Hijos de secuestrados, una generación que se crió y creció sin padres

Hijos de secuestrados, una generación que se crió y creció sin padres

Hijos de los policías y militares liberados hablan de cómo soportaron largos años sin sus padres.

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03 de abril 2012 , 01:12 a.m.

Mónica, Daniel, Camilo, Jennifer y Carlos Andrés no son hermanos de sangre, pero por más de 10 años sus vidas se unieron por ser hijos del secuestro. Estos jóvenes hacen parte del grupo de hijos de los 10 uniformados que este lunes recuperaron su libertad luego de permanecer retenidos por las Farc desde el siglo pasado. (Así vivieron los familiares las horas previas al regreso de sus seres queridos)

Viejas fotos, algunas cartas y los cortos videos de supervivencia son parte de los recuerdos fugaces que conservan de esa figura paterna
. Incluso, a través de estas imágenes varios de ellos llegaron a conocer a su padre. (Vea imágenes de los secuestrados en libertad).

Así le ocurrió a Mónica, quien estaba por nacer cuando su padre, el sargento César Augusto Lasso, fue plagiado en la toma de Mitú (Vaupés), en 1998.

Hoy, Mónica, con 12 años, celebra junto con sus hermanos Daniel, de 13, y Lizeth, de 19, el logro de darle su primer gran abrazo. Cada domingo, los dos menores cumplieron con la tarea de hablarle a su padre a través de la radio.

"Usted y mis hermanas son mujeres y se cuentan cosas; yo necesito a mi papá para consultarle mis asuntos", recuerda Ninfa Hernández que le decía su hijo Daniel durante los años de espera. (Analistas hablan sobre el impacto de las liberaciones)

Esos consejos de padre son de las cosas que más extrañó Camilo Andrés Moreno Torres, quien se hizo mayor de edad aguardando el regreso del sargento del Ejército Luis Alfredo Moreno Chagueza, secuestrado en la toma de Miraflores (Guaviare). Para entonces tenía sólo cinco años. Hoy, estudia psicología en la Universidad Mariana de Pasto.

"Me he refugiado en mi madre, Ilva, y en mis tías; en ellas he encontrado apoyo en los momentos complicados de mi vida", asegura el joven.

Jennifer y Carlos Andrés esperaron 12 años y 8 meses para compartir con su padre, el intendente Carlos José Duarte, secretos que marcaron su infancia. Ahora viven etapas distintas, como lo asegura Jennifer: "Yo quiero revivir los recuerdos que tengo de mi papá, en cambio él (Carlos Andrés) quiere empezar a vivir con su papá".

Dentro de las sorpresas que se llevó Carlos José fue conocer a su nieta Ana María, de 3 años, la última integrante de la familia. "El centro de atención seguro que va a ser ella, su nieta hermosa que le mandaba mensajes con canciones".

Esa alegría se vivirá también en casa de Jorge Humberto Romero: su hija Lorena Romero Acosta, a quien no ve desde hace 13 años, le dará la noticia de que una nieta viene en camino.

A sus 26 años, Lorena, quien se graduó como psicóloga, está en el sexto mes de embarazo y le recomendaron no someterse a un viaje tan largo -18 horas desde Pasto hasta Bogotá- por lo que no viajó a la capital. La segunda hija de Romero, Vaney Katherine Romero Enciso, quien tiene 20 años, estuvo este lunes esperándolo en Villavicencio, donde coincidencialmente estudia su carrera de derecho.

