'Hay que ir hacia una tregua con las Farc': Piedad Córdoba

'Hay que ir hacia una tregua con las Farc': Piedad Córdoba

La ex senadora ve condiciones para conversar con las Farc y el Eln. Entrevista con Yamid Amat.

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03 de marzo 2012 , 09:55 p.m.

La exsenadora Piedad Córdoba es hoy el único contacto con la guerrilla. Dice que "hay que definir algún tipo de acuerdo" con las Farc y con el Eln, o "habrá más guerra".

Si liberan a todos los secuestrados y es efectiva la suspensión del secuestro extorsivo, ¿debería el Gobierno dialogar de paz con las Farc?

El presidente Santos debería dar muestras de disposición, guiños no solo a las Farc sino al Eln, e iniciar algún tipo de acercamiento, discreto si quiere, pero claro en la disposición. Nuestro conflicto es complejo y de larga trayectoria. El país ha buscado en diferentes momentos los caminos de la paz, pero no se ha dado la voluntad política de las partes para continuar lo emprendido.

¿Qué piensa de quienes afirman que lo de las Farc es una estrategia para frenar la ofensiva de los militares?

Debemos partir de una constatación. Estamos en un conflicto armado y, mientras estemos en él, habrá heridos, muertos, capturas y efectos irreparables y dolorosos para la población. Nadie se ha desarmado, no se ha pactado ninguna tregua o cese del fuego, y todos siguen en operaciones militares. Colombianas y Colombianos por la Paz hemos planteado que si hay disposición de dialogar en las partes -Gobierno, Farc y Eln-, hay que definir algún acuerdo previo, imaginar posibilidades de ceses bilaterales.

¿Cómo así ceses bilaterales? El Caguán es mal recuerdo de un acuerdo de ese tipo...

No se trata de un Caguán. Tregua o cese del fuego no implica zona de distensión. Las lecciones del Caguán deben servir para fortalecer los caminos de la paz y no repetir los errores. Ningún conflicto se ha resuelto sin algún mecanismo de atenuación paulatina de la violencia y sin pactar un cese. Esa es una de las razones del Derecho Humanitario y esos son aprendizajes de procesos como el irlandés, el filipino, el sudafricano y el de Centroamérica. Si se sientan las partes, es para que no se paren hasta asegurar las bases de un acuerdo definitivo.

Si el Gobierno no acepta cese del fuego bilateral, como lo ha dicho, ¿se puede hablar en medio de las balas?

Las experiencias pasadas nos deben dar luces acerca de lo posible, lo realizable y lo necesario. Para llegar a los diálogos, es necesario un proceso lento pero cierto. Por ejemplo, debemos lograr el cumplimiento del Derecho Internacional Humanitario, acuerdos humanitarios parciales, confianzas y acercamientos entre las partes.

Las Farc han dicho que no habrá más secuestros extorsivos. ¿Terminan con el llamado boleteo y la 'vacuna'?

La interpretación que hacemos en Colombianas y Colombianos por la Paz es que cesa la privación de la libertad de las personas por razones económicas. Eso es un avance. Es una regulación conforme a las normas del Derecho Humanitario. Si el conflicto sigue, ellas seguirán buscando fuentes de financiación para enfrentarse, sostenerse o avanzar ante la ofensiva militar.

¿Su respuesta significa que seguirán boleteos y 'vacunas'?

Si la guerra continúa, la violencia del Estado y la violencia de las guerrillas va a estar ahí, y eso significa planes estratégicos militares, que para su cumplimiento requerirán recursos. Si hay disposición de dialogar, los recursos públicos de la guerra se deben y se pueden reorientar a los graves problemas de exclusión, de miseria, de desigualdad. Y las guerrillas cesarían sus formas ilegales para conseguir recursos.

Hacendados denuncian que las Farc siembran minas en las fincas si no pagan la 'vacuna'...

Esas situaciones deben superarse. Y eso es lo que debe discutirse. Estos actos de violencia, así como otros de las guerrillas y de la Fuerza Pública, son parte de los acuerdos de cumplimiento y verificación que deben abordarse en una mesa. Si no hay diálogo, las violencias se degeneraran aún más, con costos impredecibles que se ven ya y que se agudizarán en el futuro.

¿Es una premonición, una amenaza o el conocimiento de que recrudecerán las acciones de las Farc?

