Editorial: Vuelve el milagro del teatro

Editorial: Vuelve el milagro del teatro

La capital del país es el centro mundial del arte por estos días.

23 de marzo 2012 , 07:56 p.m.
Hace apenas ocho meses, cuando la organización del Festival Iberoamericano de Teatro encaraba las grandes dificultades económicas que dejó la edición anterior, la realización de esta colosal fiesta escénica en el 2012 parecía un imposible. Frente a tal odisea, digna de la pluma de Homero, el equipo se aferró al trabajo incansable y al fantasma inspirador de la creadora del festival, Fanny Mikey. Y, de nuevo, se hizo el milagro.

Desde ayer, el evento está entre nosotros, con su contingente de 66 compañías internacionales, más de 180 grupos colombianos y cerca de mil funciones, para enarbolar el estandarte de la cultura y revitalizar el alicaído orgullo de los bogotanos por su ciudad.
Durante 17 días, rostros adustos se transmutan en caretas pintadas, los trancones se vuelven una oportunidad para la escena de calle y el descontento se convierte en asombro.

Esta vez, el umbral del evento es aún mayor. Habrá funciones en
zonas alejadas de los epicentros culturales, como Bosa, La Victoria, Suba o Fontibón. Y talleres de formación de públicos en localidades como Usme o Kennedy. De hecho, el Iberoamericano irradia la pasión teatral a otros públicos y eventos, como el Festival Alternativo de Teatro, que la dramaturga Patricia Ariza sostiene de manera simultánea. O el Encuentro de Saberes Estéticos (Ese) y el Titirifestival, dirigido a los niños, que también se celebran por estos días en Bogotá.

Así las cosas, la capital del país es el centro mundial del arte por estos días. Al Iberoamericano concurren directores tan renombrados como Silviu Purcarete (nacido en Rumania, el país invitado) o Calixto Bieito, junto con 2.000 actores, músicos e intérpretes, muchos de ellos de fama internacional. Pero las estrellas del festival no provienen solo de Kosovo, Japón o Australia. Los verdaderos protagonistas son esta vez los asistentes, que con su aporte tienen la responsabilidad de mantener viva esta fiesta. Bienvenidos todos los artistas. Un aplauso anticipado. Pero más que nunca, el aporte de quien compra una boleta puede marcar la diferencia entre preservar un evento de talla mundial que ha trascendido fronteras y lleva el nombre del país a los los confines del planeta, o asistir con indolencia al ocaso del evento cumbre de nuestra tradición cultural popular. El público tiene la palabra.

editorial@eltiempo.com.co

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