El drama que se veía venir

El drama que se veía venir

Colbert García recrea una situación dramática sobrellevada por jóvenes e inocentes víctimas.

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30 de noviembre 2011 , 07:55 p.m.
Llamada Falsos positivos en sus etapas previas de guion y producción, su rodaje se llevó a cabo en Ciudad Bolívar -entre Soacha y Altos de Cazucá-. El Paraíso, otro de los barrios empinados y polvorientos de las colinas suroccidentales de la capital colombiana, lleva un nombre que resulta una paradoja por cuanto allí cunden el desempleo, la informalidad y los peligros latentes en medio de paisajes urbanos ciertamente deprimidos. El obstinado documentalista Colbert García recrea una situación dramática sobrellevada por jóvenes e inocentes víctimas, quienes alternan con victimarios envueltos en sucias actividades que terminan generando un verdadero infierno.

He aquí uno de los protagonistas más 'camelladores' y sufridos de nuestra pantalla. En efecto, Ronald -veinteañero- recorre sus accidentadas callejuelas en un triciclo alto provisto de un megáfono para publicitar los negocios del sector y anunciar sus lúdicas actividades. Sustento económico de su empobrecida familia, sortea amenazas de ilegales y chanzas pesadas que ponen en vilo sus iniciativas de rebusque. Brota, pues, una forzada historia de amor, con el afán de entregar su corazón y dar rienda suelta a un espíritu aventurero. Personajes secundarios, en torno suyo, tratados con sentido humano e integridad; más una brillante o contrastada fotografía digital.

Si lo inevitable parece desatarse, sin apresuramientos ni lugares comunes, la tragedia se cierne sobre estas criaturas que abandonan sus sueños y se internan en vericuetos de siniestras acciones 'parajusticieras'. Los testimonios de madres afectadas por semejantes capítulos de ignominia, cercanos a cifras superiores a las mil víctimas, dejan en el espectador contundentes revelaciones que enlodan el honor de una institución. Lástima, pero la certera dirección de actores natos se ve deslucida por un 'protagonista de novela' con mala expresividad.

Una vez más... las ficciones bogotanas están marcadas por la insidia, el odio y las mortificaciones. Desde Pasado el meridiano (Arzuaga, 1966) y Pisingaña (Pinzón, 1986), a La estrategia del caracol (Cabrera, 93) y La gente de la Universal (Aljure, 94). Le siguen títulos aterradores: Soplo de vida, Perder es cuestión de método, Esto huele mal, el pasado asesino de La sombra del caminante, los sentimientos autodestructivos en Satanás y el universo de las alcantarillas, en La sociedad del semáforo -por sólo mencionar diez de las más específicas películas de este subgénero local-.

laurens@etb.net.co

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