'El Estado me abandonó hace 14 años y ahora': Arbey Delgado

'El Estado me abandonó hace 14 años y ahora': Arbey Delgado

El sargento estuvo 12 años cautivo por las Farc. Hoy reclama por su olvido. Entrevista.

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19 de febrero 2012 , 08:00 p.m.

Hoy, hace 10 años, el sargento mayor del Ejército Arbey Delgado Argote vivió, junto a sus 42 compañeros de cautiverio, lo que califica del "fin de sus vidas", tras la ruptura de los diálogos de paz del Caguán. En el 2010 fue rescatado en la operación Camaleón y ahora enfrenta la soledad y el olvido en el que quedó sumido luego que pasara el boom de la acción militar.

En diálogo con EL TIEMPO cuenta los motivos que lo llevaron a abandonar la institución a la que le dio 24 años de su vida.

El 20 de febrero del 2002 fue un día duro para ustedes...

Fue muy difícil. Esa noche vimos el fin de nuestras vidas porque los bombardeos eran por todos lados... Desde ese momento empezamos un calvario.

Como secuestrado, vivió el Caguán en todas sus facetas. ¿Cree que se ha manejado bien el tema de la paz?

La paz tiene que estar por encima de cualquier otro objetivo, pero aquí nunca se le ha dado la importancia que tiene. Ni a la paz ni a los diálogos y mucho menos al tema de los secuestrados. Cuando secuestraron a Íngrid (Betancourt). El símbolo era ella, y muchos países y organizaciones mediaron para lograr las liberaciones, por ella. Pero cuando la rescataron, el tema de los secuestrados se fue olvidando.

¿Por qué después de dar una pelea tan larga en la selva, decidió pedir la baja?

Yo estoy muy agradecido con el Ejército. Con los soldados, suboficiales y oficiales, pues a ellos les debo mi libertad y mi vida porque me rescataron. Pero me voy del Ejército porque pasaron cosas que no me merezco: no recibí tratamiento médico después de mi liberación; salí del Hospital Militar y de ahí en adelante no hay una historia que diga que recibí un tratamiento médico constante. El tratamiento sicológico fue solo del 25 por ciento, y no porque no lo hubiera querido, sino porque me ocuparon en Melgar, dando instrucciones y conferencias. Y el viaje al exterior, que en verdad lo esperaba porque es una terapia para estar con la familia y recuperarla, no se dio y decidí retirarme.

¿Demandó al Estado?

No es una demanda. Estoy reclamando una indeminización del Estado mediante una acción judicial, y estoy a la espera de una conciliación. Esto es para poder darles un estudio a mis hijos. Se lo merecen por lo mucho que han sufrido. Y aparte de eso, las Fuerzas Militares tenían una deuda conmigo: cuando ocurrió la toma de Miraflores, donde fui secuestrado, yo debía estar en vacaciones. Hay un documento firmado por el comandante del Ejército, que había dado la orden y los sacaron a todos, menos a mí... Todo este sufrimiento empezó por eso, fue falta de voluntad. El Estado me abandonó en ese momento, hace 14 años, y ahora.

¿Guarda algún resentimiento contra el coronel que no lo quiso sacar a vacaciones?

Es inevitable. Cuando ocurrió la toma, yo ya estaba pensando en el encuentro con mi familia y el viaje que íbamos a hacer a Santa Marta, y que quedó aplazado 12 años. El coronel Sánchez, que era mi comandante, no me ha puesto la cara. Nunca me la quiso dar después de mi rescate.

¿En algún momento manifestó su interés de salir del país?

Al secretario del ministro Rodrigo Rivera le plantee lo que estaba pensando. Le dije que quería ir a otro lado a contar las atrocidades de las Farc, y me dijo que me iban a enviar al exterior, pero no pasó nada. Luego el doctor Jorge Eduardo Gechem habló con mi general Navas, pero tampoco se dio, y fui más de 12 veces a hablar con él y nunca lo pude hacer. Hablé con todo el mundo, y en vista de que las puertas estaban cerradas di un paso al lado.

¿Lo han buscado después de que pasó la baja?

Sí, me han mandado mensajes para que busque al comandante del Ejército. Me han dicho que me reenganche, y yo solo tengo que decir que estuve esperando 19 meses a que se acordaran de mí y no pasó nada. Dígame, cómo no se puede sentir dolor con esto, si un hombre como Isaza, que le hizo tanto daño a Colombia, a pesar de haberle devuelto la libertad al señor Óscar Tulio Lizcano, esté disfrutando en Francia y yo, que estuve 12 años encadenado, estoy olvidado aquí. ¿Por qué un guerrillero puede recibir patrocinio para estudiar y un sargento mayor que le dio 24 años de su vida a la institución no?

¿Qué le han dicho sobre su tratamiento médico?

Nadie ha dado la cara. Hoy en día nadie me ha llamado a preguntarme si necesito algo. Solo me llevaron a dar charlas y ya. Las únicas que me dieron unas sesiones de sicología muy cortas fueron la sargento Sandra Vargas y una mayor. Después me enviaron a Melgar a hablar, y ya no pude volver.

¿Cómo está ahora?

Tengo un estrés postraumático severo, una incapacidad del 74 por ciento y problemas de artritis.

¿Qué pasa por su cabeza hoy?

Tengo problemas familiares y he estado a punto de separarme. Soy el único que sabe cómo está mi parte física. Me despierto más de ocho veces en la noche... Es tremendo. Hoy sigo sin asistencia sicológica. Es más, ni siquiera saben dónde vivo.

Ha mencionado a su familia. ¿Cómo está la relación con ellos?

Lo más difícil es mantener la unidad familiar. Mi esposa y mis hijos saben que sufrí, pero solo yo conozco perfectamente la verdad. Entonces me aburro en la casa, y algunos dirán ¿por qué? La respuesta es fácil: estuve 12 años encerrado en la selva, y no quiero seguir encerrado en un apartamento. Tal vez mi esposa no entienda eso. Me gusta hablar con la gente, hablar de las cosas de la vida. Y a pesar de esas circunstancias, estoy muy feliz. Disfrutar una caminata por la calle, escuchar un instante el ruido de la libertad... eso lo es todo.

¿Se siente abandonado por su Ejército?

Yo estoy agradecido con los oficiales y suboficiales. Aquí el problema son algunos oficiales de insignia, algunos generales... Pero la mayoría de los integrantes del Ejército me han dado razones valederas para haber hecho lo que hice.

¿No sé arrepiente de haber dado la pelea por el Ejército y que le hayan pagado así?

No, porque yo estaba peleando por los intereses de los colombianos, que es nuestra razón de ser. La culpable no es la institución, los culpables son algunos pocos que hacen quedar mal al Ejército. Aquí hay gente muy valiosa.

Qué le pide a su Ejército...

De mí ya se olvidaron, pero les pido que cuando regresen a la libertad esos otros diez secuestrados que siguen en la selva, los ayuden. Que no les vayan a hacer lo mismo.

Su hermano de cautiverio y cadenas es el coronel de la Policía William Donato, ¿habla con él?

Claro que sí, tenemos comunicación. Pero hay una cosa mala en nuestra amistad y es que tengo que decirle "mi coronel". Yo sé que ni a él ni a mí nos gusta porque somos como hermanos. Me sentiría bien diciéndole William, pero existe esa barrera de los grados, y él es mi superior.

Pero con mi coronel siempre vamos a ser hermanos, porque el secuestro nos unió en cadenas, en dolor, vivencias y en libertad.

Jineth Bedoya Lima
Subeditora de Justicia

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