El Hato de la Aurora es todo un paraíso de Fauna

El Hato de la Aurora es todo un paraíso de Fauna

La aventura no es una puesta en escena, se vive la naturaleza viendo venados, iguanas y aves.

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01 de febrero 2012 , 08:01 p.m.

La carta de presentación del hato La Aurora es prodigiosamente simple: "42.000 chigüiros, 2.500 venados, 350 especies de aves, reptiles por montones, todos ellos diseminados en sabanas, bosques, lagunas y caños en estado de inocencia, como el primer día del Génesis". En este punto de Casanare, situado a 4 horas al nororiente de Yopal, he constatado, como caminante por todos los rincones de Colombia, que este es el verdadero paraíso de la fauna silvestre en nuestro país, abierto al alcance de los colombianos respetuosos de la naturaleza.

En este apacible rincón de los Llanos, a orillas del río Ariporo, Armando Barragán, llanero admirable, levantó su hacienda, que hoy tiene dividida en dos propiedades: hato La Aurora y hato Agua Verde, con una superficie de 16.000 hectáreas. Los ha convertido en reservas naturales de la sociedad civil.

En compañía de Diego Mesa y John Bejarano llegué a Yopal, capital del Casanare, y alquilamos un campero que en cuatro horas nos llevó al hato. Nos recibió Nelson Barragán, quien con la ayuda de sus hermanos administra el ecoturismo del lugar.

El hotel se llama Juan Solito y tiene las comodidades adecuadas para esta clase de turismo. En el hato La Aurora los animales se atraviesan en los caminos. Los chigüiros abundan en los esteros, los venados miran desde los matorrales y las babillas se calientan al sol.

En los árboles, y también corriendo por los pastizales, se ven enormes iguanas. En el hato hay numerosos pumas y varios tigres, difíciles de ver.

Las aves, el orgullo de La Aurora, son capítulo especial. Búhos amarillos hacen su nido en tierra y se asoman durante el día al paso de los caminantes. Observadores de pájaros y ornitólogos de Europa y Estados Unidos llegan hasta aquí constantemente. A alguno le oí decir que allí había llegado al clímax de su felicidad sobre el planeta, que ya podía morir.

Tierra de aves

No son necesarios poderosos teleobjetivos para fotografiar la fauna, pero es mejor llevarlos, junto con unos binóculos. No se trata solo de pequeños pájaros difíciles de observar a simple vista. La fauna avícola de gran tamaño es numerosa.

Allí habita uno de los pájaros más grandes del mundo, el garzón soldado, una garza que sobrepasa un metro de altura. Cuando se la ve venir volando, parece una avioneta.

La población de rapaces es variada y va desde la escasísima y hermosa águila negra hasta los esbeltos carracos, pasando por el águila colorada y el águila ganadera. Las garzas son numerosas y cuando vuelan en bandada, hacen florecer el cielo: la garza común, la gris, la espátula y la vistosísima corocora, que es una garza roja de pico largo.

Además, patos de varias especies, incluyendo los migratorios, que tienen en el hato un oasis para veranear, huyendo de los climas gélidos de Canadá.

Es hermoso ver la pareja de patos carreteros, o gansos del Orinoco, paseando sus crías por los esteros. Los negros arucos, provistos de dos espolones en las alas, son más grandes que las gallinas.

Fuimos afortunados, pudimos fotografiar cuatro espectaculares reyes gallinazos posados en el mismo árbol.

Tuvimos la suerte de ver el trabajo de campo con vacunos y potros. Los vaqueros, épicos centauros de los Llanos, recogen los ariscos potros y los van llevando en grupos de 20 a 30 para evitar la desbandada, y los conducen a los establos donde se realizan el rudo trabajo del marcaje, el corte de las crines de cabeza y cola, para evitar la plaga de las garrapatas, y la doma.

El visitante asiste así a una lucha entre el potro que no se deja enlazar ni reducir y el valiente llanero de a pie en el establo. De igual manera se recogen las vacadas dispersas y ya no a pie, sino a caballo, se procede en el establo a enlazarlas para marcarlas.

Los días en el hato se enmarcan entre los luminosos amaneceres y los inolvidables atardeceres en los que el sol se ahoga entre paletadas amarillas, naranjas, rojas, violetas y negras.

Por la noche, Nelson y su padre, Armando, consumados arpistas, deleitan con la música y el canto vernáculos.

Con suerte se goza del espectáculo supremo, tocar y fotografiar una anaconda, la poderosa culebra acuática, de cinco o más metros. Al paraíso es bueno volver. Yo lo he hecho tres veces y vendrán más, las que la vida me conceda.

2.500 venados habitan el hato La Aurora, en Casanare. Allí también hay 42.000 chigüiros y es posible ver  350 especies diferentes de aves.

No olvide:

Repelente de insectos, bloqueador solar, gorro para el sol.

Los medicamentos que cada uno necesite e implementos personales de aseo.

Cámara fotográfica con baterías y tarjetas. Allá se pueden cargar las pilas.

Es necesario estar vacunado contra la malaria, la fiebre amarilla y el tétanos.

Lleve bolsas plásticas e impermeable para proteger las cámaras y las pertenencias en caso de lluvia.

Andres Hurtado García
Especial para El Tiempo

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