Flagelantes, el polémico fervor en Santo Tomás, oriente del Atlántico

Flagelantes, el polémico fervor en Santo Tomás, oriente del Atlántico

Este Viernes Santo, 30 personas se autolacerarán para pagar las promesas que Dios les cumplió.

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04 de abril 2012 , 10:13 p.m.

Debajo de un árbol cargado de jugosas ciruelas que se estrellan en la tierra por su peso, es donde desde hace varios días Rita Taibel Acosta se prepara en silencio para salir a pagar la promesa que asegura le cumplió Dios. (Vea además, Peregrinaje en el santuario Las Lajas)

Bajo el sopor de las 3 p.m. que arropa a Santo Tomás, en el oriente del Atlántico, aprieta con fuerza entre sus pequeñas manos un pedazo de cabuya del que se desprenden siete tiras. En sus puntas hay bolas de cebo.

Este látigo, que en el pueblo es conocido como "disciplina", será con el que Rita se flagele el Viernes Santo para cumplir su manda. Allí, en el fondo del patio de arena, donde los pájaros bajan a picar las ciruelas regadas, la robusta mujer da su testimonio. (Conozca al hombre de las procesiones desde hace 25 años)

"(Dios) salvó a mi hijo de 25 años de una gangrena que le consumía lo que le quedó de la pierna después de un accidente". Es por esta razón por lo que dice estar lista para sentir en su cuerpo el mismo dolor que sintió Jesús en la cruz.

Las noticias que le han llegado sobre las restricciones de la Alcaldía, la desaprobación de la Iglesia católica y el malestar de algunos familiares y amigos no la desconcentran. Dice que su fe sigue intacta y que, a medida que se acerca el día, es más fuerte. "Cumpliré mi penitencia por encima de la cabeza de quien sea", dice con claridad.

Desde hace más de un siglo, a Santo Tomás llegan todos los viernes santos personas de diferentes regiones del país y hasta de Venezuela a pagar penitencias mediante la autolaceración. Este año se esperan 30 flagelantes.

Los penitentes salen de un playón del caño de Las Palomas. Recorren casi dos kilómetros a paso lento por la polvorienta calle La Ciénaga, la primera que existió y que se dice que sus habitantes no dejan pavimentar para no interferir con esta tradición, pues deben hacer el recorrido descalzos mientras se dan latigazos de derecha e izquierda en su espalda desnuda.

El doloroso desfile, que dura casi dos horas, termina en la Vieja Cruz, una pequeña capilla hasta donde llegan desfalleciendo, con la espalda ensangrentada y vejigas en la planta de los pies, a darle a su manera gracias a Dios por los favores recibidos.

Jorge de la Hoz Pérez, conocido como 'Mi sangre' y que se flageló durante 19 años consecutivos, es uno de los 'picadores' -personas que preparan y acompañan a los flagelantes-. En esta oportunidad estará pendiente de Rita.

Jorge se encarga de hacerles pequeños cortes con cuchilla de afeitar en la espalda donde se forman los hematomas, para que brote la sangre y no se infecten. Lleva un atomizador con alcohol antiséptico con el que va limpiando la herida. Al final les aplica una poción a base de romero tostado para que las heridas cicatricen y las forra con una venda. "Al día siguiente están bien. La fe es muy grande", afirma.

Rita ya tiene listo el capirote, capucha que luce en todo el recorrido; el corpiño, que cubre su busto; el pantalón blanco con diminutas cruces negras y el látigo.

Debajo del ciruelo ora, practica el paso, uno adelante y dos atrás, y cómo se azotará. Aprieta entre sus dedos las bolitas de cera y vuelve a repetir que está preparada para cumplir la promesa.

Niños no podrán participar

Las autoridades tomaron este año una serie de medidas para controlar la jornada. Habrá 'ley seca' a partir de la 6 p.m. del Jueves Santo hasta las 6 a.m. del Viernes Santo, y de 6 p.m. del mismo día hasta las 6 a.m. del sábado.

También se prohibió usar equipos de sonido con alto volumen en vías públicas y se recomendó la reproducción de música clásica o romántica.

Quedó prohibida la participación de menores de edad en actos de penitencia. Generalmente los niños asisten vestidos de nazareno cargando cruces a cuestas acompañando a sus padres, y otros les cargan el licor que beben los flagelantes en el tortuoso recorrido.

Agentes del ICBF estarán pendientes en el desfile de los penitentes, para que se cumpla con esta determinación.

Leonardo Herrera Delghams
Enviado especial de EL TIEMPO
Santo Tomás (Atlántico).

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