Política, violencia y pérdida de valores, en sermón de las 7 palabras

Política, violencia y pérdida de valores, en sermón de las 7 palabras

Obispos aprovecharán este viernes santo para abordar, desde los púlpitos, temas críticos del país.

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05 de abril 2012 , 12:29 a.m.

Las siete palabras que Cristo pronunció antes de morir, conocidas como el Sermón de las 7 palabras del viernes santo, son aterrizadas por los obispos y sacerdotes a la vida nacional.

En esta ocasión, siete obispos colombianos interpretan las palabras de Jesús en la cruz y reflexionan sobre la violencia, el perdón, el narcotráfico y la necesidad de llevar una vida basada en los valores y la espiritualidad.

Primera palabra:

Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen.
Monseñor Rubén Salazar
Presidente de la Conferencia Episcopal

Esta es una palabra de perdón. En Colombia se escuchan, con cierta frecuencia, las siguientes palabras: "Que Dios lo perdone, porque yo no lo puedo perdonarlo". Allí se pone en evidencia un drama humano tremendamente duro. Nosotros, los seres humanos, no somos capaces de perdonar porque sentimos la herida de la ofensa en lo más íntimo del corazón y suele importar más la sed de venganza.

Colombia es un país que ha vivido en la guerra durante tantos y tantos años. Y se han venido creando situaciones de injusticia, dolor y miseria, que las víctimas recuerdan a diario. Hemos creado una situación de odio, de incapacidad de la reconciliación.
Necesitamos la reconciliación en Colombia, dejar de mirarnos los unos a los otros como enemigos; que en nuestros corazones no haya más odio, envidias o deseo de venganza, para poder construir una sociedad en paz, justa y fraterna. ('Es hora de pensar en un verdadero proceso de paz': monseñor Salazar)

Segunda palabra:

"En verdad te digo, hoy estarás conmigo en el paraíso"
Monseñor Ricardo Tobón Restrepo
Arzobispo de Medellín

Esta segunda palabra de Jesús en la cruz nos presenta un hecho que ratifica el mensaje de perdón de la primera. A uno de los ladrones crucificados le dijo: "En verdad hoy estarás conmigo en el paraíso", una muestra del poder salvador del perdón.

Nuestro país cambiaría radicalmente si hoy todos los que se dedican al narcotráfico, a la violencia, a la corrupción, quisieran convertirse y acoger el perdón de Dios. Nuestras ciudades cambiarían totalmente si decidiéramos hoy iniciar una nueva vida bajo la acción salvadora de Cristo.

Nuestros hogares cambiarían si lograran superar el egoísmo, la agresividad, la desunión, y entraran en la dinámica de la comprensión, el amor y el perdón que Cristo nos enseña. Nuestras vidas cambiarían para siempre si dejáramos que la luz y la paz de Dios penetrara nuestro corazón.

Tercera palabra:

'Mujer, he ahí a tu hijo; hijo, he ahí a tu madre'.
Monseñor José de Jesús Quintero Díaz
Vicario Apostólico de Leticia (Amazonas)

La feminidad propia de la mujer, la maternidad, es encomendada por Dios a la masculinidad, a la paternidad, a su filiación como ser humano partícipe de la obra creadora. Quiere decir que hombres y mujeres estamos involucrados en su gran misterio de amor de Cristo. Y espera respuesta de amor, respeto, solidaridad y fidelidad a la mujer, a la madre, a la hermana, a la hija, a la suegra, a la nuera.

Que María esté muy cerca de nosotros para amar siempre y ser liberados de los odios, rencillas, violencias y desenfrenos.
Que no haya mujeres maltratadas, madres torturadas, jóvenes y niñas violadas, vientres tempranos como sepulcros tristes y lúgubres de la vida humana. Que con dignidad podamos ordenar las pasiones humanas para que se conviertan en amor, dinamismo de progreso sano y solidaridad con los más necesitados, para que de este modo nos concedas lo que te pedimos y venga tu reino.

Cuarta palabra:

'Dios mío, por qué me has abandonado'
Monseñor Héctor Javier Pizarro
Vicario apostólico de Trinidad (Casanare)

Las obras que el príncipe de las tinieblas produce al interior de nuestra sociedad están a la vista: los niños no nacidos, las víctimas de la violencia intrafamiliar, del terrorismo, y de la anticultura de la muerte; los eliminados por la guerra y el hambre, la conciencia corrompida por el dinero fácil y los carruseles de la deshonestidad.

