Héctor: tenías 5 hermanas, pero naciste varón

Héctor: tenías 5 hermanas, pero naciste varón

Nació varón y nacer varón es, en sí mismo, nacer sujeto y no necesita confirmación.

27 de marzo 2012 , 03:49 p.m.
El mundo del lenguaje está alborotado. Sí, y después de un editorial de EL TIEMPO ('Ellos, ellas y la gramática'), que relanza la polémica del académico español Ignacio Bosque, y después de la columna de mi amigo Héctor Abad en El Espectador en la cual cita frases mías que a su juicio no cumplen con sus interpretaciones del lenguaje incluyente, quiero poner los puntos sobre las íes y responder algunas de las imprecisiones de los detractores de esto que llaman un lenguaje ridículo, postizo e insoportable.

Primero: nos recuerdan que la lucha para desterrar la inocultable
discriminación que sufren las mujeres debe darse en la sociedad y no en el diccionario. Sí, tienen razón, y es exactamente lo que estamos haciendo y lo que está sucediendo. Sin embargo, el diccionario tendrá que asimilar los cambios de una lengua como el castellano, que aún no figura dentro de las lenguas muertas. Y hoy somos las mujeres quienes la hacemos más viva que nunca. Hoy todos y todas aceptan palabras de la jerga interactiva, pero cuando somos las mujeres quienes exigimos ser nombradas y visibilizadas, nuestra manera de escribir y de hablar se vuelve un esperpento.

Segundo: lo que nunca aceptaremos es que nos hagan decir lo que la mayoría de las feministas nunca han dicho. En este tema tan sensible hoy día, se trata de sentido común, de reconocer y discernir cuándo es vital para nosotras ser nombradas y dónde nuestro ocultamiento es de suma gravedad para la construcción de nuestra identidad, el reconocimiento de nuestra autoridad y de nuestra incuestionable participación en la construcción del mundo.

Es en este sentido en el que exigimos ser nombradas en documentos oficiales, discursos políticos, constituciones, leyes y decretos, por supuesto. Y con mayor razón en escritos políticos y sociales, en textos escolares -la escuela es uno de los escenarios más importantes de la reproducción del sexismo-, en textos universitarios y en investigaciones científicas, en editoriales periodísticos, en comerciales, en trabajos comunitarios y en todo lo que se refiere a la vida cotidiana.

Si decir colombianos y colombianas, o niños y niñas les molesta o les parece muy largo, les preguntaría: ¿cuál es el afán? Yo, siendo mujer, he aprendido que la democracia se construye lentamente.
No sé si tengo la gramática alborotada -he sido una mujer felizmente alborotada-, pero si sé que cada vez que nos recuerdan que el mundo está hecho de hombres y mujeres, de niños y niñas y de ciudadanos y ciudadanas, siento que estoy donde quiero estar. Un mundo incluyente, que me permite estar también en el centro y no en la periferia, mejor dicho, estar donde quiero.

Tercero: y desde este sentido común, comprendamos que el lenguaje es tan sexuado como quienes lo hablan y como quienes lo regulan; tan sexuado como los patriarcas de las academias. Es imperativo que nos tomemos esta tierra aún tan misógina. Es imperativo adaptar el lenguaje a nuestra recién inaugurada autonomía. Y con esto no se trata de transformar el lenguaje en una herramienta pesada e insoportable y hacernos decir lo que nunca hemos dicho. Solo pedimos atención a los aportes del feminismo. Solo exigimos estar visibles en la historia que hoy se escribe. Y, por supuesto, Héctor Abad Faciolince no necesita escribir sus novelas con lenguaje incluyente, porque las novelas recrean las vidas de personajes concretos. Y a él le digo que, aun en medio de cinco hermanas, nació varón, y nacer varón es, en sí mismo, nacer sujeto y no necesita confirmación. Nosotras necesitamos sin cesar confirmación. Héctor: acuérdate siempre de esa frase magistral de Pierre Bourdieu: "Nacer mujer es nacer con un coeficiente simbólico negativo". El lenguaje incluyente es sencillamente una herramienta de reparación histórica.

Florence Thomas, coordinadora del Grupo Mujer y Sociedad

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