Amarillo, rojo o negro

Amarillo, rojo o negro

12 de noviembre 2011 , 06:01 p. m.

Mi sobrino es técnico en urgencias médicas por afición, y cuando a él y a sus amigos les toca ayudar en un accidente múltiple y hay pocas ambulancias, aplican el procedimiento Triage, que consiste en clasificar a las personas por colores: verde, amarillo, rojo y negro. Los amarillos son los heridos que requieran auxilio médico de inmediato, se les debe atender y trasladar a un hospital lo antes posible. De color rojo están los extremadamente graves, lamentablemente a estos se les deja al final para dar oportunidad a los amarillos, que tienen más posibilidades de salvarse. El rescate comienza por los jóvenes y se deja al final a los viejos. ¿Y el verde y el negro? De verde van los aporreados y de negro, los muertos.

La existencia es un talento expuesto de modo permanente y para el cual no existe seguro de vida, pues el dinero lo cobran los vivos, no los difuntos. Este domingo el Evangelio nos recuerda que hemos recibido un talento que debemos poner a producir sin dilación. No sabemos cuándo se termina el contrato y debemos estar listos para rendir cuentas.

"Un rey salió de viaje a tierras lejanas y llamó a cada uno de sus servidores para confiarles la administración de sus bienes. A uno le dejó cinco talentos, a otro dos y al tercero sólo uno" (Mt. 25,14). Está claro que la distribución es dispareja desde el inicio, por eso no debemos extrañarnos de que la vida sea un amasijo de incoherencias y contradicciones. La responsabilidad está inscrita en la naturaleza humana desde el primer momento de la creación. Está el sensato que pone a rendir de inmediato sus talentos, y no falta el flojo que los esconde bajo tierra.

La característica de los talentos es que producen fruto en la medida en que los entregamos, no están hechos para ser almacenados. La naturaleza misma nos lo enseña en la flora o en la fauna. Pongamos por ejemplo las señoriales bromelias: cuando le nacen los hijos, la flor muere y se marchita. O en los animales: cuando el coyote descubre la guarida de los conejos, si hay crías, el macho huye a toda velocidad para alejarlo de la prole hasta caer rendido entre los colmillos del enemigo.

Los talentos que Dios nos ha dado hay que hacerlos producir. Hay quienes necesitan 'comprensión' y piden su limosna a nuestro bien pensar. Otros necesitan alimentar su empobrecida fama y piden unas migajas de 'reconocimiento'. Hay quien espera el 'perdón' y reclaman a gritos la reconciliación. El sentido de la vida está en amar más. No dar de lo que nos sobra, sino de lo que hace falta.

twitter.com/jmotaolaurruchi

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