Cuatro colombianos hablan de sus mejores vivencias navideñas

Cuatro colombianos hablan de sus mejores vivencias navideñas

La navidad remonta a días felices. Por eso, cuatro personajes hablan de las memorias de las fechas.

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07 de diciembre 2011 , 05:37 p.m.

Tómese un segundo y piense cómo celebraba la Navidad en su infancia. Puede que a su memoria lleguen imágenes de árboles decorados, de calles y caminos iluminados, de gente, de mucha gente moviéndose al ritmo de la música, de juguetes, bicicletas y de suculentos platos colombianos dulces y salados.

¿Qué canciones acompañan sus recuerdos? ¿Cuál fue el mejor regalo que recibió? ¿Qué extraña de esos tiempos? Así como esta es época de alegría, vale la pena rescatar las celebraciones de antaño y compartirlas con quienes más quiere.

Con la intención de convertir esa nostalgia de tiempos pasados en una tradición para compartir -y teniendo en mente que la nostalgia funciona como un eslabón que encadena el pasado con el presente, y es gracias a nuestros recuerdos que somos hoy quienes somos-, les presentamos los relatos de cuatro colombianos de diferentes partes del país, quienes ponen en común sus mejores vivencias navideñas.

Felices recuerdos y feliz navidad.

Liliana Saumet, cantante de Bomba Estéreo

"Mi familia es de Santa Marta y es bastante grande -tengo 10 tíos- y con todos ellos nos reuníamos los 24 de diciembre en casa de mi abuela Toña. Recuerdo que un tío se disfrazaba de Papá Noel y nos entregaba los regalos a las 12. O también, como pasó en otros años, cenaba con esa gran familia en casa de mi abuela, luego regresaba a la mia a dormir y al despertarme encontraba los juguetes.

También recuerdo una tradición muy costeña: los 31 de diciembre siempre ponían la emisora Olímpica Estéreo y con la voz de un locutor, que ha estado toda la vida, hacíamos la cuenta regresiva cuando faltaban 5 pa' las doce. Todo al son de vallenatos y cumbias, músicas muy populares.

Lo que más extraño es que en esa época solo importaba eso, los juguetes, los juegos, la comida. No pensaba en trabajo, en la pareja ni en los problemas. Uno era niño y tenía esa inocencia que le causaba mucha emoción y lo hacía sorprenderse con todo.

Ahora vivo en Córdoba (Argentina) y esta es la primera Navidad que paso fuera de Colombia. Me gustaría hacer una cena y pasarla en familia. Y de pronto sintonizar Olímpica Estéreo".

Luis Fernando López, atleta marchista ganador de medalla de bronce

"Yo crecí en Pasto. Vengo de una familia católica y en mi casa no podía faltar el árbol de Navidad. Rezábamos las novenas en el barrio y la noche del 24 nos reuníamos en la casa de mi abuela materna. De lo que recuerdo, siempre comíamos las empanadas de masa añeja que hacía mi bisabuela -nunca encontré una olla sin empanadas- y tomábamos champús hasta la medianoche, esperando que fuera Navidad.

En Nariño hay una emisora que pone villancicos desde principios de noviembre y mi papá se levantaba a las 6 de la mañana a sintonizarla y, claro, sonaban canciones tradicionales. La que más recuerdo es la que dice: 'Mamá, ¿dónde están los juguetes?' Sí, es muy triste, pero yo veía a mi tía y se le aguaban los ojos. Eso me impactaba.

El mejor recuerdo que tengo es del 25 de diciembre, cuando jugaba con mis primos en el parque y en la calle y nos mostrábamos los regalos que nos había traído el Niño Dios. Eso es lo que me produce más nostalgia, extraño reunirme con mis primos. Hay unos que se adelantaron a lo que a todos nos toca, ya murieron. Ellos fueron personas con las que me crié y disfruté de una niñez sana, tranquila y con mucho juego.

Siempre tuve juguetes de baterías y lo curioso es que jugaba un rato, pero el resto del año me los guardaban en una repisa para que no los dañara. Me gustaba mucho un vestido de arquero, con rodilleras, guantes, coderas, y mi tío, mi iniciador deportivo, recuerda que yo mantenía en la calle así. Ese es el regalo que más recuerdo de mi padre".

Carolina Cuervo, escritora y actriz

"Por lo general pasábamos la Navidad en familia. Soy hija de padres separados, por lo tanto me turnaba de hogar. Mi familia paterna está conformada por once hermanos, así que estuve rodeada de mucha gente, muchas risas y muchos regalos -la repartida era eterna-. En casa de mi madre éramos menos, pero siempre reinaba el buen humor.

La comida siempre ha sido protagonista en las navidades, es lo que más disfrutamos hacer como familia. Y el día siguiente, al almuerzo, nos reunimos de nuevo para acabar con lo que quedó. De niños, los regalos eran esperados, claro, pero me acuerdo que esperaba aún más el momento en que mi papá echaba globos y podíamos quemar Chispitas Mariposa.

Mis juguetes preferidos eran la Barbie azafata y mi muñeca Repolla de pelo rosado. Jugaba mucho con mi prima Cecilia Navia. También los juegos de mesa me fascinaban -a mi madre también le encantan- y yo siempre pedía alguno.

Me gustaría mucho volver a echar globos, sería increíble. Cuando los lanzábamos, era un momento de comunión: todos estaban pendientes de una misma cosa y ayudaban, rezaban, soplaban... Todo giraba en torno a un mismo evento. Y yo sentía que mi papá era un héroe. Y entiendo que por seguridad ya no se debe hacer nada de esto, pero lo extraño".

Fernando 'El flaco' Solórzano.  Actor

"Tengo muchos y afortunados recuerdos de la Navidad. Pasé mi infancia en Cali en los años 60. Esa era una Cali maravillosa, muy diferente a la de ahora, que se iluminaba por todas partes, y como niño me impactaba esa ciudad iluminada, muy especial.

Mi familia era numerosa. Para el 24 y el 31 nos encontrábamos, pero siempre intercambiábamos los lugares: una vez con mi familia materna, otras con mi familia paterna.

Lo que más recuerdo es un rito que creó mi abuela. Nos reuníamos en la sala mientras ella se escondía en el patio. De un momento a otro cogía todas las ollas y hacía una bulla tremenda. Todos quedábamos electrizados, sobre todo los niños. Ella llegaba corriendo y decía: "¡Llegó el Niño Dios, llegó el Niño Dios!" Cuando eso pasaba, la fiesta paraba y los adultos preguntaban qué había pasado, para armar esa magia navideña. Los más pequeños salíamos corriendo y encontrábamos en el patio todos los regalos, pensando que el Niño Dios los había dejado. Siempre fue así, hasta el año pasado que ella murió, pero mis hijos lograron vivir esta tradición.

Por estos días extraño esa familia grande que tenía en esa época. Éramos muchos primos, muchos tíos, pero a través del tiempo la familia se separó, y añoro esa sensación de estar con todos. Hoy somos máximo ocho personas. Es cierto que ahora no podemos tener esa hermandad, pero sí hacer una especie de pacto para que en algún momento del año nos reunamos para disfrutar.

Redacción Carrusel

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