El jainismo, una religión sin dios y con un desapego material total

El jainismo, una religión sin dios y con un desapego material total

"Un jainista verdadero errará desnudo o vestido con muy poco y tendrá una dieta vegetariana".

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04 de abril 2012 , 09:08 p.m.

De todas las religiones que existen sobre la Tierra no hay evidencia de alguna tan antigua como el jainismo. Podría datar de 5.000 años antes de Cristo, aunque sus libros canónicos hablan de tiempos más lejanos. Pese a su antigüedad, no es conocida por los años que ha permanecido incólume, ni porque hoy tenga cinco millones de fieles. En Occidente la conocemos porque Gandhi estuvo influenciado por su doctrina principal: la no violencia (aimsha) o la vocación de no hacer daño a ninguna forma de vida sobre la tierra.

¿De dónde venía la influencia de Gandhi? Unos dicen que la madre suya era seguidora de los jainas; otros, que fue un amigo quien lo acercó a la antigua doctrina. Ninguna de las dos versiones es fácil de comprobar ni fácil de desmentir. Gandhi nació en Porbandar, un puerto sobre el mar Arábigo, en el oeste de la India, a menos de 300 kilómetros de Palitana, donde está la mayor concentración de templos jainas de toda la India y, por supuesto, del mundo entero.

Sobre la colina de Shatrunjaya, una montañita de 67 metros de altura, fueron erigidos 863 templos magnánimos. El más grande, el de Adinath, tiene 1.444 columnas diferentes, todas talladas en mármol; y la suma de ídolos jainas en esa pequeña montaña se acerca a 30.000. Lo difícil hubiera sido que una inteligencia espiritual como la de Gandhi no hubiera sido permeada por la doctrina jaina.

Al igual que el budismo, el jainismo es una religión sin dios. Su doctrina propone un camino de crecimiento espiritual, posible en la medida, únicamente, de la observancia de unas reglas y de los esfuerzos espirituales de cada individuo. Los principios fundamentales son: correcto conocimiento, correcta visión y correcta conducta, principios que se traducen en cinco mandamientos únicos. El primero de ellos y el más importante: no segar la vida de ningún ser vivo. Los demás son: no robar, no mentir, no tener relaciones sexuales y no poseer ni ambicionar nada material.

Para los laicos, la traducción eficaz de no tener relaciones sexuales sería abstenerse de llevar una vida promiscua; y en cuanto a las posesiones, habría que evitar la usura. Un jainista verdadero, que esté en el camino de la iluminación, errará por los caminos desnudo (vestido de cielo, dirán ellos) o vestidos con lo mínimo. Jamás usará un transporte distinto a sus piernas, pedirá limosna para sobrevivir, barrerá el camino que pisa para no matar ningún animalito y tendrá una dieta radicalmente vegetariana, basada sobre todo en frutas.

En la doctrina jaina tampoco existe un Génesis ni un Apocalipsis. El Universo siempre ha estado ahí y su historia es cíclica. Para un jainista, todos los cuentos del fin del mundo en el 2012 ni siquiera son discutibles. Estamos en un tiempo al que llaman La Edad Triste, que dura nada menos que 21.000 años y comenzó hace menos de 3.000. La noción del tiempo es algo increíble para los jainas. Hablan de 400 billones de Océanos de años para cada ciclo (uno ascendente y otro descendente), donde un Océano de años equivale a cien millones de veces cien millones de palyopamas, y un palyopama consta de un período de "incontables años" -la versión más poética del infinito que uno pueda encontrar-.

El Mahavira histórico

El hombre que haría del jainismo una religión perdurable se llamó Mahavira y nació en el año 549 a. de C. Iba a nacer del vientre de Trisala, una mujer humilde que en sueños había sido advertida de que algo maravilloso sucedía en su interior. Pero, dice el mito, como ningún iluminado puede nacer de vientre pobre, los Perfectos (para no hablar de dioses) decidieron trasladar el embrión al vientre de Devananda, que sí pertenecía a la aristocracia.

Mahavira tuvo una infancia plena de comodidades en palacio y fue educado por los mejores especialistas de su época. El mito dice que deslumbraba por su aguda inteligencia y su fortaleza física.

A los 25 años renuncia a la promiscuidad, a beber licor y a la carne, pero continúa viviendo en palacio. Algunos textos dicen que solo podía iniciar su camino después de la muerte de sus progenitores, y aseguran que sus padres optaron por ayunar hasta morir. A los 29 años (la misma edad en que Buda comenzó su proceso) se interna en las montañas, ayuna durante dos días, se arranca uno a uno los cabellos y comienza su camino de renuncia a todo, en busca de la liberación. Al poco tiempo de peregrinar como mendigo decide prescindir también de la ropa: nada material podría atarlo a este mundo.

Desnudo comienza su camino individual. Desnudo predica por el valle del Ganges, por los mismos parajes que lo hizo Buda, en la misma época. Todavía los estudiosos no se explican por qué nunca se encontraron frente a frente. Mircea Eliade se atreve a decir que Buda siempre lo evitó por diferencias de temperamento. Si bien el jainismo y el budismo tienen mucha relación, la diferencia fundamental es la capacidad de renuncia total que deben tener quienes siguen la doctrina jaina.

El hombre que sería a la postre el último Tirthankara (el iluminado que abre caminos) enseñaba métodos para prescindir del Yo, maneras de respirar para conectarse con lo divino, la correcta forma del ayuno, exigentes ejercicios yoguis, el relativismo de todo pensamiento y el respeto por todas las formas de vida: móviles, como los animales e insectos; inmóviles, como la tierra, los vegetales, el agua y las piedras. Porque todo ser viviente es capaz de alcanzar la liberación, que implica no tener que volver a existir en este universo.

Mahavira murió a los 72 años; durante los últimos años de su vida guardó rotundo silencio. Vale decir, los últimos años de su última reencarnación, porque jamás volverá a nacer en este mundo el jaina de la India.

En el momento de su muerte tenía más de 400.000 seguidores, una ínfima parte de la población de la India. El jainismo nunca llegó a ser una religión popular, pero ha permanecido intacta. Los jainistas fueron perseguidos por los musulmanes en nuestra Edad Media: destruyeron templos y prohibieron la desnudez. Según Eliade, el declive del jainismo comenzó en el siglo XI.

Extraño, porque los templos magnánimos, los maravillosos templos de la montaña de Shatrunjaya, fueron levantados entre el siglo XI y el XV.

Para construir semejantes prodigios arquitectónicos se necesitaron muchos sabios y muchos hombres, conscientes de que aseguraban su doctrina en el tiempo.

¿Quién es Cristian Valencia?

Samario. Narrador y columnista de EL TIEMPO. Ha publicado las novelas 'El rastro de Irene' y 'Bitácora del dragón', y el libro de crónicas 'Hay días en que amanezco muerto'.

Cristian Valencia
Especial para EL TIEMPO

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