No es ni una amenaza ni premonición. Es el conocimiento de las dinámicas de las guerras, de sus dolores y tragedias. Para muchos no han sido suficientes 48 años de muertos, desaparecidos, desplazados, retenidos, secuestrados. ¿Qué más dolor queremos? Las salidas de fuerza nos llevan a una sinsalida. Requerimos imaginación. Esto se puede parar para que no acabe de degradarse. Estamos en la violencia en sus múltiples manifestaciones. No son solo las Farc. Es el Eln, es la Fuerza Pública, son los renovados paramilitares que protegen las tierras mal habidas, que siguen enriqueciendo a unos. La última encuesta habla de una percepción de inseguridad. Esto es zozobra, signo de que algo no funciona bien. No llamamos a la debilidad, abogamos por la sensatez.

¿La conclusión que debo sacar de sus respuestas es: diálogo o guerra?

A ese binomio, dicotomía o dualismo nos enfrentamos.

El presidente Santos calificó los anuncios de las Farc sobre liberación de secuestrados y suspensión de secuestros como "un paso importante y necesario, pero no suficiente". ¿En las Farc no se puede confiar?

Comprendo las desconfianzas, las de sectores de la sociedad y las del Gobierno, y también las de las guerrillas. Tengo claro que si no empezamos a desarmar nuestras mentes, no habrá paz. Si no escuchamos, no habrá paz. Propongo que si se inicia un diálogo, nadie se pare hasta que se acuerde la paz.

Como muchos dudan de la veracidad de las Farc, ¿debería crearse una verificación del cumplimiento de la promesa de fin a secuestros?

Sí. En este campo, como en otros, se requiere la verdad. Ha existido desinformación, manipulación y operaciones para atribuir a otros lo que no es su responsabilidad.

Si las Farc cumplen lo que prometen, ¿cómo cree que se van a financiar?

Habría que preguntarles a las Farc. Deberían ser más explícitas en el alcance de su decisión.

¿Ha tenido acercamiento con el Eln?

Sí. El intercambio epistolar no es solo con las Farc, ha sido también con el Eln. Los medios tienden a desconocer esto, y también la sociedad. Nunca como antes, en los últimos 10 años, ambas guerrillas han manifestado su disposición a dialogar, coinciden en aspectos temáticos, han hecho acercamientos y acuerdos entre las máximas comandancias.

¿Habla de acuerdos entre Farc y Eln para hablar con el Gobierno?

Sí. Y eso es muy importante, si se abre algún espacio para el diálogo.

¿La suspensión de los secuestros extorsivos podría originar una reacción afirmativa de los dirigentes del paramilitarismo?

Sí. En mis visitas a las cárceles de Estados Unidos y de Colombia encontré que algunos conciben que el paramilitarismo no se ha desestructurado, sino que se ha renovado. Están dispuestos a participar en un proceso, sobre la base de que se les comprenda como estrategia de Estado al servicio de sectores militares, políticos y empresariales. Esto no se quiere reconocer, pues define un diálogo en que sectores del Establecimiento deben aceptar sus responsabilidades y proscribir métodos de guerra para acumular riqueza y protegerla o exterminar la oposición.

¿Qué opina de las bandas criminales?

Así las llama el Gobierno, siguiendo la tradición de Uribe. Mis recorridos por diversas regiones, el haber recibido testimonios de sus víctimas, me permiten afirmar que son una estrategia paramilitar.

¿Sostiene que no existen las llamadas bacrim, sino que son paramilitares?

Coincido con las organizaciones de derechos humanos sobre su operación con consentimiento de la Fuerza Pública, su poder sobre la tierra y otros sectores económicos. Poderes locales con protección de sectores nacionales. Están en juego diversas manifestaciones de dominio político, económico y militar.

¿Deberían hacer parte de un eventual proceso de paz?

Sí, si el Gobierno asume que aún son parte de una estrategia de represión del Estado. En una mesa tendrán que estar no solo el Ejecutivo, sino también los militares. Ellos saben de la guerra, de la milicia y de estrategias, poseen marcos doctrinales en los que justifican su proceder. En el proceso de paz deben participar organizaciones de víctimas, partidos, gremios, organizaciones sociales, indígenas, comunidades afro. Y la insurgencia y el Gobierno.

¿Pero no es repetir los diálogos de paz que tantas veces se han realizado y tantas veces han fracaso?

