un presidente que a sus séquitos, pero en materia económica es al revés: los presidentes vienen con el tiempo medido y se van a las carreras; los demás, en cambio, suelen tomarse unos días para hacer turismo. Los presidentes producen prestigio, pero los anónimos producen plata.

Al lado de seguridad y salud, hay un tercer frente que en estos tiempos modernos requiere atención especial: la tecnología. Fue necesario cablear toda la ciudad a fin de comunicarla con el mundo. Tendieron una red de 39 kilómetros para computación, Internet, señales de sonido e imágenes de televisión.

Para adelantar la organización logística fue necesario que se unieran 3 de las empresas de viajes más importantes de Colombia: Aviatur, Gema Tours y Contactos. Contrataron 3.000 empleados con más de 5.000 celulares. Era tanta la gente que aspiraba a trabajar en la Cumbre que tuvieron que abrir una oficina para recibir hojas de vida. Otros miles ofrecieron sus carros en alquiler.

Se espera la llegada de 15 aviones presidenciales -tres de ellos con Obama- y 34 con empresarios. Lo cierto es que no caben en el aeropuerto de Cartagena, que está en remodelación. La mayoría tendrá que parquearse en Barranquilla y Bogotá, e, incluso, en países vecinos, como Panamá, Aruba o Curazao. (Lea aquí: América Latina buscará un diálogo renovado con EE. UU.)

Todo ese operativo, desde un alfiler hasta los aviones, está a cargo de María Margarita Salas, del Ministerio de Relaciones Exteriores (ver nota abajo). Es incansable y tiene un largo kilometraje en estos menesteres: en 1995, también en Cartagena, fue una de las organizadoras de la reunión de Países no Alineados. En aquella ocasión trabajó a órdenes de María Ángela Holguín, secretaria técnica del evento. Holguín es hoy la canciller y Salas, la que organiza.

Epílogo

El salón para las reuniones privadas es una verdadera obra de decoración. Las paredes tienen todos los azules del Caribe. Están adornadas con el símbolo de la reunión, un colibrí de alas abiertas detenido en el aire. Luego de la Cumbre, los bastidores acolchados que cubren los muros irán al hospital infantil local, para instalar nuevas cunas.

Después de semejante ajetreo, los colombianos solo esperamos que todo salga perfecto y que aquel campesino de Turbaco pueda entregarle a Obama su carga de guayabas y zapotes, y los dos burros. Hasta donde se sabe, a nadie le ha hecho daño una guanábana madura.

Juan Gossaín
Exdirector de Noticias de RCN Radio. Está radicado en Cartagena.

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