Caminante, no hay camino

Caminante, no hay camino

26 de noviembre 2011 , 05:37 p. m.

"Caminante, no hay camino, se hace camino al andar". Este poema de Machado, popularizado por Serrat, puede ser una buena guía para aventureros. Pero no lo es para las autoridades del ramo. Hacer caminos al andar, sin estudios previos ni buena estructuración de proyectos y sin licitaciones transparentes, caracterizó por igual a la administración Moreno en Bogotá y al inefable ministro Andrés Uriel. Los atrasos, el desperdicio de recursos y la corrupción están a la vista de todos los ciudadanos.

Por eso, en buena hora, el ministro Cardona está procediendo como se ha debido hacer siempre: no licita ideas sino proyectos bien estudiados y no hace licitaciones amarradas sino abiertas. Proceder así, sin embargo, toma más tiempo y ha comenzado a cundir la impaciencia entre algunos constructores y analistas. Aun cuando está bien que se exija que el Ministerio dedique más esfuerzo a gestionar y arreglar los entuertos que dejó contratados su antecesor, no se le debe pedir que se lance de nuevo a contratar a la topa tolondra. Por el contrario, lo que hay que buscar es que las políticas actuales se consoliden e institucionalicen para que nunca vuelva a suceder lo que ocurrió en la última década en el país y en Bogotá.

En el excelente congreso realizado la semana pasada por la Cámara de Infraestructura se escucharon estas dos posiciones. La Cámara jugó un papel crucial en este viraje de políticas. Criticó con ahínco y fundamento la suspensión de las concesiones de carreteras nacionales, que resultan indispensables para mejorar la competitividad del país, por parte de la primera administración Uribe. Esta prefirió concentrarse en lo que el ex presidente llamó, no sin cierta gracia, las "carreteritas de la gobernabilidad". Con ello se refería al Plan 2500, con el que el Gobierno Nacional pretendió sustituir una tarea que es responsabilidad de los departamentos, aduciendo que estos no cumplían bien su función, y acabó haciéndolo aun peor de lo que aquellos lo hacían.

Cuando la presión de la opinión pública se hizo insoportable, el ministro Andrés Uriel se lanzó a contratar a destajo sin estudios, y con frecuencia sin licitaciones, negociando directamente con concesionarios existentes la realización de nuevas obras, pervirtiendo así como nunca los objetivos del sistema nacional de concesiones. La Cámara denuncio con igual brío este manejo irresponsable. Propuso un fortalecimiento de la institucionalidad del sector, para sustituir al Inco, dedicado por entonces al clientelismo rampante (con lo que varios de sus directores terminaron presos o bajo indagatoria), por una Agencia Nacional de Infraestructura hecha a semejanza de la exitosa Agencia Nacional de Hidrocarburos y fortaleciendo la Superintendencia del Transporte. La voz de la agremiación no fue escuchada por el gobierno Uribe, pero sí por la administración Santos, que está haciendo lo que aquella pedía.

Por eso, pienso que el gremio y los constructores serios deben estar de plácemes y apoyar lo que se está haciendo, en lugar de desesperarse por la inevitable "lentitud" del nuevo arranque. Como dicen en mi tierra, no por mucho madrugar amanece más temprano. Sería importante que participen activamente en la discusión de la nueva institucionalidad: la Agencia Nacional de Infraestructura y el proyecto de ley para las asociaciones público-privadas en estas materias. Pero, al mismo tiempo, creo que el Ministro debe tomar muy en serio el descontento existente con la gestión de las obras iniciadas por la administración anterior, pues de no hacerlo los vientos de protesta en cierne pueden convertirse en un huracán que acabe echando por la borda sus buenas intenciones.

P. S. Preocupa que el alcalde electo de Bogotá insista en variar el diseño de la primera línea del metro recomendada por los estudios existentes. Parece otro ejemplo de hacer camino al andar.

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