Entre dos 'quijotes' de la lectura

Entre dos 'quijotes' de la lectura

Detrás del biblioburro y la carreta literaria está la historia de dos experiencias de vida.

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03 de abril 2012 , 11:02 a.m.

El encuentro más reciente entre Luis Soriano, conocido en las veredas del Magdalena como el profesor del Biblioburro, y el chocoano Martín Murillo, que en Cartagena es sinónimo de La Carreta Literaria, ocurrió en Barranquilla, en El Carnaval de las Artes. En la programación infantil del evento, cada uno tuvo un enjambre de chiquillos detrás. En torno a Murillo había niños que tomaban libros de su carreta.

A Soriano, además, le pedían una vuelta en el burro. La reunión entre ambos fue como la culminación de dos historias llenas de contrastes, con una causa común: promover la lectura. Murillo estudió hasta quinto de primaria; en cambio, al graduarse de bachiller, a Soriano lo nombraron profesor y le dieron un curso. Que otros maestros se rieran de su inexperiencia lo impulsó a ir a la universidad y a volver para trabajar por su región.

Murillo vendía aguas en las calles de Cartagena, pero en mayo del 2007 imaginó un carro "como el de un vendedor de cocos, pero lleno de libros". Así nació La Carreta Literaria Leamos. Por su parte, Soriano descubrió su vocación cuando en el 97 regresó con su título dispuesto a enseñar las primeras letras y encontró un curso de gente de 18 y 21 años.

Cargó de libros sus burros el día en que decidió ir hasta las casas de sus alumnos para ayudarles con las tareas. "Monté unos diccionarios y unas geografías y así empecé", cuenta.

Llamarlo Biblioburro fue una necesidad de identificación, ante grupos armados que le cortaban el paso. "Tuve que definirlo como biblioteca en burro, para abrir y cerrar portones por los caminos, para que no me pasara nada. Les decía: 'Señores, solo trafico con el alfabeto' ". Sus burros se llaman Alfa y Beto.

La Carreta Literaria y El Biblioburro son "bibliotecas itinerantes", la primera es un proyecto urbano; el segundo, rural. La primera encontró mecenas entre los intelectuales, comenzando con la Fundación Nuevo Periodismo; el segundo solo tiene el apoyo de la Caja de Compensación del Magdalena (Cajamag).

Ambos prestan libros, los llevan a las casas de gente que no conoce una biblioteca; les leen a otros y han viajado al exterior, resultados en mano, como ejemplo de promoción de la lectura. Así hablan estos dos quijotes de la lectura:

¿Cómo fue su primer encuentro?

Soriano: Leí sobre La Carreta Literaria en la prensa. Me dejó cierta inquietud. A él le pasó lo mismo cuando supo de mí, porque un día pasó cerca de mi pueblo, La Gloria, y mandó parar el carro para saludarme.

Murillo: El encuentro me dio satisfacción, porque en la promoción de la lectura se ve mucho maestro apático.

Él es el mejor promotor de la lectura en Colombia, por su impacto en lo rural. Es un funcionario que podría dar clase y estar el fin de semana en casa.

¿Qué cosas no pueden faltarles?

Murillo: Paciencia, constancia y libros.

Soriano: Paciencia, amor y tolerancia con las burlas. La paciencia es fundamental, cuando ves el camino y sabes que quedan horas.

¿Les han propuesto cambiar de modo de transporte?

Soriano: Perdería la esencia. Los carros en invierno no son útiles. Es mejor tener algo que llegue a sitios inaccesibles.

Murillo: Los patrocinadores me van a donar una moto de tres llantas porque es costoso transportar la carreta.

¿Han soñado con tener una biblioteca convencional?

Murillo: No. No catalogo libros. Soy un promotor puro. No te puedo hacer un contrato para prestarte un libro. Cuando vas a una biblioteca llenas unos requisitos, te dan un carné y el día en que se vence ya no te prestan.

Conmigo todo es de palabra, de confianza. Nunca anoto teléfonos ni direcciones. He prestado libros firmados por Premios Nobel: Vargas Llosa, Gabo, y me los regresan.

Soriano: Prestar los libros lleva consigo la responsabilidad de devolverlos. Los chicos del sector rural son comprometidos, igual que sus padres. Saben que mañana otro necesitará el libro que tienen. El concepto para que la promoción de la lectura funcione es creer en la palabra. Hay mucha generosidad en su trabajo...

