La historia completa del robo a Cajanal

La historia completa del robo a Cajanal

El periodista René Pérez la cuenta en su libro 'Un crimen pensional'.

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14 de diciembre 2011 , 07:33 p.m.

Explica cómo se robaron 600.000 millones de pesos de los empleados públicos. Luego de pagar siete años de cárcel, los mismos ladrones desfalcaron de nuevo a la Caja. Apartes.

Quince días antes de firmar la solicitud de allanamientos y registros a la Fiscalía, los cinco detectives del Grupo Anticorrupción DAS-Neiva habían llegado a Bogotá con una misión: hallar una multimillonaria caleta. Durante ese tiempo, mediante labores de inteligencia, lograron acumular suficiente información de que Armando Cabrera Polanco y Jeiner Guilombo Gutiérrez ocultaban los dineros estafados a Cajanal en algunos inmuebles de la capital colombiana, cuyas direcciones ya tenían ubicadas.

Esto no era suficiente para adelantar el rastreo. Debían verificar con documentos oficiales si realmente eran propietarios de esos bienes y de algunas empresas y vehículos en los archivos de la Oficina de Instrumentos Públicos, del Instituto Geográfico Agustín Codazzi, de la Cámara de Comercio de Bogotá y del Servicio Especializado de Tránsito y Transporte.

El resultado fue positivo. Inclusive, les hallaron propiedades en otros sitios del país. A Guilombo Gutiérrez, por ejemplo, una panadería en Bello (Antioquia) y un billar en Neiva (Huila) que en el año 2005 "registró ventas por valor de $2.706'828.761".

Dos horas más tarde, los detectives corrigieron dos direcciones, con la aseveración, bajo la gravedad del juramento, de que "se conoció que Armando Cabrera Polanco está encaletando (en esos lugares) posiblemente documentación y dinero producto de los ilícitos".

En una de las nuevas direcciones se detallaba que se trataba de una casa ubicada en Altos de Iguatemi (Neiva), sin nomenclatura, de dos plantas, color beige, con balcón, piscina a su izquierda y en cuyo frente hay una estatua en forma de ángel. La otra correspondía a una finca a orillas del río Magdalena, que la "utilizan como oficina y sitio de descanso". Se trataba de Villa Yuri, la finca que se convirtió en 'marca' de alto estatus en la capital huilense, porque no solo era para recreo exclusivo de los Cabrera Polanco, sino para gran parte de su clase política y familias de encumbrados apellidos, por cuyos salones, salas de juegos, piscina y caballerizas desfilaron. Los otros lugares para allanar estaban en Bogotá (dos oficinas y un apartamento).

A las 24 horas de recibir el informe del DAS-Neiva, la Fiscalía 12 Unidad Nacional de Anticorrupción Bogotá dispuso los allanamientos. Las evidencias e indicios serios acumulados durante la investigación eran contundentes: entre el 2002 y 2003, Ómar Cabrera Polanco y su pool de abogados tramitaron seis fallos de tutela a nombre de ¡4.200 docentes y ex servidores públicos!, que concluyeron con la condena injustificada (adjetivo de la Fiscalía 12) a Cajanal por 50.000 millones de pesos.

Esta acción fue judicializada por la Fiscalía 216 ante los tribunales de Bogotá y Cundinamarca. Otra tutela, también irregular, fue fallada por un juzgado de Buenaventura a favor de Jeiner Guilombo Gutiérrez, por 14.000 millones de pesos.

Para la Fiscalía 12, conocedora de que los Cabrera Polanco tenían antecedentes penales por defraudaciones a Cajanal en los 80, era evidente que aún persistían "en conjunta dedicación a similares actividades ilícitas", aunque ya no de manera directa, sino contratando abogados y comprando a funcionarios de esa entidad y de juzgados. Esta estructura la manejaban solo dos abogados sin prestigio profesional y un ex vendedor de aceite de motor.

Por eso, fue desconcertante el descubrimiento, en una oficina, de decenas de cheques, vales, letras de cambio, documentos hipotecarios, de compra de bienes inmuebles y de lotes que respaldaban sumas de dinero inaguantables para cualquier calculadora. "Fue como si hubiéramos entrado a la cueva de Alí Ba-Bá, pero con solo tres ladrones", dijo uno de los investigadores.
Estaba localizada en Bogotá ¡a siete cuadras de la Unidad Nacional Anticorrupción!, la agencia estatal que los estaba investigando y la encargada de realizar el allanamiento.

