¡Así se lucha contra la pobreza!

¡Así se lucha contra la pobreza!

Colombia no necesita más paternalismos, requiere audacia desde el alto Gobierno.

01 de abril 2012 , 07:39 p.m.

"Cuando me retire, me dedicaré a ser pobre: a más hijos más paga el Estado, más desayunos escolares, más vaso de leche, más subsidios, educación gratuita, más Familias en Acción, más exigencias y menos compromisos". Así hablaba, con sobrada razón, una funcionaria de la Alcaldía de Medellín, de anteriores administraciones, desconsolada porque, mientras más cupos para restaurantes escolares gratuitos se abrían, más necesidades surgían.

Así son las cosas: por conservadurismo, miedo a cambiar o a ser criticados por las extremas derechas, las políticas estatales no se atreven a tomar por los cuernos el problema demográfico, directamente relacionado con la pobreza, y en cambio se comprometen con subsidios -nada a cambio- que aumentan la dependencia de los más pobres al Estado e incentivan los nacimientos no deseados que, según la Encuesta Nacional de Demografía y Salud 2010 -liderada por Profamilia-, son cerca del 50 por ciento de los nacidos vivos, que llegan a este mundo a sufrir y a reproducir pobreza.

Por todo esto es que Profamilia, que en sus 47 años de existencia ha evitado cerca de 20 millones de nacimientos no deseados, merece todo el aplauso, el respaldo nacional y el apoyo del Gobierno y de las empresas y la comunidad. Ninguna otra revolución puede ser más efectiva en un país en desarrollo que evitar los nacimientos, especialmente en sectores marginales que son los de más altas tasas de fecundidad y donde las familias y los hijos están atrapados en el círculo de la miseria. Con razón, los tigres asiáticos -países destacados por sus logros en materia económica- lo primero que hicieron fue frenar la natalidad, que no puede ser superior al 1 por ciento si se quiere superar el subdesarrollo.

En este sentido, en Colombia hay mucho por hacer, en especial en los litorales, en el campo y entre población marginada, que es donde la natalidad sigue disparada aunque en los promedios nacionales baje, especialmente en estratos más altos. Es irresponsable y poco estratégico que la prensa nacional se limite a anunciar con bombos y platillos la llegada del habitante número 7 mil millones y no emprenda  una campaña con todo el entusiasmo para promover acciones efectivas en la prevención de los embarazos, especialmente de población adolescente, problema frente al cual Profamilia fue la primera en disparar las alarmas.

Ahora, el presidente Santos ha dicho ante la nación, en el noticiero 'CM&', que una de sus prioridades es frenar el embarazo adolescente. ¿Qué sigue entonces? Yo sugiero que lo primero es hacer una alianza estratégica con entidades que, como Profamilia, han sabido hacer las cosas bien, silenciosamente, contra viento y marea y han producido una revolución -la más efectiva de todas- en Colombia: la educación sexual y dentro de esta, el uso de anticonceptivos modernos y realmente efectivos. ¡Así se lucha contra la pobreza!

Colombia no necesita más paternalismos, requiere audacia desde el alto Gobierno para, como dice el lema de Profamilia: "Cambiar la manera de ver y hacer las cosas". Esta frase es clave: no podemos seguir anclados en un pasado donde el mandato era tener los hijos que Dios mandara y callarse ante la violencia contra la mujer, aceptándola con resignación. Colombia es otra; la mentalidad de las gentes es distinta, y no podemos permitir que funcionarios ultraconservadores se perpetúen en sus cargos, con sus forcejeos para evitar que se cumplan los mandatos de la Corte Constitucional en temas en los cuales el país estaba atrasado ante el mundo, como la interrupción voluntaria del embarazo. Hacer esto es un crimen contra miles de mujeres violadas y embarazadas en el conflicto armado y en manos de una sociedad machista.

Por fortuna, Profamilia está viva y actuante, y su valor para defender los derechos sexuales y reproductivos, como el uso de la píldora de emergencia, significa para Colombia tener un patrimonio que salvar. Esta organización privada, sin ánimo de lucro, valiente y efectiva, está padeciendo la crisis económica del sector salud. Pero por fortuna, entre sus funcionarios, entre los voluntarios y en su junta directiva hay personas de inmenso valor humano y profesional, dispuestas a seguir trabajando por ella. En su reciente asamblea nacional nuevos miembros, como el reconocido politólogo y periodista Paulo Laserna Phillips y una nueva directora ejecutiva, Marta Royo, llegaron a su seno. Presidente Juan Manuel Santos, Colombia necesita de Profamilia, y el Gobierno requiere de ella para cumplir sus metas.

SONIA GÓMEZ GÓMEZ

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