Pese a las dificultades que enfrentaron estos jóvenes durante las primeras etapas de sus vidas, todos coinciden en que recuperarán el tiempo junto a sus padres compartiendo los éxitos que en la adolescencia y como adultos han cosechado. (Vea videos de la liberación de los secuestrados)

Dejó un niño de 5 años y encuentra un universitario

A Jonatan Salcedo Barrera, el único hijo del sargento del Ejército Róbinson Salcedo Guarín, secuestrado en 1998 en la toma de Miraflores (Guaviare), le duele que en los años de su niñez no haya tenido a su lado a su padre. Reconoce que guarda escasos recuerdos, pues lo secuestraron cuando él tenía 5 años y afirma que al crecer fue cuando comprendió la magnitud de la tragedia. (Lea: Liberación de 10 uniformados, fin de tenebroso capítulo para el país)

Por eso, la semana pasada, cuando en los medios de comunicación leyó la noticia del regreso de su padre a la casa, sintió que el corazón se le salía y lloró de la felicidad.

Señala que estar solo es algo que no le desea a ningún niño, pues el calor y el amor del padre son fundamentales para el crecimiento normal de las personas. "A mí me tocó crecer solo, jugar solo, defenderme, pero afortunadamente he tenido el respaldo de la familia y de Dios, que siempre están conmigo", asegura. Añade que tienen "mucho para hablar. Yo quiero que me cuente cómo fueron estos 13 años de secuestro, qué comía en la selva".

Lo que más recuerda Jonatan son aquellos días de su niñez cuando compartían horas enteras de piscina y pateaban balones en las canchas de Ibagué. Cuenta que ha vivido noches de desvelo y llanto estos 13 años. Pero ha madurado con esos mismos golpes. "Soy fuerte, soy un guerrero que no se doblega", afirma el joven, de 19 años, que cursa cuarto semestre de Ingeniería Industrial en la Universidad de Ibagué.

Duarte fue recibido por sus tres hijos

Una de las sorpresas que se llevó el intendente Carlos José Duarte, secuestrado el 10 de julio de 1999 en la toma de Puerto Rico (Meta), a su arribo al aeropuerto Vanguardia fue el encuentro con Natalia, su hija extramatrimonial de 17 años. Pero, al igual que los otros dos hijos -Jeniffer y Carlos Andrés-, nunca dejó de pedir por la liberación. Aunque todos coinciden en el amor que le profesan a su padre, estos años estuvieron distanciados. Este lunes se encontraron y aunque no hubo saludo, sí celebraron el regreso.

Rosalba espera en cama volver a abrazar a su hijo

En una cama, en su casa en Pasto, Rosalba del Carmen espera volver a abrazar a su hijo, el sargento de la Policía Jorge Humberto Romero Romero.

El suboficial se encontraba secuestrado desde el 10 de julio de 1999, cuando las Farc se tomaron la estación de Puerto Rico (Meta).

Para Esperanza Romero de Calderón, tía de Jorge Humberto, lo más duro del secuestro de su sobrino fue la grave enfermedad que soporta su hermana Rosalba.

"A ella, al principio no se le contó lo del secuestro de su hijo, después supo y desde allí, poco a poco, su salud se fue deteriorando", dijo.

A Rosalba inicialmente los médicos le diagnosticaron una depresión severa, pero después su estado se agravó aún más, a tal punto que hace cuatro años permanece postrada en una cama en su casa del barrio Santa Mónica.

Bajo el cuidado de la mujer, de 74 años, han estado todos los miembros de la familia Romero, que no la han desamparado un solo instante.

"Ella apenas se enteró de la noticia del secuestro de mi hijo lloraba incansablemente de día y de noche, se fue deteriorando su salud y ahora se encuentra en silla de ruedas, tenemos que hacerle el aseo personal y darle de comer", dice su esposo José Vicente, quien recibió a su hijo en Villavicencio.

"No sabemos cómo vaya a reaccionar ella cuando lo escuche y vea a Jorge Humberto, eso es impredecible", expresa la tía del uniformado.

La familia dice que pese a todo lo que han pasado no siente rencor hacia las Farc. "Debemos perdonar a los guerrilleros, son hijos de Dios, pero que ablanden su corazón y liberen a todo el personal civil que mantienen en cautiverio".

Con información de los corresponsales de Pasto, Ibagué, Cali y Villavicencio, y EFE.

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