La revelación para la era actual, Bahá'u'lláh

La revelación para la era actual, Bahá'u'lláh

"Te haremos victorioso por Ti mismo y por Tu pluma. No Te aflijas por lo que Te ha acontecido".

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04 de abril 2012 , 09:09 p.m.

Su historia es como un cuento oriental, pero, al contrario de figuras como Jesús, Mahoma o Buda, está total y rigurosamente documentada.

Se llamaba Husayn Alí, pero se le conoce como Bahá'u'lláh (Gloria de Dios) y nació en 1817, en Teherán (un año antes que Carlos Marx y 13 años antes de la muerte de Bolívar). Maestros privados le habían enseñado a leer y escribir en la lujosa casa de su padre, pero nunca fue a una escuela formal ni recibió conocimientos superiores. Descendía de reyes y por la prominencia de su papá, que había sido visir, y por la inteligencia que desde muy joven mostró, estaba destinado a ser ministro en el gobierno de Persia (hoy Irán).

¿Cómo llegó a caer, en Teherán, en aquella prisión subterránea, llamada el Pozo Negro, un lugar húmedo y maloliente donde compartió cuatro interminables meses con los prisioneros de la peor calaña de su país, el reino? ¿Y cómo pudo después, pese a que fue perseguido toda su vida, sobrevivir y fundar una religión que hoy supera los cinco millones de creyentes sobre el planeta, está representada en Naciones Unidas y sus principios, proclamados hace a mediados del siglo diecinueve atraviesan la sociedad actual?

Al igual que Juan el Bautista, que anunció la llegada del Mesías, la aparición de Bahá'u'lláh fue pregonada por un joven dos años menor que él, llamado 'Alí Muhammad, conocido como el Bab (la Puerta).

Era un comerciante de profunda religiosidad que, a los 25 años, proclamó que tenía una misión de carácter divino y advirtió que el prometido de todas las escrituras sagradas ya estaba entre ellos. Todo esto, en una Persia teocrática, en la cual el poder de la casta clerical sobre el gobierno era total. El islam lo consideró una herejía y los gobernantes vieron en el babismo una amenaza de orden político.

La conferencia de Badhast, en la que se encontraron los más connotados babíes, definió un rumbo para la nueva religión, que tomó una marcada distancia en los ritos y en su moral con relación al islam. El Bab se encontraba preso por aquellos días, situación que terminó con su fusilamiento, cuanto tenía solo 32 años.

Fue entonces cuando dos seguidores fanatizados del Bab cometieron un frustrado intento de asesinato contra el Sha, y Bahá'u'lláh fue a parar a prisión, como una de las cabezas visibles del movimiento. La presión del embajador ruso fue decisiva para lograr la libertad de Bahá'u'lláh, pero su salud ya estaba minada.

Desde entonces, se desató un genocidio que en menos de 10 años acabó con la vida de no menos de 20.000 personas.

La Fe Bahá'í, nacida de la acción espiritual de estos dos profetas, los tiene como sus figuras fundadoras y los denomina la 'revelación gemela'. Nunca se conocieron, pues cada uno actuaba en una región distinta de la antigua Persia.

Bahá'u'lláh, en adelante, será despojado de sus propiedades y desterrado. El resto de su vida lo pasará en un exilio inacabable que lo lleva a Bagdad, Constantinopla, Adrianópolis, Alejandría y Port Said y Akká (hoy Estado de Israel), ciudades del antiguo Imperio Otomano, siempre en condición de prisionero, con toda su familia.

La revelación

Bahá'u'lláh cuenta que en la prisión del Pozo Negro, agobiado por el peso de las cadenas y las enfermedades (no había sanitarios ni la más mínima condición de lo que hoy conocemos como salubridad), fue visitado por "una doncella, la personificación del recuerdo del nombre de Mi Señor, suspendida en el aire y delante de Mí", que le dijo: "Verdaderamente, Te haremos victorioso por Ti mismo y por Tu pluma. No Te aflijas por lo que Te ha acontecido, ni temas, porque Tú estás a salvo".

Las revelaciones de que fue objeto Bahá'u'lláh están recogidas en más de cien volúmenes. Este legado abarca no solo asuntos místicos y reflexiones, sino mandamientos y cuestiones prácticas de lo que él llamó Nuevo Orden Mundial, que los bahá'ís del planeta han venido implementando y se proponen llegar a ver realizados en el término de un milenio, que durará esta Dispensación de Dios.

Hablar de un Nuevo Orden Mundial, en el que las naciones se sentaran a tratar sus problemas en un ambiente de diálogo, hace más de 160 años, es suficiente para entender la fuerza de sus profecías. Desde el siglo veinte, y después de dos guerras mundiales que le costaron a la humanidad millones y millones de vidas, parece la cosa más obvia.

También dijo cosas como estas:

El sentido de la vida humana es conocer y adorar a Dios, pues la vida verdadera comienza más allá de la muerte.

Las distintas religiones serán una sola. Una religión que no sirve para alcanzar la concordia no es una religión. Los diferentes profetas que hemos conocido son mensajeros de un mismo y único Dios, pues Dios solo hay uno.

Se llegará a tener un gobierno mundial, a una economía mundial consensuada y a una lengua universal.

La mujer debe tener las mismas prerrogativas y educarse al igual que los hombres.

Las distinciones de raza, sexo y religión están llamadas a desaparecer, pues son factor de enemistad entre los hombres.

La ciencia y la religión son regalos que Dios le ha dado al hombre y que no tienen por qué ir cada una por un rumbo independiente.

El prejuicio, la mentira y la murmuración deben erradicarse de la conducta humana, lo mismo que los vicios como el alcohol y las drogas estimulantes.

La política genera pugnacidad entre los seres humanos. Es preciso evitar la participación en ella.

La humanidad camina hacia la paz, que no solo es posible, sino inevitable.

Otras particularidades de la Fe Bahá'í, que se define como la más joven de las religiones monoteístas, son:

Se gobierna mediante asambleas en las que todo miembro puede elegir y ser elegido; en ella no hay clero, por lo tanto, no hay nadie por encima ni por debajo de nadie.

No se ora en coro, pues la relación con Dios y con las escrituras es personal, de compromiso individual, cotidiano y sin intermediarios.

Su sede administrativa y espiritual está en Haifa (Israel), en el Monte Carmelo.

Bahá'u'lláh falleció en Akka (Acre), en 1892. Su hijo mayor, Abdul Bahá fue designado por él su intérprete y el desarrollador de su doctrina. En esa misión, luego de haber sido liberado de la prisión, viajó por Francia, Reino Unido, Estados Unidos y Canadá, para llevar el mensaje de su padre. A Abdul Bahá le sucedió Shoghi Effendi, su nieto mayor, quien extendió la fe por el mundo hasta llegar al número actual de más de 5 millones de creyentes.

Shoghi Effendi dio paso al orden administrativo que se basa en la Casa Universal de Justicia, órgano colegiado encargado de dar los lineamientos a las asambleas nacionales que operan en cada país.

En Irán, la Fe Bahá' es la minoría religiosa más amplia y continúa siendo perseguida por el gobierno de los ayatolás. Al triunfo de la revolución islámica, con el ayatoláh Jomeini a la cabeza, la totalidad de los miembros de la asamblea nacional de los bahá'í's fue condenada a muerte. Al ser nombrada una nueva, también sus integrantes fueron ejecutados.

Francisco Celis Albán
Editor de EL TIEMPO

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