'Las quimeras humanas existen', asegura el genetista Emilio Yunis

'Las quimeras humanas existen', asegura el genetista Emilio Yunis

No son seres fantásticos, sino individuos comunes con una rara identidad genética.

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20 de febrero 2012 , 10:49 p.m.

Se necesitó que Lydia Fairchild acabara, en el 2003, recluida en una cárcel de Seattle (Estados Unidos) para enterarse, gracias a los análisis del genetista Emilio Yunis, de que ella era una de las primeras quimeras humanas descritas en el mundo.

Las quimeras son individuos que, a diferencia de las demás personas -que tienen material genético de padre y madre-, han sido fruto de la fusión de más de dos materiales genéticos. El término fue extraído de la mitología griega, que se refería así a seres fantásticos con cuerpo de cabra, cabeza de león y cola de serpiente, aunque también se ha representado como un monstruo con varias cabezas a través de las cuales escupía fuego.

Fue justo el mito alrededor de este excéntrico animal el que dio nombre a esta condición biológica que rara vez se manifiesta de manera natural, pero que ha venido siendo materializada en el laboratorio.

El primer hito sobre el tema fue aportado en 1970 por Beatriz Mintz (EE. UU.). Esta investigadora logró, mediante un proceso de transferencia genética entre embriones de ratones de diferentes colores, producir roedores acebrados.

En términos sencillos, cada ratón era fruto de la combinación de varios ejemplares que, valga decirlo, resultaron ser, desde el plano inmunológico, más resistentes que los demás, dada la coexistencia del material genético de varios individuos.

Sus hijos no son sus hijos

La polémica que estos experimentos generó fue enorme, por las elucubraciones tejidas en torno a los potenciales alcances de la manipulación genética y sus implicaciones éticas. Lo que se desconocía hasta entonces era que estas "mezclas" biológicas pueden darse naturalmente, incluso entre seres humanos. Ese es el caso de Lydia, cuya vida dio un giro dramático cuando decidió pedir ayuda del Estado para sostener a sus dos hijos y al bebé que venía en camino; los tres eran producto de la relación disfuncional que mantuvo con el también estadounidense Jamie Townsend. Antes de entregarles el subsidio, los servicios sociales le solicitaron a la pareja pruebas rutinarias de ADN para demostrar que eran sus hijos legítimos.

Pero los padres no estaban preparados para los resultados que obtuvieron: contra todo pronóstico, las pruebas indicaban que Lydia no era la mamá de sus dos niños.

Las sospechas arreciaron sobre ella, que poco después acabó en una corte enfrentando cargos de intento de fraude al Estado y sustitución ilegal de maternidad; Townsend también fue puesto en entredicho; de él se dijo que habría tenido a sus hijos con otra mujer.Con las pruebas de ADN en la mano, el fiscal que asumió el caso se mostró inconmovible ante la insistencia de Lydia y Jamie, y rechazó las pruebas médicas de nacimiento que ellos aportaron.

En ese momento intervino el obstetra Leonard Dreisbach, que atendió los partos de Lydia. En tono enérgico dijo: "He hecho esto el tiempo suficiente como para saber cuándo alguien está dando a luz, de manera corriente. Es imposible falsear la impresión de los pies y todas las tarjetas que deben llenarse al momento del nacimiento".

El debate adquirió tal tono, que el fiscal ordenó vigilar el parto del tercer hijo de Lydia, tomar nota de cuanto ocurriera y someterla a ella y a su bebé a nuevas pruebas de ADN.

El resultado fue el que la madre esperaba: no había ninguna relación genética entre los dos. Gracias a esto, el abogado Alan Tindle asumió su defensa y se propuso aclarar las inquietudes del fiscal: ¿se prestó ella para ser madre de alquiler? ¿Se había implantado óvulos o espermatozoides ajenos?, o ¿había secuestrado a los niños?

