Exhibición busca develar el misterio de las plantas carnívoras

Exhibición busca develar el misterio de las plantas carnívoras

Cerca de Bogotá está la muestra que presenta su belleza y vital papel como consumidoras de plagas.

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20 de enero 2012 , 08:22 p.m.

En 1960, Seymour Krelboyne, el empleado de una floristería de Los Ángeles (EE.UU.), terminó sus días devorado por una planta carnívora. Había llegado a sus manos horas después de un eclipse de sol y como un ejemplar exótico que él debía cuidar para salvarse de ser despedido y para que la ruina económica no acabara con su jefe. Al parecer, la planta le exigía tanta comida que Krelboyne habría matado a varios de sus clientes para saciar el hambre voraz de este espécimen floral que bautizó como 'Audrey Junior'. Incluso, dicen que la alimentaba con su propia sangre. Un día, él amaneció muerto entre sus fauces.

Las historias de horror han rodeado por años a las plantas carnívoras. Aunque es justo decir que Krelboyne ha sido la única víctima humana de estos extraordinarios seres biológicos, y solo porque su crimen hace parte del argumento de una película de ficción: La pequeña tienda de los horrores, una de las más famosas de la historia, filmada hace 50 años y que luego se transformó en musical.

Ni asesinas de hombres. Mucho menos sedientas de sangre o agresivas como un tiburón. Hacen parte de esas creaciones del realismo mágico natural que han escogido los lugares más extremos del bosque tropical para abrirse un espacio destacado en la biodiversidad. Parecen haber sido hechas con exceso de razón y pasión, para que todo el mundo les siembre una mirada de curiosidad.

No estaríamos hablando de ellas si muchas no hubieran escogido las selvas colombianas como refugio.

Pero hay otra excusa: ahora pueden verse a menos de una hora de Bogotá, en el Bioparque La Reserva, de Cota (Cundinamarca), donde sus fundadores acaban de montar una exhibición permanente que deshace los mitos y las muestra tal y como son: pequeñas, coloridas, vitales para la vida humana sobre la Tierra. Y sí, asesinas, pero en ocasiones de pequeños ratones, pájaros o renacuajos. Y especialmente de insectos como hormigas, cucarrones, mariposas o zancudos. Todo para controlar plagas y reducir las enfermedades que ellas no pueden transmitir.

Las carnívoras vienen siendo una combinación de animal y planta porque, como cualquiera que se considere miembro activo del reino vegetal, sacan su alimento de la luz del sol y de los pocos minerales del suelo que han escogido para reproducirse (más bien árido y bajo en nitrógeno y carbono). Pero también han desarrollado una habilidad para cazar como la de los reptiles: lenta, pero segura, basada en trampas. Unas transformaron sus hojas en pequeñas garras, similares a los garfios de un cangrejo, que se convierten en cepos que se cierran ante el contacto de una mosca o un cucarrón.

Precisamente la más famosa entre ellas es la llamada Venus atrapamoscas (Dionaea muscipula), originaria de EE. UU. Dentro de cada tentáculo, ella tiene tres pequeños pelos sensitivos que le permiten saber si lo que acaba de posarse en su extremidad vale la pena. Si es así, cierra la trampa, en un movimiento que le quita mucha energía y que, si ejecuta repetidamente o sin justificación, puede matarla. Por eso, ha aprendido con el tiempo a diferenciar si lo que entra a su cepo es alimento o una gota de agua.

Otras clases de carnívoras se han recubierto de sustancias pegajosas, que atraen a los insectos por sus olores perfumados.
Con eso, cualquier invertebrado que se les acerque queda adherido sin remedio a sus tallos y condenado a una muerte lenta.
Y existen las que tienen forma de jarra, cuyos bordes recubren con sustancias deslizantes que hacen que la víctima que se pare allí, resbale y caiga al fondo de esa especie de recipiente, donde la espera una piscina de enzimas que la devorarán en varios días. No hay chance de salir de esa sopa mortal. Hay vellosidades que se lo impedirán. Así lo explica Carlos Moreno, un diseñador gráfico que terminó cultivándolas por casualidad y quien convive con más de 2.000 de ellas en su casa del norte de Bogotá. Una especie de Seymour Krelboyne moderno, que fundó con su hermano la firma Colina Carnívora, dedicada a la investigación y que se sostiene de la venta de ejemplares.

Dice que reproducir una sola de ellas requiere templanza, para tolerar los fracasos, porque lograr su reproducción no es fácil. Moreno afirma que las carnívoras se ven por todo el mundo, desde Madagascar, pasando por Filipinas, Estados Unidos, Centroamérica y Suramérica. En Colombia hay más de 50 especies viviendo en la zona Andina, el Amazonas y los Llanos. La más común es la Utricularia, la planta más rápida por la velocidad de sus capturas. También hay acuáticas o epífitas, que se desarrollan sobre otra planta. Generalmente crecen entre bosques de niebla, aprovechando la humedad. Pero por estar allí, se vuelven vulnerables a la tala, la ampliación de la frontera agrícola y la ganadería. Por eso, muchas desaparecerán sin que hayan sido bautizadas.

"Falta investigación. Hay pocas personas dedicadas a estudiar estas plantas. Pensaría que nosotros somos los que hemos logrado reunir la mayor cantidad de información, esto muchas veces a punta de ensayo y error", explica. Sin embargo, hace poco la revista científica Journal of Experimental Biology publicó un estudio que mostró que las plantas carnívoras podrían salvar vidas humanas al combatir las infecciones transmitidas por aquellos hongos que se adquieren en hospitales, porque poseen un poderoso fungicida que no destruye tejidos sanos.

Hay muchas que no pasan del centímetro y que toca mirar con lupa. Otras alcanzan el metro de altura. Pero sin importar el tamaño, aprécielas sin misterios, porque ninguna lo devorará como 'Audrey Junior' a su cuidador.

JAVIER SILVA HERRERA
Redacción Vida de Hoy

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