Editorial: Semillas de esperanza

Editorial: Semillas de esperanza

27 de noviembre 2011 , 07:51 p. m.

En esta Colombia, que vive entre la tragedia y la esperanza, sus gentes laboriosas suelen dar muestras de coraje y decisión, de no doblegarse frente a evidentes dificultades. Lo vienen haciendo las comunidades de 12 municipios del sur del César, quienes el pasado 13 de noviembre navegaron en piraguas la ciénaga de Zapatosa, con danzas y música, frutos y semillas, para dirigirse, finalmente, al corregimiento de Saloa (Chimichagua). No a sus "playas de amor", como cantó el inolvidable banqueño José Barros, sino a un centro educativo para formalizar lo que es el Sello Campesino.

Aquello parecía una fiesta colorida. Lo era en parte, pero sobre todo fue la siembra de semillas, que es fe en un mejor futuro, además de una denuncia de la difícil situación agrícola y alimenticia que viven más de 200.000 personas de esa región. Se trataba de cultivar, a mil manos, en el vivero del colegio, especies locales que durante años nutrieron a varias generaciones, pero que hoy se están extinguiendo. Y, por ende, es la inclemente pobreza la que ha sembrado allí sus reales.

Además de preocupante, es incomprensible que el fríjol, el maíz, la batata, el limón, el coco, la yuca mona blanca, la naranja, el mango, entre otros, no se recojan ya suficientemente en tan fértiles y cálidas tierras. Y para mayor vergüenza que, según un estudio del Observatorio de la Universidad Nacional, 17.400 familias locales padezcan hambre oculta (o sea déficit de vitaminas y minerales), y otras 10.400 sufran hambre crónica, como lo registró un amplio informe de este diario el pasado sábado. Muchos de estos productos de pancoger escasean, se extinguen. Increíble.

Por eso, el lanzamiento del Sello Campesino cobra tanto significado. Y los custodios de las semillas y la comunidad en general de emblemáticas poblaciones, como Aguachica, Astrea, Chimichagua, Gamarra, González, Pailitas, La Gloria, Pelaya, San Alberto, Río de Oro, San Martín o Tamalameque, han plantado un punto de partida muy importante para su recuperación. Lo que debe crecer allí es la solidaridad local y regional. Además de ser un ejemplo nacional, pues en otras regiones, ya sea porque la tierra ha perdido sus nutrientes, por falta de tecnificación o de apoyo estatal, la situación no es mucho mejor. Y Colombia no se puede dar ese lujo.

editorial@eltiempo.com.co

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