Pese a este sombrío panorama de la oscuridad de la mente y los corazones, nada está perdido, aún queda la esperanza de salvación mientras el hombre sea capaz de levantar la mirada hacia aquel que es la luz del mundo.

Al terminar esta reflexión, ofrezco mi oración por aquellos que se sienten en abandono. Por los enfermos en los hospitales, las mujeres y niños abandonados y maltratados, por los desposeídos de la tierra a causa de la violencia; por los secuestrados y los injustamente condenados, por los que perdieron sus bienes en la reciente ola invernal. En los que no le encuentran sentido a su vida.

Quinta palabra:

'Tengo sed'
Monseñor Héctor Gutiérrez Pabón,
Obispo de Engativá (Bogotá)

La muerte de nuestro Señor, y su resurrección, pretende que todos tengamos sed de vida, de paz y de resurrección. Hemos desangrado a nuestra patria, le hemos roto las arterias de la fe en Dios. Le hemos roto la arteria madre de la esperanza y de la ilusión, asesinando a sus hijos en una guerra demente.

Somos un pueblo que en forma inescrupulosa puso en la mesa los tesoros espirituales de nuestra fe y los perdió en la contienda tramposa e injusta de la subversión armada, del terrorismo criminal, del ladino juego del narcotráfico y la corrupción.

Cuando vemos que se secaron las fuentes de la honradez y la fidelidad matrimonial, del respeto por el prójimo, del amor a Dios y por la naturaleza, levantamos la voz a decir: 'tengo sed'. Es sed de Dios. Sed del retorno de sus hijos secuestrados y desaparecidos. Colombia tiene sed de justicia, de políticos honestos y gobernantes sin pecado; de periodistas veraces, de sacerdotes santos y campesinos enamorados del campo.

Restituida y envilecida, corroída por el cáncer del divorcio, el aborto y la unión libre, Colombia grita desde los hogares: "tengo sed de fidelidad".

Sexta palabra:

'Todo está consumado'.
Monseñor Oscar Urbina Ortega
Arzobispo de Villavicencio (Meta)

Todo está consumado. Jesús dijo: "Mi muerte es redención y salvación para toda la humanidad, a eso me mandó mi padre: a salvar a los hombres". Cristo vino a salvarnos del pecado y de todas sus funestas consecuencias, que son todos los males del mundo y la misma muerte. Hoy entonces, nos podemos plantear los siguientes interrogantes. ¿Creemos en el pecado? ¿Nos creemos pecadores?

Si es así, nos entregamos a Dios para que nos salve en el nombre de su hijo. Pero si es usted uno de tantos hombres hoy en el mundo que no creen que hay pecado, si se cree un hombre perfecto que no tiene necesidad de nada ni de nadie, mi querido hermano, con todo dolor tengo que decirle que Cristo no existe en usted.

Él dijo: "He venido a salvar lo que estaba perdido, no a salvar a los sanos sino a los enfermos". Si para usted el pecado no existe, entonces tampoco Cristo pudo cumplir su misión en usted y hoy Cristo no podría decir: "todo está consumado". Cristo nos invita a vivir la justicia, porque hoy el mundo es injusto, no hay solidaridad ni fraternidad. Hoy es el mundo del "sálvese quien pueda', la ley del más fuerte, y la medida de todo es el dinero.

Séptima palabra:

'Padre en tus manos encomiendo mi espíritu'
Monseñor Luis Madrid Merlano
Arzobispo de Nueva Pamplona (Norte de Santander)

Esta palabra es salvadora, porque nos llega al fondo de la vida, porque toca y sana la existencia materialista que nos agobia. Vivimos en un mundo en el que ya no hay espacio para el espíritu. Obsesionados por el dinero permanecemos encerrados en los horizontes estrechos del materialismo. Ejemplos tenemos a granel, pero el que más salta es el de la educación. Educar a un niño, un joven o una señorita no es ya formar un honesto ciudadano, ni un padre o madre de familia cristianos, ni una persona con valores cívicos o religiosos. Los aspectos éticos o morales poco cuentan.

Hasta la educación física y la recreación superan en importancia a la educación moral y religiosa, que algunos educadores han desterrado. Y dentro de este abandono la más perjudicada es la familia: hogares sin Dios, sin la santa misa dominical, sin oración. Pobres hogares, vacíos de espíritu, caricaturas de una verdadera familia. Qué se puede esperar de la fidelidad de los esposos o de la obediencia de los hijos. (Haga clic aquí para más información sobre el sermón de las 7 palabras)

REDACCIÓN VIDA DE HOY

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