¿Discriminación sexual en el idioma español?

¿Discriminación sexual en el idioma español?

21 de marzo 2012 , 09:09 p.m.

Por un reciente editorial del periódico EL TIEMPO motiva estas reflexiones sobre la correcta utilización del lenguaje. Sobre todo porque en Colombia está haciendo carrera el uso de términos que en busca de la inclusión de género están conduciendo a un manejo inadecuado del idioma. El editorial en mención indicaba que, en aras de lograr la utilización del lenguaje con perspectiva de género, se está cayendo en la chabacanería con el uso constante de términos que especifican el masculino y el femenino en los sustantivos comunes. Para sustentar su afirmación, el editorialista cita el estudio 'Sexismo lingüístico y visibilidad de la mujer', del gramático Ignacio Bosque, miembro de la Real Academia de la Lengua Española.

Con el propósito de visibilizar más a la mujer, con insistencia se recurre a artificios en la utilización del femenino para compensar la supuesta discriminación sexual en que cae el idioma español cuando se menciona el género. Se pretende así "forzar cambios en la estructura de la lengua que deforman su modo de ser". Por ejemplo, cuando se escribe "colombianos y colombianas".
Buscando la inclusión de género, se cae en el vicio que ya prácticamente se volvió norma en nuestra vecina República de Venezuela. Allí, la misma Constitución Bolivariana cae en un adefesio cuando explica que todos los cargos públicos pueden ser desempeñados por venezolanos y venezolanas de nacimiento.

Ese exabrupto en el manejo de la lengua española lo encontró el gramático Ignacio Bosque cuando al revisar la Constitución de ese país se topó con este esperpento: "Solo los venezolanos y venezolanas por nacimiento podrán ser Presidente o Presidenta de la República, Vicepresidente Ejecutivo o Vicepresidenta Ejecutiva, Presidente o Presidenta y Vicepresidentes o Vicepresidentas de la Asamblea Nacional, magistrados o magistradas del Tribunal Supremo de Justicia, Presidente o Presidenta del Consejo Nacional Electoral". Omitir el género no significa que haya exclusión hacia la mujer. Lo mismo ocurre con el adjetivo denominativo. Con solo escribir venezolano se entiende que incluye también al género femenino.

No se discrimina a la mujer cuando se dice, por ejemplo, "se debe respetar a los funcionarios judiciales". Se sabe, por lógica, que estos funcionarios son personas de ambos sexos que prestan un servicio a la rama judicial. Es correcto escribir funcionaria judicial cuando se refiere a una mujer que ejerce el cargo de juez. Pero es incorrecto referirse como "funcionarios y funcionarias" cuando se hace referencia al conjunto de servidores del Estado. El uso de palabras que abarcan los dos géneros le proporciona al texto escrito un sonido extraño, que le hace perder estética a la oración. Ignacio Bosque dice que escribir así es contribuir a destrozar las normas del idioma español.

En América Latina ha hecho carrera la expresión 'presidenta'. Los argentinos, para referirse al cargo de Cristina Fernández de Kirchner, la llaman así. Pero el idioma español no permite este vocablo, como tampoco permite el de 'concejala', que muchos periodistas utilizan para referirse a una mujer que ocupa una curul en un concejo. En el primer caso, cuando se necesita nombrar a la persona que ejerce el poder se le agrega al final 'ente', que es el participio activo del verbo ser. Así las cosas, a la persona que preside se le dice "presidente", independientemente de si es hombre o mujer. En el segundo caso, el diccionario de la Real Academia dice que concejala es la mujer del concejal. Y pone como ejemplo de expresión correcta esta frase: "Luisa, la concejal".

Este artículo es un llamado a la sensatez idiomática. La mujer sufre discriminaciones, es cierto. Pero estas no hay que buscarlas en el manejo del idioma. Utilizar un lenguaje postizo solo para que ellas crean que se les tiene en cuenta es romper con la pureza que debe caracterizar esta lengua. Si fuera no más por inclusión de género se debería escribir cantanta en vez de cantante, comercianta en vez de comerciante, adolescenta en vez de adolescente, estudianta en vez de estudiante, pacienta en vez de paciente. Pero las reglas gramaticales no permiten este uso del participio activo del verbo ser, que siempre será 'ente'. Los lingüistas nunca permitirán que se maltrate así el idioma español.'

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