Un pedacito de Europa enclavado en Norteamérica

Un pedacito de Europa enclavado en Norteamérica

Calles como las de París, museos, restaurantes e iglesias son un deleite en Canadá.

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09 de noviembre 2011 , 07:37 p. m.

Es un pedacito encantador, cargado de cultura y de historia. Es romántico, antiguo y moderno al mismo tiempo. La provincia de Quebec, en Canadá, no es, para nosotros, el típico destino turístico en el que se piensa cuando se planean las vacaciones. Pero bien merecería serlo.

Cuna de la civilización francesa en este lado del mundo, es un regalo para los ojos. La arquitectura de dos de sus ciudades más importantes (Montreal y Quebec) enamora a primera vista y todavía quedan sus enormes espacios verdes, sus museos, sus avenidas y calles estrechas, sus restaurantes, sus espacios deportivos.

En Montreal y en Quebec los planes van desde comerse una langosta o un salmón de primera categoría hasta esquiar, pasando por hacer paseos en barco o en bicicleta, visitar iglesias, subir a lo más alto de un rascacielos o montar en funicular para conocer fortificaciones y edificios que tienen varios siglos de antigüedad.

Seamos sinceros. Hay lugares a los que se viaja una vez y no se vuelve. Uno se divierte, come bien, tal vez conoce lugares distintos, pero no vuelve. Cuando uno va a Canadá, la cosa es diferente.

Yo no terminaba de acomodarme en el avión que me llevaba a casa, de regreso, cuando empecé a pensar con quién me gustaría volver a ciudades como Montreal y Quebec, y en qué época del año.

El primer encanto que tiene la provincia de Quebec, la más grande de Canadá, es que se trata de un enclave francófono en plena América del Norte, con todas las consecuencias que eso tiene en cuanto a cultura, idioma, historia, arquitectura y hasta formas de ver la vida. Esa sola característica la hace única, diferente. Montreal y Quebec son sus ciudades más conocidas. La primera puede ser la ciudad más europea de todo el continente americano. La segunda es una continua invitación al romance.

Montreal -no se extrañe si nota que sus habitantes no pronuncian la letra T cuando se refieren a ella- es sinónimo de calidad de vida. Es una ciudad que se deja caminar a cualquier hora, moderna y acogedora. Y, a pesar de ser metrópoli, no abruma.

Allí hay muchos planes posibles. Uno es perderse por el centro, entrar a la basílica de Notre-Dame (de estilo neogótico), pasear por el mercado Bonsecours y por la plaza Jacques-Cartier y comer ahí, en cualquiera de sus restaurantes típicos franceses.

Otro plan es ir al monte que bautiza a la ciudad (el famoso Mont Royal) y visitar el Oratorio de San José, la iglesia más grande de Canadá y cuya cúpula es la segunda más grande de su tipo en el mundo, después de la basílica de San Pedro, en el Vaticano.

También resulta interesante ir al Viejo Puerto, pegado al río San Lorenzo, subirse a un barco para ver la ciudad desde otro punto y entrar al Centro de Ciencias de Montreal (en el que se inspiró nuestro Maloka). Está la opción de ir al Estadio Olímpico, construido para los Juegos de 1976, con la torre inclinada más alta del mundo (su ángulo es de 45 grados y se eleva 175 metros desde el suelo) y donde hoy funcionan el Biodomo y un enorme jardín botánico. O se puede dar una vuelta por las islas y el circuito Gilles Villeneuve (hoy usado para el Gran Premio de F1).

Después de París, Montreal es la ciudad francófona más poblada del mundo. Lo bueno es que ni siquiera en invierno visitarla resulta un problema, porque tiene una ciudad subterránea de casi 30 kilómetros con todo menos vivienda (hay cines, bancos, restaurantes, bares, etcétera).

'Je me souviens'

No temo a equivocarme: Quebec es una de las ciudades más románticas que conozco. Y esto tiene todo que ver, me parece, también, con la frase con la que se le conoce: 'Je me souviens', que en francés significa 'yo me acuerdo'.

Esas palabras, presentes en las placas de todos los vehículos de la ciudad y hasta en los imanes que uno compra para la nevera, resumen lo que esta ciudad le deja a uno por dentro. Un montón de recuerdos que emocionan.

Quebec es la única ciudad amurallada que queda en América del Norte. Es pequeña, sencilla. Con casi 600.000 habitantes, exhala historia por todas partes. La puerta de Saint-Louis, por ejemplo, de inmediato lo transporta a uno al Medioevo. Y en uno de sus parques (Plaines d'Abraham) se libró una de las batallas más importantes de la historia de Norteamérica, entre los ejércitos de Francia y de Inglaterra, en 1759.

En Quebec vale la pena pasar al menos una noche para recorrer sin afán la parte alta, que es la británica, y conocer el famoso Château Frontenac, una joya que con frecuencia se ve en varias revistas. El castillo, imponente, es el símbolo de la ciudad y ahora es un hotel de lujo.

Trate de quedarse, porque así puede dedicarle otro día a la zona francesa, la parte baja de la ciudad y a la que se puede llegar caminando, aunque algunos prefieren coger un funicular que solo 28 escalones más abajo se detiene en una de las calles con más encanto que existen (Petit-Champlain, se llama).

Allí, en esa especie de París pequeña, ninguna calle está a nivel o en ángulo recto; cada una, empinada, se entrecruza con una plaza, con un parque, con otra calle. ¿Cómo no dejarse hechizar por la magia de una ciudad como esta?

Sitios para alojarse y algunos platos para no perderse

En Montreal, dos buenas opciones de alojamiento son los hoteles Delta Centre-Ville (www.deltahotels.com) y Marriot Château Champlain (www.montrealmarriottchateauchamplain.com).  La gastronomía de la provincia de Quebec es una deliciosa mezcla de la cocina de mar y la francesa, entre otras. Un plato típico de Montreal es la 'poutine': papas recubiertas de queso y una salsa de carne, caliente. Las variaciones cambian la salsa de carne por pollo, tocineta, champiñones y salchicha. El Cirque du Soleil se presenta en Quebec -su lugar de origen- entre enero y febrero y entre junio y septiembre.

Si usted va, datos para tener en cuenta 

Los colombianos necesitamos visa para viajar a Canadá.

Para facilitar todo el trámite, el 19 de agosto pasado se abrió en Bogotá el Centro de Solicitud de Visas (VAC, por su sigla en inglés), autorizado por el Gobierno canadiense para recibir la solicitud personalmente o por correo y enviarla directamente a la oficina de visas de la Embajada de Canadá en Bogotá.

El VAC, además, verifica que usted cumpla con todos los requisitos y lleve todos los documentos.

Informes: http://csc-cvac.com

Air Canada es la única aerolínea que viaja directo a Canadá, con un vuelo Bogotá-Toronto todos los martes, jueves y sábados, a las 11:55 de la noche. A partir del 28 de noviembre, tendrá una frecuencia adicional los lunes y, desde el 18 de diciembre, un vuelo más los domingos, hasta finales de marzo del 2012. La tarifa va desde los 555 dólares, sin impuestos.

LAILA ABU SHIHAB
Enviada especial de EL TIEMPO*
* Invitación de Air Canada

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