Insisto: si no abrimos las mentes, si no escuchamos a las víctimas, si no se reconocen responsabilidades y no se asume una actitud humanista y ética, lo que tendríamos son más muertes, heridos, más desolación, más daños ambientales, más resentimientos, más odios, para terminar dándonos cuenta de que hemos perdido una gran oportunidad para superar el conflicto. La única posibilidad es dialogar para construir cimientos de democracia. Y si se sientan a conversar las partes, este escenario se debe blindar contra los enemigos de la paz, como los llama Otto Morales Benítez, para que nadie se pare y solamente lo hagan cuando se ha firmado la paz.

¿En qué va la liberación de militares y policías secuestrados?

El procedimiento ya está inventado. En las anteriores liberaciones se acordó un protocolo que ha sido la ruta para llevarlas a feliz término.Nuevamente se cuenta con el gobierno de Brasil, lo cual seguramente facilitará todo. Los gobiernos de Colombia y de Brasil, y la Cruz Roja, están acordando el protocolo. Seguramente habrá unas reuniones con Colombianos por la Paz. Luego se viajará a San Miguel, en Brasil, y comenzará la operación. Podrían ser varias entregas, no lo sé.

¿El Movimiento de Resistencia Gaitanista que anunció es una disidencia del Partido Liberal? ¿Se retira del liberalismo?

No. Es todo lo contrario, es mi arraigo con el partido, pero es la indignación ante un partido que desconoció los estatutos. Somos un sector amplio de indignados del partido, más allá de los parlamentarios, con una estrategia para fortalecer el ideario liberal, para que exprese el país nacional, los derechos negados a las mayorías. Mi pasión política está en el ideario liberal, el de la justicia social, el de un proyecto incluyente, el que retoma los intereses de los sectores sociales y de la democracia, con respeto a las diferencias, a la libre expresión...

¿Hay dirigentes liberales que la acompañan en su disidencia?

Sí. Juan Manuel López Caballero, Alfredo Beltrán, Guillermo Suárez, Andrés Mesa Valencia, Jorge Lara Bonilla, Jairo Arenas, René Flórez, Armando Palau...

Usted es un factor de controversia entre los colombianos. Hay quienes la detestan y quienes la admiran. ¿Qué opina de ser punto de polarización?

El factor de controversia son mis convicciones, mi compromiso con la justicia, la paz y los derechos humanos; con la causa de los que tienen voz, pero se las niegan. Si yo fuera una mujer que pensara que todo está bien y que no se arriesgara en el camino de la inclusión y la justicia, no generaría controversia. Pero sobre la polarización de la que usted habla, muchos sectores de opinión, a través de los medios de información, han jugado un papel decisivo y tienen una gran responsabilidad en los odios que generan, en la desinformación, en la estigmatización y en la descontextualización en la que se recrean exclusiones.

¿Su activismo político ha afectado su vida personal?

El costo político, afectivo y familiar para las mujeres que decidimos tener control de nuestras vidas y pensamiento autónomo es muy alto. Por supuesto, mi vida personal se ha afectado. Insultos en la calle, irrespeto, agresiones, amenazas. Ha sido necesario cerrarse y refugiarse en la familia, los amigos. Doy gracias a la vida porque mi hija y mis hijos han sido mis compañeros en tiempos difíciles, sé que se preocupan y sufren, pero para mí es importante que puedan estar orgullosos de tener una madre que no abdica frente a lo que cree. Por supuesto, mi madre y mis hermanos me han acompañado; para ellos también es difícil sobrevivir y sobrellevar esta situación, pero me dan aliento. Mi hija y mis hijos, mi nieta, han tenido que salir del país en algunos periodos y esto tampoco es fácil de sobrellevar. Pero no es la única familia a la que le ha tocado enfrentar un país intolerante y tan lleno de odios. Eso es lo que tenemos que transformar.

¿Qué futuro político tiene después de la sanción de 18 años que le aplicó el Procurador?

Me duele este país y deseo otro proyecto de Nación en el cual nadie tenga que vivir la exclusión. Son un escándalo la miseria, el desempleo, el subempleo, los bajos ingresos, el desuso profesional de los jóvenes. El Procurador no sanciona mi alma. Continuaré en la política. El Procurador no acabará con mis sueños de ver a Colombia en paz.

Yamid Amat
Especial para EL TIEMPO

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