Murillo: El otro día leí que un señor tiene un millón de libros en su casa. Él lee uno, nadie ve los otros. Y en un momento yo tenía 3 mil y pico de libros en mi pieza y decidí sacarlos.

 Ahora tengo un Centro Cultural que se llama Ciudad Móvil y puse unos mil en estanterías. De ahí me salió la idea del Club de la Semilla Lectora: le doy a un niño un libro y una mochila, les pido a los padres que le hagan una estantería que voy surtiendo, y le explico al niño que así como se los presto, él también tiene que prestarlos.

¿Dónde consiguen los libros?

Soriano: Comencé con 70 títulos que tenía en mi casa. Cuando la gente se aburrió de verlos, me vi asfixiado. En un encuentro de bibliotecas públicas lo conté y muchos me regalaron libros.

Ahí comenzó el padrinazgo. Me han donado 5.700 libros, entre colombianos que me mandan lo que no usan. Con ellos montamos los burros de la 'Biblioburrorred' que tenemos, apoyada por la Cajamag. Registro mis usuarios por formalismo. Son entre 2.000 y 3.000 usuarios al año.

Martín tiene muchos padrinos, yo tengo solo uno que me regala libros y ha fortalecido el proyecto creando otros biblioburristas que van a la Sierra Nevada.

Murillo: Los libros son regalo de escritores y de donantes. A veces voy a la Feria del Libro de Bogotá y hago campaña. También tengo patrocinadores, llevo sus logos en mi camiseta.

¿Qué sueñan para sus proyectos?

Murillo: Para 'La carreta' lo más urgente era la movilidad. Con la moto habrá mayor cobertura. Me falta tiempo para leer, para tener más inventiva.

Soriano: Yo quisiera que los chicos campesinos estuvieran a la par de los de la ciudad. Mi sueño es tener un biblioburro virtual, con tecnología de punta: que puedan usar un computador, con varias baterías para llevarlas cargadas al monte, con un módem fuerte, para que se abran al mundo, que no les pase como a la señora que vio la torre Eiffel y dijo: "Yo pensé que la ceiba del patio era lo más alto que había".

Luna cuentera cascabelera

En Cereté (Córdoba), Vera Centeno es conocida por su compromiso con la lectura. No solo está al frente de una biblioteca de colegio que se organizó en el espacio que en otro tiempo fue un antiguo calabozo y que ostenta el lema de "Leer libera".

También trabaja activamente en el programa Luna Cuentera Cascabelera, que consiste en llevar los libros y actividades de lectura a los barrios, en los que durante una semana se elige una casa para que se convierta en biblioteca. "Concertamos con la comunidad y los líderes de cada barrio -cuenta Centeno-.

Los llamo familias bibliotecas, ellos se convierten en biblioteca durante una semana. Son los responsables de los libros que se quedan en su casa. Este año, comenzaremos el 12 de abril con el apoyo de la Fundación Casa de la Cultura.

Este trabajo nos enseña que uno puede confiar en la gente, que siempre hay alguien dispuesto a hacer algo por la comunidad. Una persona presta la casa y un niño le toca a la puerta para pedir un libro a la hora del desayuno. Atenderlo implica generosidad".

Promotora en bicicleta

Cuando la bogotana Alexandra Ardila tenía 14 años se unió con sus amigos del barrio para promover una biblioteca en Ciudad Bolívar. Le pusieron tanto corazón a la idea que la campaña alcanzó para dos bibliotecas.

Hoy, Alexandra, de 48 años, vive en Riohacha y junto con sus tres hijos, de 16, 11 y 8 años, lleva seis años promoviendo la lectura. Su proyecto se llama La Bibliocicleta y lleva libros y hace talleres de lectura en las rancherías wayú.

 "Todo lo hacemos sin apoyo del Estado -dice-. Involucré a mis hijos, porque quiero mostrarles que hay formas de vida diferentes a la que propone Bogotá". Hace año y medio, Alexandra, sus hijos y un grupo de personas que creyeron en su proyecto hicieron un viaje en bicicleta de Riohacha a Uribia leyendo por radio 'Cien años de soledad'.

"El libro les encantó a los wayú, por supuesto conocían el nombre y sabían de García Márquez, pero no lo habían leído". Es una experiencia que esperan repetir en cuanto logren reponer las bicicletas que se deterioraron.

LILIANA MARTÍNEZ POLO CULTURA Y ENTRETENIMIENTO

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