A las 11:15 a.m. del 1° de diciembre del 2006, un día después de que se libraron los registros, los fiscales 12, 2 y 19 de la Unidad Nacional Anticorrupción, el asistente del fiscal II, un representante de la Procuraduría Judicial, seis funcionarios del DAS (un camarógrafo, varios expertos en documentación, un perito en sistemas) y un cerrajero cruzaron la puerta de la oficina 202 del edificio Orión (carrera 12 No. 79-32 de Bogotá). Se trataba de un salón con cinco divisiones modulares de color azul (una grande y cuatro pequeñas), un baño y una habitación muy pequeña con una caja fuerte con clave digital. Solo se encontraba una mujer que se les identificó como la recepcionista y quien manifestó que la oficina era de Jeiner Guilombo Gutiérrez. En segundos, dos hombres se ubicaron en la puerta y otros en sitios internos, desde donde podrían controlar toda el área de la oficina, y de inmediato uno de los fiscales le dijo a la empleada que se comunicara telefónicamente con Guilombo Gutiérrez, vía celular y fijo. Nadie respondió. Esta operación se repitió cada dos minutos hasta las 11:58. Inclusive, utilizaron los celulares de quienes practicaban la diligencia. De esa hora en adelante, se hizo con intervalos de media hora, con resultados igualmente infructuosos. Cinco minutos después de su ingreso, los expertos, uno con cámara de video en mano, comenzaron una minuciosa barrida documental y de otras evidencias sin descartar un solo centímetro de la oficina.

El primer lugar que revisaron fue el módulo grande, el de Gutiérrez, y el último, el de la caja fuerte. Entre ambos registros transcurrieron 12 horas y 45 minutos. En el primero, lo más significativo que encontraron, dentro de un cajón de escritorio, fueron 3 millones de pesos en billetes de 50.000 pesos y tarjetas de presentación personal de Ómar Cabrera Polanco y Jeiner Guilombo, y conjuntamente de Armando Cabrera Polanco y Jeiner Guilombo. En la caja fuerte tampoco hallaron nada aparentemente de vital importancia. Sin embargo, en ambos casos, y cumplidos todos los requerimientos de ley, debieron utilizar al cerrajero. Pero entre uno y otro, el hallazgo de papeles de valor con sumas dignas de un banco suizo los dejaron boquiabiertos. Se necesitaron quince hojas papel oficio para enumerar, en espacio sencillo, los cientos de fólderes y las carpetas con miles de documentos que mostraban a los tres dueños de esa oficina como poseedores de un vasto imperio financiero, con inversiones en tierras, apartamentos, parqueaderos, fincas, empresas de asesoría, agencias de turismo, casas, almacenes de celulares y motos, agencias musicales, clubes nocturnos, etcétera.

Esto no fue lo deslumbrante para la gente de la Fiscalía, del DAS y de la Procuraduría, sino el oceánico dineral que movían en esa oficina con apariencia de sencillo bufete de abogados. Por ejemplo, en caja menor, en una sola quincena, daban vales por más de 150 millones de pesos y las consignaciones y retiros bancarios iban desde los 2 millones de pesos hasta 50, 60, 250 millones de pesos con una frecuencia pasmosa. "Daba la impresión de que allí se había perdido la dimensión del valor del dinero", le comentaría un agente del DAS que participó, al autor de este libro. Plata que en casi su totalidad provenía de las mañosas tutelas a Cajanal, como lo corroboraron los fiscales que actuaron en el procedimiento, fundamentándose en el sinnúmero de copias de acciones jurídicas supuestamente falsas contra la entidad que hallaron en la misma oficina.

Mientras esto sucedía en el norte de Bogotá, en el centro de la ciudad y en Neiva la escena se repetía. Con una variante: no solo la Fiscalía halló documentos comprometedores con la estafa, sino más de 12 mil millones de pesos encaletados, según la Fiscalía, en la oficina 504 del Emerald Trade Center (Av. Jiménez No. 5-43), en el apartamento 502 de la calle 137 No. 11-41 y en casa 25 del número 45-52, calle 8a., de la capital huilense.

En la primera dirección, los detectives tuvieron que emplear sopletes para abrir la caja fuerte, donde, además, encontraron joyas y títulos valores que para las autoridades eran fruto de las actividades ilícitas de estos abogados. Tiempo después, Armando Cabrera Polanco haría una insólita aclaración: "Por los escándalos de la televisión y la prensa (se refería a los dineros decomisados en los rastreos), personas haciéndose pasar por agentes del DAS se robaron la caja fuerte donde guardaba 2.000 millones de pesos".

René Pérez, un veterano periodista

René Pérez fue cronista de EL TIEMPO durante ocho años, y con la primera parte de esta gran investigación, obtuvo del premio Simón Bolívar. Ha sido jefe de redacción de 'Cromos' y 'La República', entre otros medios.

EL TIEMPO

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