Padres e hijos

Padres e hijos

Quienes venimos del pasado vemos cómo han cambiado las relaciones padres-hijos.

06 de abril 2012 , 08:03 p.m.

Los hechos violentos ocurridos en Bogotá contra TransMilenio; en la U. Nacional contra la elección del nuevo rector; en Tunja contra disposiciones de la U. Tecnológica; en Suba cuando manipulaban explosivos, fueron protagonizados por jóvenes. Destrozaron bienes públicos, lanzaron papas bomba contra la Policía, jugaron (?) con fuego. Murieron tres jóvenes y hubo varios heridos.

En colegios públicos de Bogotá y otras ciudades, a pequeños escolares les han encontrado cuchillos y navajas en sus mochilas. Con frecuencia, los encuentros entre adolescentes son violentos. Hasta con muertos. La violencia que se vive a diario en vivo y en directo es transferida a todas horas por la 'tele', que la incluye hasta en los noticieros. De remate, militares y policías alertan sobre infiltración de subversivos en universidades.

Vivir en un país en donde hace más de 40 años suenan ametralladoras y bombas por todas partes, donde cualquiera, por cualquier disgusto, saca revólver, cuchillo o navaja, para atacar o para defenderse, nos ha familiarizado con la violencia. Es pan de cada día, que los mayores manejan a su manera, mientras afecta en materia grave a niños y adolescentes. Los más débiles y menos preparados se confunden. Creen que echar bala es cosa de machos, de valientes. Lo hemos visto en estos días. A todas estas, ¿qué dicen los padres de familia? ¿Qué dicen los maestros? ¿Dónde han estado todos ellos?

Quienes venimos del pasado vemos cómo han cambiado las relaciones padres-hijos. De la sociedad patriarcal, donde la figura de papá y mamá era casi sagrada y era una osadía contradecir o desobedecer, saltamos a esta sociedad abierta,donde es corriente que los hijos trapeen con sus padres. En los años 50, cuando comenzó a calar la doctrina del pediatra gringo Benjamín Spock, los espacios que ganaron los hijos los perdieron los padres, y el bote fue total. Los hijos se liberaron y los padres se arrodillaron. "Antes me dominaron mis padres y ahora me dominan mis hijos", dice un amigo contemporáneo. Y es tal el dominio filial que los padres no se atreven a preguntarle al hijo de dónde viene o para dónde va. Al amparo de tanta autonomía han crecido peligrosas pandillas. Los jóvenes se agrupan para divertirse, pero también para cometer atropellos y hasta delitos. Se ha llegado al extremo de que el hijo asesine a sus padres.

Aunque dictarles cátedra a los hijos es cada vez más difícil, pues con frecuencia estos saben más, son tantos los estragos causados por la violencia, la corrupción, la maldad en el mundo joven, que es fácil pensar que, en esa rueda suelta en que viven algunos, ha hecho falta que progenitores y maestros reasuman la tarea que les concierne: guiar, cuidar, orientar, como también prohibir, castigar, poner riendas. Pues, por lo que se ve, hay mucho joven desbocado, muy a sus anchas en lo bueno y en lo malo, sin que se den cuenta progenitores y maestros. Sin que se les ocurra meter baza.

Familiares de muchachos que actuaron con violencia en los últimos días, entrevistados por los medios, los defendieron. Y Semana dice que ni sabían en dónde estaban. El saldo de tres muertos, varios heridos, destrozo de bienes públicos obliga a padres y maestros a pensar en que algo tienen que hacer. Como lo hacen las autoridades al exigir que los daños causados por sus hijos los paguen los padres. Eso es justicia: que quien destroce pague. Por esa vía algo podrá lograrse, pues la gente brinca cuando le tocan el bolsillo. Pero, ¿cómo responder por las vidas que se perdieron en medio de las trifulcas? ¿Con qué responderle a un padre por la muerte de un hijo? El desenfreno de las protestas juveniles debe castigarse con más severidad.

Saldos tan trágicos demuestran que los jóvenes no pueden seguir actuando como fieras. Y obliga a reaccionar a padres y a maestros, pues, a sus espaldas, no puede seguir prosperando la violencia.

LUCY NIETO DE SAMPER
lucynds@gmail.com

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