¿Qué manos hicieron la tarea?

¿Qué manos hicieron la tarea?

Me sumo a las voces que albergan dudas sobre la autoría de la demanda de Ferleyn Espinosa.

04 de marzo 2012 , 07:48 p.m.

Doctores tiene la nación para examinar la demanda presentada ante el Consejo de Estado que dejó procesos cruciales engavetados en el escritorio de la Fiscal General en un momento decisivo. Como aquí sobran abogados, delego en ellos la responsabilidad de preguntarse por tantos errores cometidos en la elección de Fiscal que han puesto en jaque la institucionalidad del país y que nos tienen temblando de pensar en qué manos estamos. Una buena dosis de autocrítica no les vendría mal a los jurisconsultos, políticos y académicos que en su momento callaron lo que hoy aseguran que era obvio.

Sin embargo, en mi condición de profesora, me sumo a las voces que albergan dudas sobre la autoría de la demanda de Ferleyn Espinosa, pues no hay que ser Sherlock Holmes o el inspector Ruanini para sentir que algo hace ruido. Antes de ser tema del momento en Twitter, Ferleyn era un estudiante de derecho poco destacado de la Corporación Universitaria Republicana. Se graduó de bachiller a los 28 años y hoy, de 34, trabaja llevando documentos a juzgados -patinador, le dicen en el gremio-. He examinado sus entrevistas y no encuentro, en su precaria y repetitiva forma de expresarse, más que lugares comunes. Tampoco vi su firma ni siquiera en un trabajito de grupo, antes de este. ¿Será que su demanda, examinada en tiempo récord por el Consejo de Estado, obedece a un interés genuino por el derecho? ¿Qué dicen sus maestros?

Afirma Iván Cancino, su decano: "Que sea estudiante nuestro es una casualidad... muchas personas quisieran tener la popularidad de Ferleyn, quien, con esfuerzo y estudio, ha logrado destacarse en la facultad por un hecho que terminó dándole la razón por parte de 15 magistrados". Aunque Cancino es un prestigioso penalista, y de ello dan fe clientes suyos como José Obdulio Gaviria, a quien defiende en el caso de las 'chuzadas' del DAS -¿otra casualidad?-, sus argumentos "académicos" distan de ser convincentes. Un abogado como él, que seguramente examina con suspicacia las pruebas y la autoría de los textos, tendría el deber ético de preguntarse qué porcentaje de la demanda fue escrito por su alumno o, al menos, de no hacernos creer que popularidad y rigor son sinónimos.

Ferleyn, en cambio, da otras pistas que deberían ser examinadas por quienes califican trabajos en su facultad: durante las entrevistas lo traiciona, como un lapsus habitual, el sujeto tácito "nosotros" y al contrapreguntarle a quién se refiere, él balbucea nerviosamente que, además de Miguel Cuesta y Rafael Toncel, le ayudó su tío Hernando Benavides (por más señas, abogado de Mancuso). "Claro que tras la acción estuvieron varias personas". Dice también que su interés surgió desde que "empezaron a haber (sic) problemas frente a la terna" y añade: "No fue que yo me sentara a leer... todo estaba en los medios de comunicación". ¿Así de fácil?

Sus escasos defensores en la red atribuyen las dudas sobre la autoría del trabajo al hecho de que Ferleyn no pertenece a una universidad prestigiosa y lamentan que este país no deje surgir a gente humilde. Si bien la inequidad es una marca educativa indiscutible, casos recientes, como el de los estudiantes que obligaron a retirar la reforma universitaria con un discurso estructurado, sirven de comparación. Entre los argumentos apasionados y rigurosos de esos jóvenes y la lección que recita Ferleyn, con la falta de entusiasmo propia de un testaferro, hay un abismo que cualquier maestro puede detectar. ¿Será que me equivoco? Por el honor de tantos estudiantes y de tantos profesores, resulta imprescindible aclarar si otras manos invisibles, además de las que él menciona, le hicieron la tarea.

Nota al margen: ¿Ferleyn habrá leído el artículo 'Un sólido y robusto cuerpo de doctrina', de José Obdulio Gaviria, publicado en la revista Republicana de su universidad?

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