La primera misa folclórica en Colombia cumple 50 años

La primera misa folclórica en Colombia cumple 50 años

Un sacerdote, impulsor del cambio, contó como fue esa polémica transición.

06 de abril 2012 , 06:14 p.m.

La misa que el pueblo católico celebra hoy con entusiasmo y que cada día contiene más elementos musicales, fue objeto de severas críticas hace cerca de 50 años, luego de que el Concilio Vaticano II ordenara que cada región o país celebrara el ritual en la lengua vernácula, y de igual forma, los cánticos que la acompañan.

El cambio radical de una misa en latín, con el cura de espaldas a los feligreses, a una misa más cercana a la propia gente, con cantos en ritmos populares, escandalizó a más de uno.

Columnistas leídos y destacados como Enrique Santos Montejo, Calibán, en una de sus célebres escritos en 'La danza de las horas', en EL TIEMPO dedicó una nota  los curas franciscanos que 'se movían al son de una cumbia'.

"Mi padre San Francisco revolcándose en  su sepulcro, dentro de su hábito, al son de una cumbia que estos frailes modernos le hicieron", escribió, palabras más palabras menos, el famoso periodista y uno de los más leídos en la historia del periodismo colombiano.

En Colombia una vez que  salieron los primeros textos oficiales,  para los años 1963-1964, un joven que cursaba estudios teológicos, que además era  músico y poeta, se dedicó a componer música para las expresiones: 'Señor ten piedad', 'Gloria  al Dios en el cielo',  'Creo en un solo Dios', 'Santo, Santo'  y  'Cordero de Dios que quita el pecado del mundo' que,  antes del Concilio,  eran recitadas en riguroso latín.

Este joven, uno de los culpables de la 'satanización' que se le dio a la nueva forma de dar la misa, fue Rubén Darío Vanegas Montoya, en ese entonces estudiante de teología, y autor de la primera Misa Folclórica Colombiana,  la cual se  ofició en  la iglesia de la Porciúncula de Bogotá.

De allí, se generalizó a todo el país, en un proceso que no estuvo exento de espinas y uno que otro dolor de cabeza.

El salto de pasar de cantos gregorianos a cantos vernáculos las 11 misas y la polifonía eclesiástica, se inició, según lo recuerda el padre Vanegas, en Francia, con los salmos compuestos por un sacerdote de apellido Gelinau.

"Toda la música la compusimos con ritmos colombianos como bambucos, pasillos y cumbia, que no eran ritmos tropicales tan intensos como los que lo que se escucha hoy, pero en ese tiempo produjeron un gran  escándalo", recuerda el sacerdote.

Este año, cuando se cumple medio siglo de la convocatoria del Concilio Vaticano Segundo hecha por el  Papa Juan XXIII en 1962, para  propiciar  una apertura con el mundo moderno, el sacerdote franciscano que estudió música en Europa, recuerda cómo fue la transición.

"Aunque los alcances de este proceso que dio vida al Concilio Vaticano II son muy amplios porque abogan por una nueva orientación de la experiencia del catolicismo en general, posiblemente el aspecto más sobresaliente concentra en la misa, el ritual fundamental y celebrado de manera más estricta del culto católico", señaló.

Misa a lo colombiano 

Después de esa  primera Misa Folclórica, cuando se completó un  Larga Duración con 6 canciones de tipo religioso y algunas de ellas con movimiento rítmico moderno, se produjeron  titulares de prensa como uno que decía:  "Los franciscanos de la Porciúncula se mueven al ritmo del twist".

Y lo más pintoresco, según recuerda fray Rubén Darío es que en una de las carátulas de los discos grabados aparecía él con una acordeón en el hombro.

"Una  de sus canciones  dice: 'Con un acordeón al hombro y una sonrisa en los labios,  pase la vida cantando',  y todo eso, en  la década de los años 60,  lo asumía la prensa  como algo sensacional", recuerda el sacerdote franciscano.

Fray Rubén Darío recuerda que, incluso, algunos obispos aceptaron decir la misa en lengua vernácula pero hicieron todo lo posible para que los cantos se siguieran presentando en la forma tradicional.

El argumento que utilizaban para demeritar los cánticos en música popular criolla era que la única forma para acercarse a Dios por medio de la música era a través de los cantos gregorianos.

"Aunque  nadie la prohibió, algunos obispos no aceptaban que se cantaran, mientras otros obispos como los de Manizales, Bucaramanga y  Medellín, los llamaban gustosos para  que la oficiaran. Los feligreses, entraban a misa,  unos convencidos de lo que iban a escuchar y otros buscando que criticar, pero todos salían felices y hasta nos  felicitaban", anota el sacerdote.

En lo que si no hay discusión es que la primera Misa Folclórica Colombiana, marcó la pauta para misas folclóricas en otros países latinoamericanos.

Fray Rubén Darío recuerda que un grupo de  sacerdotes Jesuitas de Venezuela, le solicitó el envío del 'Aleluya', en pasillo, y con él ganaron una de las versiones del  Concurso de Música Religiosa Moderna. "Del premio que ganaron me mandaron una platica", anota sonriente.

Aunque la mayoría de los nuevos cantos los compuso el padre en pasillos y bambucos, también se atrevió a los ritmos costeños como la cumbia y el porro, y fue más allá, al componer una en el pegajoso y entonces de moda ritmo del twist.

Junto con el argentino Ariel Ramírez, autor de la misa criolla argentina, el padre Vanegas se hizo famoso en Latinoamérica por sus habilidades para componer las misas folclóricas, villancicos y cantos de esperanza.

El padre Vanegas dice que su vena musical y poética tiene como único antecedente al poeta antioqueño Hernando Montoya, autor de la letra del conocido bambuco 'Corazón antioqueño', quien era primo hermano suyo.

Desde hace un año el sacerdote vive en Cartagena donde ejerce como secretario general de la universidad de San Buenaventura, y, como su vocación musical hace que nunca se esté quieto, prepara otro disco con canciones religiosas, pero esta vez más acorde con los tiempos modernos.

"Me gusta mucho la sonoridad de la champeta y de la música que bailan los jóvenes, así que preparé varias canciones con estos ritmos pegajosos, pero con letras muy distintas a las de ahora", advierte el sacerdote franciscano.

Un frayle envigadeño con vena musical

El padre Rubén darío Vanegas Montoya, nació en Envigado en 1942. Fue ordenado sacerdote el 22 de 1968, por su Santidad Pablo VI.

Se graduó de filosofía en la universidad de San Buenaventura, en 1963 y luego estudió teología. Su actividad musical innata la complemento con estudios en la Escuela Superior de Música de Rin, en Colonia (Alemania), entre 1974 y 1976.

Ha publicado diez lp de carácter religioso y tres cd de corales. También es autor de un libro de corte costumbrista 'Del carriel y la guayaba'.

JUAN CARLOS DÍAZ MARTÍNEZ
Corresponsal de EL TIEMPO
Cartagena

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.