Dos mujeres en una

El juicio se acercaba y ellos seguían sin respuesta, hasta que un fiscal adjunto manifestó que le habían referenciado un artículo del  New England Journal of Medicine   (NEJM ) sobre quimerismo. Con esta información, Tindle solicitó un aplazamiento del juicio. El informe recogía la historia de Karen Keegan, de 52 años; la mujer, que necesitaba un trasplante de riñón, no pudo recibir los que ofrecían en donación sus dos hijos mayores, porque los test de ADN mostraban incompatibilidad genética; de hecho, parecía que no era ella su mamá.

Los médicos que analizaron el caso lo remitieron, para su análisis, a un grupo de investigadores de la Universidad de Harvard, del que hacía parte el inmunogenetista Edmond Yunis; él tomó muestras de diferentes órganos de Keegan y las envió para ser estudiadas al laboratorio del genetista Emilio Yunis, su hermano, en Bogotá.

Yunis cuenta que recibió las muestras en el 2000 y aplicó en los tejidos todas las pruebas que se usaban en paternidad. "Encontré que en estos había materiales genéticos de dos mujeres distintas; de hecho, mientras en un órgano se manifestaba más una, en otros era el de otra mujer. En la sangre, por el contrario, solo aparecía una estructura genética. Llegué a la conclusión de que Karen Keegan eran dos hermanas que se fusionaron en una etapa muy incipiente de desarrollo; en lugar de nacer dos, vino al mundo una, con dos materiales genéticos. Una quimera", recuerda Yunis.

El artículo que recogía ese trabajo, publicado en el 2001 en el  NEJM  como la primera quimera humana descrita en el mundo, fue el que llegó a manos del abogado Tindle, y dio luces sobre el caso de Lydia Fairchild.

Siguiendo la misma ruta que el caso de Keegan, investigadores del Hospital Beth Israel lograron, a través de Edmond Yunis, que las muestras de los tejidos de Lydia -que ya estaba detenida y cuyos hijos estaban bajo la custodia del Estado- llegaran al laboratorio de Emilio Yunis en el 2004.

"Verificamos que genéticamente Fairchild no era la mamá de sus hijos, pero tenían el ADN mitocondrial común a todas las mujeres de una misma familia; así supimos que solo podía haber dos opciones: eran hijos de Lydia o de una hermana de ella", dice Yunis. Análisis más profundos demostraron que el caso de esta mujer era similar al de Keegan: en Lydia también coexistían los materiales genéticos de dos mujeres. Ella, que quedó libre de toda sospecha, aparece registrada en los anales de la ciencia como el segundo caso de quimera humana descrito del mundo, con la autoría de Emilio Yunis.

Y hay más: el genetista acaba de confirmar el tercer caso de quimerismo, próximo a publicar: el de una mujer en Duitama (Boyacá). 

Monitos quiméricos

Semanas atrás, el término "quimera" volvió a los titulares tras conocerse que científicos de la U. de Oregón (EE. UU.) crearon en el laboratorio los primeros monos quiméricos, compuestos por una mezcla de células de hasta seis genomas diferentes de monos. El anuncio generó un duro debate en torno a la técnica, pues, al menos en teoría, podría aplicarse para crear humanos de diseño.

Los científicos insisten en que los ratones quiméricos han sido de gran utilidad en la investigación biomédica, pues permiten crear ratones a los que se suprimen genes específicos para estudiar el origen de males genéticos y cómo prevenirlos.

Shoukhrat Mitalipov, uno de los investigadores de Oregón, afirmó que "los científicos no pueden modelar todo sobre ratones. Si queremos pasar de las terapias con células madre de los laboratorios a la aplicación clínica, y de los ratones a los seres humanos, tenemos que entender qué es lo que esas células de primate pueden y no pueden hacer", agregó.

SONIA PERILLA SANTAMARÍA
Subeditora de Vida de Hoy  
CARLOS FRANCISCO FERNÁNDEZ
Asesor médico de EL TIEMPO 

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